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contra la dictadura de lo bello

Vuelve el feísmo

Me da la sensación de que hay un cierto hartazgo por la estética, que vuelve el feísmo a la cocina

Por | 06/03/2020 | 2 min, 35 seg

Digo que vuelve porque me parece que tiene resonancias sesenteras, setenteras u ochenteras, no sé bien la década, pero seguro que vintage por esa aureola de modernez que lo rodea. Y no solo en cocina, en moda, en fotografía, en música, se lleva el feísmo. Frente a los productos perfectamente acabados, los cantantes indies que desafinan, las fotografías con alma de gasolinera, los grandes diseñadores de barriada marginal.

Ese tomate feo es el bueno. En ese bar donde desprecian la estética se almuerza bien, pensamos, tal vez porque quien no se distrae con la superficialidad, se concentra en lo importante: la comida. 

Y es que bien pudiera ser un estorbo la belleza, bien pudiera ser que caer en la trampa de la estética nos condenara a merodear eternamente por las afueras.

A menudo me ha sorprendido la cualidad casi divina que algunas personas, sobre todo hombres, atribuyen a la belleza, como si ese combinado genético aleatorio fuera señal de un destino superior, un rasgo heroico, un verdadero talento.

A los delincuentes físicamente agraciados les caen condenas más suaves, lo dice un estudio.

Los bebés sonríen más a las personas guapas, lo dice otro estudio.

Hay estudios que avalan esta tesis, y estudios que avalan la contraria. Lo dice otro estudio.

El feísmo como una forma de luchar contra la dictadura de lo bello.

Quien no se distrae con la superficialidad, se concentra en lo importante: la comida

Hace un par de años, la cadena de supermercados Intermarché lanzó una campaña para reivindicar los productos dañados por el transporte, que vendía un 30% más baratos. Y comercializó un paquete de “galletas feas”, con formas atípicas, rotas, deformes. Feas por fuera, pero igual de buenas por dentro. Fue un éxito.

Parece que cada vez va siendo menos verdad eso de que comemos con los ojos, o tal vez seguimos haciéndolo, pero son otros los ojos, es nueva la mirada.

Hoy asociamos feo con auténtico. Feo con fiable. Feo con sabroso. Pero un nuevo feo, claro, no el feo de toda la vida.

El problema es que, al menor descuido, cualquier cosa se nos hace moda, y de todo hacemos ismo, y hasta votamos a cromañones solo porque desafiaron las formas a las que estábamos acostumbrados.

El feísmo puede ser tan superficial como el esteticismo. La clave sigue siendo tener criterio, más allá de la apariencia, sin despreciar su valor, sin obviar que forma parte del todo.  

Mi abuelo decía:

Mmmm, esto está buenísimo, ¿qué es carne o pescado? demostrando que iba mucho más allá de las apariencias (y del sentido común).

Y sigo pensando que el piropo más maravilloso es que te digan: Dios mío, qué guapa estabas esta tarde cuando hablamos por teléfono.

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