MADRID (SERVIMEDIA). La reciente retirada del FC Barcelona del proyecto de la Superliga ha supuesto un punto de inflexión en la involución de un proyecto que, desde su presentación hace cinco años, ha ido perdiendo paulatinamente los pocos apoyos con los que contaba entre los principales actores del fútbol europeo. La salida del club azulgrana, que se suma a la renuncia previa de la Juventus en 2023 -el anterior club en retirarse-, deja el plan reducido a un único impulsor, el Real Madrid, en un momento en el que el resto del ecosistema continental mantiene una posición de rechazo ante esta iniciativa.
El origen del actual escenario se remonta a abril de 2021, cuando Florentino Pérez anunció la creación de la Superliga, en la que participarían doce clubes, como alternativa a las competiciones de la UEFA. El proyecto obtuvo desde el primer momento una respuesta muy crítica por parte de las instituciones europeas, ligas nacionales, gobiernos y miles de aficionados que salieron a las calles a demostrar su posición. No obstante, la mayoría de los clubes fundadores se retiraron del proyecto a las pocas horas de su anuncio.
A pesar de ello, A22 Sports Management, promotora de la competición, relanzó la iniciativa en octubre de 2022 argumentando la necesidad de reformular el modelo económico del fútbol europeo. Y en diciembre de 2024, A22 presentó una nueva versión bajo el nombre Liga Unify, introduciendo un sistema de clasificación ligado al rendimiento doméstico y una plataforma de emisión gratuita con publicidad.
Sin embargo, los cambios no consiguieron revertir el escepticismo generalizado entre organismos europeos y ligas nacionales, que seguían considerando que la iniciativa no aclaraba su repercusión ni la falta de claridad del proyecto en los calendarios, el impacto en el equilibrio competitivo de las ligas domésticas ni la sostenibilidad del sistema en su conjunto, trayendo además más confusión en la opinión pública por la inestabilidad de los distintos formatos propuestos.
Cabe destacar que, entre 2023 y 2025, varias resoluciones judiciales cuestionaron los mecanismos regulatorios de UEFA y FIFA, aunque ninguna de ellas produjo entonces un respaldo sostenido a la propuesta de la Superliga, puesto que simplemente autorizaba la posibilidad de instaurar competiciones alternativas, con lo que tampoco modificó la posición crítica de las principales ligas del continente.
En este contexto, la Comisión Europea defendió entonces un modelo deportivo basado en la inclusión y en la protección del equilibrio competitivo dentro del ecosistema deportivo europeo. Asimismo, la Premier League y la Federación Inglesa se opusieron frontalmente a cualquier competición cerrada. Este rechazo se consolidó con la aprobación en julio de 2025 de la Football Governance Act, una ley del Gobierno británico que establece un regulador independiente y prohíbe a los clubes ingleses unirse a competiciones cerradas o ligas independientes, una medida adoptada explícitamente para blindar el ecosistema del fútbol inglés frente a iniciativas como la Superliga.
Así, la reciente retirada del Barça consolida una tendencia que ha ido reduciendo el proyecto a un ámbito meramente testimonial. La combinación de renuncias de clubes fundadores, el rechazo sostenido de instituciones europeas y ligas nacionales, y la falta de un consenso deportivo amplio deja la Superliga en una fase crítica.
Laliga
En paralelo a este escenario de pérdida de apoyos, LALIGA ha insistido en que una competición separatista alteraría varios elementos estructurales del fútbol europeo. La organización presidida por Javier Tebas ha advertido que un torneo paralelo añadiría más presión a un calendario ya muy exigido, comprometiendo el desarrollo de las ligas nacionales, y podría generar turbulencias en el mercado audiovisual, un elemento clave por su peso en la financiación de los clubes y en la estabilidad de las competiciones domésticas. LALIGA también ha señalado que la rápida sucesión de distintas versiones del proyecto refleja la ausencia de una arquitectura clara, un factor que, en su visión, introduciría incertidumbre en un sector que depende de reglas estables para mantener su equilibrio competitivo.
Este conjunto de elementos conecta directamente con el contexto económico del fútbol en España, donde la dimensión real del sector permite entender mejor las implicaciones que tendría la irrupción de un modelo paralelo al actual. El informe “Impacto socioeconómico del fútbol profesional en España”, elaborado por KPMG, cifra en 18.350 millones de euros la contribución del fútbol profesional al país, equivalente al 1,44% del PIB, y estima que el sector genera 194.381 empleos y 8.390 millones de euros en recaudación fiscal. Estos datos reflejan la magnitud del ecosistema que se habría visto afectado por la implantación de una competición paralela que pudiera alterar la estructura actual del mercado futbolístico nacional.