TEJER Y DESTEJER / OPINIÓN

Viendo visiones 

24/09/2018 - 

“Ver visiones” es uno de los modismos que más me gustan de esta lengua. Primero, porque es una construcción, aunque redundante, muy poética. Segundo, por su contenido en latencias fantásticas: uno tiene visiones, pero… ¿ver visones? ¿Quién es el dueño de estas misteriosas visiones que uno ve? Y tercero y principal, porque vivimos en un país en el que vemos visiones continuamente. Forman parte de nuestro ADN, florecieron como nunca en el franquismo y ahora campan por doquier. Aquí no se libra nadie de ver visiones o de hacérselas ver a los demás, aunque muchos preferiríamos sueños productivos realizados civilizadamente.

A veces vemos más visiones de las habituales. Los visionarios dudamos entonces de si las fantasmagorías son miasmas de la realidad o hay algo perverso detrás del teatrillo. Vengo a decir esto porque las últimas semanas han sido ricas en entelequias absurdas y ridículas, un alocado delirio de lucha libre en lo político y de disparates mediáticos. Asistimos a una guerra de másteres, tesis, tesinas, trabajos de curso, calificaciones voladoras, firmas falsas, plagios reales o supuestos y un sinfín de avatares grotescos. ¡El colmo han sido las peticiones de comparecencia del Presidente del Gobierno para que explique en el Parlamento o en el Senado su Tesis Doctoral, que fue leída con todas las de la ley ante un tribunal académico! Esto es carcajearse de los ciudadanos. Tal rancho grasiento, pastoso y atosigante, es cocinado por sujetos incapaces de hacer la o con un canuto, pero que se atreven a perorar sobre lo que es una nota al pie o una bibliografía. Al principio resulta divertido, pero enseguida irrita. Limpien la enseñanza de corruptelas y dejen en paz lo académico y lo científico, si no saben leer ni escribir.

La Universidad pública española tiene tantos problemas como la de Islandia, por poner un ejemplo cercano, pero ¿se merece esto? ¿Tiene que ser salpicada por el lodo de la corrupción, instalada mayormente a mano derecha? Una corrupción nada visionaria, por cierto, aferrada a la piel de toro como una garrapata que succiona sin parar. ¿Se podrá aguantar mucho tiempo este corrimiento de cortinas y telones, estas nubes de humo de atrezo, este estar pendientes de fantasmagorías de los medios, de los políticos de la derecha patriótica y hasta de mi peluquero? ¡Pardiez, ¿qué democracia es ésta?! ¿Qué nación de naciones estamos construyendo, si no hacemos más que producir delirios para tapar los males y echar a volar fantasmas para crear espejismos?

Ver visiones es entretenido en una sala oscura o en una pantalla de plasma. No toquemos las realidades o los sueños si no es para mejorarlos, y por las vías legítimas. Dejen a la Universidad pública con su misión civilizadora y creadora de profesionales, y a la privada con su negocio, pero no arrastren por el fango la construcción del saber ni jueguen con el futuro de los jóvenes. La Universidad es de todos, no de los partidos ni de los forajidos que están en la política para medrar. Bastante desgracia tiene el Alma máter con haber heredado las lacras que le son propias y tener que lidiar con ellas día a día conforme a su capacidad de autogobierno. Dejen tirios y troyanos de marearnos con gansadas, no utilicen a las Cámaras para destripar Tesis Doctorales por interés electoralista. Trabajen en los problemas reales, y sobre todo soluciónenlos, que para eso cobran y no para apedrearse con excrementos como los gorilas en la niebla.

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