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MINORÍA ABSOLUTA / OPINIÓN

Vota a… ¿En serio Siri?

Foto: STEFAN JAITNER/DPA
1/07/2021 - 

Ayer dábamos el adiós definitivo a nuestra peseta, en desuso desde que llegó el euro hace casi 20 años. Unas pesetas que, seguramente, aún siguen usando mentalmente muchos jubilados para recalcular su pensión que han conseguido revalorizar esta semana. Llevan años movilizándose en manifestaciones por todo el país, dándonos una lección de constancia reivindicativa.

Dos símbolos de una sociedad que parece que se esfuman con la celeridad y la fugacidad de estos tiempos. Las monedas pierden su presencialidad en favor del pago virtual, y las manifestaciones como tal parece que tienen los días contados en un mundo donde el empoderamiento de los ciudadanos se muestra a través de otros cauces más digitales. Las últimas tendencias expuestas en el Mobile World Congress, nos muestran los hologramas 5G como el siguiente paso para revolucionar las comunicaciones y la forma de interrelacionarnos.

Ya no es ciencia ficción. De hecho, ante el crecimiento exponencial de la Inteligencia Artificial (IA), la Unión Europea está tramitando el reglamento para establecer un marco jurídico “seguro y ético para mitigar riesgos y consecuencias negativas” porque se está aplicando en muchos ámbitos, el campo de acción es amplio y los efectos impredecibles.

De hecho, las empresas trabajan en la economía del comportamiento para conocer mejor los hábitos de los consumidores. Hemos pasado del internet de las cosas al internet del comportamiento. Después de estar digitalizados y conectados con los objetos domésticos, ahora se trata de analizar nuestra conducta a través de la IA, una información que permitirá a las empresas predecir las posibles actitudes y preferencias de sus consumidores.

Se trata de transformar el comportamiento humano en datos, lo que se está convirtiendo en una potente herramienta de marketing y ventas para las marcas y, podría ser la piedra filosofal para los políticos.

O, todo lo contrario. Porque existen corrientes como el postpoliticismo, dentro del movimiento del transhumanismo, que apuesta por sustituir la política por la tecnología porque, entienden que, si contamos con una superinteligencia que podría tomar todas las decisiones de la sociedad de forma más acertada que los seres humanos, no sería necesaria la política.

Teorías hay y habrá para todos los gustos, pero lo que sí es una realidad es la evolución del homo sapiens al homo digitalis, como explica el periodista Román Cendoya, estamos ante una nueva especie con una nueva forma de interactuar y de entender el mundo.

Porque vivimos en los tiempos de la inmediatez. Y en el ámbito político, la vorágine no ha cesado desde el 2014: elección tras elección, mociones de censura, aparición de nuevos partidos, caída de los mismos...etc.  La inestabilidad es la normalidad. Vivimos en la incertidumbre y las reglas anteriores han quedado obsoletas.

No hay manual de instrucciones, pero necesitamos nuevos formatos de comunicación para adaptarnos a esta democracia digital más directa, más horizontal, más participativa y más conectada.

Con tanto tráfico de información y cruce de datos, llegará el momento en que Siri o cualquier asistente digital nos diga con quien tenemos match político, cuál es nuestra mejor opción y a quién votar.

Serán los algoritmos los que nos marquen los indicadores de rendimiento de los partidos. Su rédito político. La cuestión es que evalúan de forma objetiva. Cuantos más datos puedan analizar los algoritmos, más precisos serán sus análisis y recomendaciones.

Aquí radica la dificultad, porque quizá no puedan comprender muchas actuaciones políticas. A ver cómo entienden que el Bloc es ahora Más Compromís porque quieren hacer un giro a la izquierda y ser menos nacionalistas para ser más transversales. Acercarse al planteamiento de Más País de Iñigo Errejón, aunque menos identitarios, pero sí en clave valencianista.

Quizá también les genere cierta confusión el congreso del PPCV del próximo fin de semana que presenta un proyecto de renovación, con un discurso basado en la defensa del agua, la financiación y las señas de identidad, unas banderas que enarboló con un gran éxito electoral el PPCV, pero hace más de 10 años.

No sé cómo procesarán los algoritmos que el adversario político del PSPV no sea tanto el PPCV como el propio PSOE. Les costará descifrar como los socialistas valencianos que apoyaron la reforma de la financiación de Zapatero en el 2009, luego se volvieron beligerantes contra Rajoy y ahora no encuentran la fortaleza suficiente para exigírsela a Sánchez.

Será complicado que traduzcan el comportamiento de los ciudadanos que, tras anunciar el Gobierno, a bombo y platillo, el fin de la obligación de llevar la mascarilla en exteriores, casi nadie se la quita.

Ardua faena les espera a los algoritmos para descifrar un comportamiento político tan contradictorio, tacticista y arbitrario. Porque al fin y al cabo la política es así, imprevisible, hasta para Siri.

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