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Vinos portugueses

Vinhosas mezcolanzas y un gallo graciñoso

No solo de oportos y madeiras vive y bebe el país luso

Por | 23/11/2018 | 5 min, 24 seg

VALÈNCIA. Hoy los musos (que no los muslos) se esconden detrás de un fado (que no una falda). Tan cerca que besan, tan lejos que lloran. En esa tierra que se sabe graciñosa vecina de breves momentos y furtivas miradas entre toallas, azulejos y un solo gallo. Y nos encanta, eh, pero Portugal es mucho más. Es cultura y memoria, ni mejor ni peor, ni verdad ni mentira. Es verse bien en el correteo de cada día por sus callejas y paisajes. 

Es luz estupendísima reflejada en cada copa. En cada copa de vino, claro, del vino más hedonista, el portugués.

Y es que no sólo de oportos y madeiras vive y bebe el país luso. El de paisajes de abruptos terrenos que van del granito a la pizarra, de arcillas, calizas y arenas. Y de esquisto, mira que listo. Con viñedos de variadas variedades del pálido color de alvariño, arinto, loureiro o bical; y del rojo oscuro de la touriga nacional, la aragonés, la baga o la trincadeira. Uvas que aquí se suelen mezclar como manda la tradición y es que en la variedad está el gusto, el más y variopinto. El de mestizajes y mescolanzas de divertidas andanzas, aunque los nuevos tiempos también han hecho hueco a los monovarietales, vale. Desde el norte del vinho verde al sur del Alentejo en un rústico camino que respeta lo que da la tierra evitando atuendos innecesarios. Un recorrido que haremos sin orden ni concierto, pero casi siempre con acierto, porque mira que están ricos, y encima a muy buen precio.

  • Vamos con un puñao de blancos y como hay que empezar por algún lado partimos del centro, de la zona de Bairrada, con el Vadio Blanco 2016 (Luís Patrão). Uvas cercial y bical que se muestran cerraditas y campestres para irse explayando en un paseo entre frutales. Cogemos un pomelino y se nos clava neomanuelino. Y nos gusta, mucho, con unas almejas a la sartén.
  • Sin irnos muy lejos, en otra de las regiones vinosas del lugar, Dão, nos topamos con el Quinta dos Roques Bical 2015 (Quinta dos Roques). Elaborado tan sólo con bical no necesita más para convencer porque es majete. Acidez melosona y hierbecillas curiosas se abren paso para invitar a algo picoso, una francesinha con bien de salsa y un huevo frito de corona.
  • Con cítrico vulcanismo nos sorprende el Azores Wine Company Verdelho O Original 2017 (Azores Wine Company). Joyita entre austeridad y disloque que promete maravillas con los años. Mineralidad con piedros mil que nos bebemos del tirón junto a un arroz caldoso de marisco.
  • Desde el Douro llega el Kopke 2017 (Kopke). Mezcla de arinto, gouveio y rabigato que asombra de aromáticos y flores blanquitas. Desde el muy voluptuoso va avanzando en seriedad y se vuelve menos bailón. Así nos da un respiro y aprovechamos para meter mano a una cataplana de muchos peces sorpresa con un puntito de guindilla.
  • La Casa Santa Eulália Alvarinho Superior 2016 (Quinta Santa Eulália) nos acoge en su pajar entre limoncillos y sencillez. Agradables y livianas corrientes que valen lo que valen y son un regalo. Con lo que nos ahorramos nos damos el capricho y pedimos un bogavante a la parrilla. Tan ricamente y otro vinho, por favor.
  • Antes de cambiar de colores nos servimos una copa de Quinta Das Bágeiras 2015 (Quinta Das Bágeiras). Uvas Maria-Gomes, bical y cercial que se conjugan en herbáceos que fluyen con ricura. Intensidad sin cansancio y nos ponemos un poco más para acompañar unas sardinas asadas. De las gordas y que no falten.
  • Saltamos a los tintos con Casa Ferreirinha Callabriga red 2015 (Casa Ferreirinha). Desde el Douro y de tinta roriz, touriga nacional y touriga franca, es superfruta rojinegra, con tanino de cucamonas y brisa. Brisa bien frescales, la del “fresqueo definitivo”, Colectivo. El equilibrio más de beber junto a un bacalao… à brás, venga, que cae una estrella.
  • El Meandro Tinto 2016 (Quinta do Vale Meão) se presenta en plan seriote aunque sabe que es locura de touriga nacional, touriga franca, tinta roriz, sousão, tinta barroca y tinto cão. A pesar de su aspecto estirado se muestra amable y enseguida se integra en el grupo, guapo. Aunque es goloso de regalices y chocolates, se sirve un buen pato de feijoada y, ale, a darle a la cuchara, que me río de janeiro.
  • El Douro Etiqueta Roja 2012 (Anselmo Mendes) es acervo y miscelánea y así lo cuentan sus uvas: alvarelhao, rufete, tinta carvalha, tinta de barca, tinta francisca, alicante bouschet y alguna más, que aquí no falta de nada. Subimos al monte con manta de sentarse entre pinos y moreras y nos ponemos morados a bolinhos de bacalhau.
  • Con otra ristra de variedades que no veas se hace el Campolargo Rol Coisas Antigas Tinto 2012 (Campolargo). Frescura total de mentolados, una ramita de romero y cosis deliciosas como tú. Alegre y con elegancia sabe acompañarnos siempre y en cualquier momento. Hoy con un presunto pulpo al lagareiro.
  • Más cercano a la raia resulta el Esporão Reserva 2014 (Heredade do Esporão). Trincadeira, aragonés y cabernet sauvignon que se dan la mano en el Alentejo y pasean a pequeños botes entre matas de bayas negruzas y hierbas buenas. Rasposín del sedosito nos apetece con un pollo a la brasa y su arroz con frijoles.
  • Nos despedimos sin tacha con el Álvaro Castro DAO 2015 (Quinta da Pellada). Tinta roriz y touriga nacional que dan lo que tienen para ser ese espejo en el que mirarse con seguridad. Fruta aterciopelona con todo en su lugar para agradar a diestro y siniestro. Tan así que no sé si compartirlo con unos o con otros. Pues con todos y con unas migas a la alentejana.

Es el momento de relajarse, acercarse a la praia y mirar al horizonte vino en mano. Mordisqueamos un pastelito de Belem mientras pensamos que sí, que Portugal es dix points y volveremos mucho. Simedalagana y me dará, tralará. Y así, filosofando de baratillo y aunque nada es de nadie, nos veremos en breve, en un par de semanas. 

Porque yo sí, soy muy vuestra, A-M-I-G-U-I-S.


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