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clásico imprescindible de alban berg

'Wozzeck', una ópera para atrincherar el terror

Les Arts clausura su temporada de ópera con el estreno de Wozzeck, una ópera imprescindible que podrá disfrutarse los días 26, 29 y 31 de mayo, y 3 y 5 de junio

20/05/2022 - 

VALÈNCIA. La ópera está para vivirla, con lo que esto conlleve. En el caso de Wozzeck la emoción predominante es el terror, de la mano de Alban Berg se da clausura a la programación operística de Les Arts. Una despedida que ha supuesto uno de los montajes técnicos más complejos en este espacio hasta la fecha, comprendiendo dentro de la obra elementos como una casa flotante o un suelo inundado de agua, por el que pasean los maestros de la lírica a lo largo de 1 hora y 40 minutos de espectáculo. El director artístico de Les Arts, Jesús Iglesias Noriega, lo tiene claro: cualquier teatro del mundo esta obligado a programar Wozzeck", y València no iba a quedarse atrás: “No podemos presumir de tener un edificio moderno y no representar esto. Es una obra que marca la época. Lo que ocurre a partir de ahí tiene consecuencias para toda la ópera y la historia de la música”. Para estar a la altura de las exigencias del texto el escenario de la Sala Principal se transforma por completo para viajar al siglo XX, acompañado de una orquesta de más de 90 músicos y suponiendo un quebradero de cabeza para el equipo de ingeniería escénica.

Tras la historia hay dos nombres claves, más allá de los propios personajes. Se trata del director musical James Gaffigan y el director de escena Andreas Kriegenburg. Ambos han tenido la oportunidad de trabajar conjuntamente a lo largo de un mes para poder llevar a cabo esta ópera de dificultad extrema, que se desenvuelve con una excelente calidad en Les Arts. Tal es así que Noriega no duda en proclamar su visionado como una “obligación cultural”, equiparable a lo que sería visitar El Guernica si viniera a València, por ejemplo: “Nadie que esté interesado por la cultura debería perder la experiencia de impactarse con Wozzeck. Con los elementos que tenemos se garantiza el impacto visual, sonoro, escénico y mucho más”. Una ópera que atraerá a los apasionados de la lírica, el teatro, la danza y la música, pero principalmente a aquellos que quieran vivir la experiencia única de revitalizar un repertorio que tiene más de un siglo y sigue impactando como en su primera interpretación.

Reconciliarse con Alan Berg

Si algo se repite a lo largo de la conversación entre los tres directores es la palabra “miedo”. Un concepto que va de forma indirecta ligado a la ópera. El propio Kriegenburg comprende de primera mano la idea con la que el público se acerca a Wozzeck, no trata un tema jovial ni mucho menos, pero sorprende con su atrincheramiento del terror a toda costa: “Muchas veces la ópera es un lugar de disfrute, placer y asombro frente a grandes voces y orquestas. La expectativa del espectador es la de encontrar un placer especial, pero en Wozzeck debido a la violencia que contiene la historia no se presta a ello”. La dimensión en la que la ópera se comprende gira en torno a la pobreza, manteniendo como claves la violencia y la humillación. El personaje principal, el soldado Wozzeck, se ve encerrado en una cárcel vital, quedándose sin dignidad hasta convertirse en un monstruo, esto se representa en la obra con un camino que muestra violencia tanto visual como conceptual, acercándose así a los protagonistas a través de sus propias historias: “El arte puede y le es permitido asustarnos, darnos sobresaltos y causarnos pesadillas”, aclara Kriegenburg.

Para poder reconciliarnos con el trabajo de Alan Berg se tiene en cuenta dos decisiones cruciales. Por una parte Wozzeck, como personaje, se queda como está. El espectador es el encargado de descubrir por sí mismo la cercanía entre Wozzeck, la ópera, y la realidad en la que nos encontramos. Por otra parte se toma la decisión de mostrar el mundo tal y como el personaje lo interpreta y no como es: “Vemos el mundo que vive este personaje y que lo vive como casi una caricatura. Vemos que percibe la violencia y lo ve como algo irreal”, concreta Kriegenburg. El resto de conclusiones ya corren a cargo del público, a través de su juicio y acompañados de una banda sonora impresionante, bajo la dirección de Gaffigan: “Es una experiencia que hay que vivir de forma plena, a través de la música si que es cierto que hay espectadores que han manifestado la sensación de miedo… sin embargo esto les ha parecido incluso emocionante”.

Foto: LES ARTS

Alabar el terror

Manteniendo el terror se huye de ideas como la de la "estilización" de los personajes. La figura del capitán se ve enorme, y se siente molesta… Su percepción del entorno solo ve como personas normales a Marie y su propio hijo, y de hecho termina destruyéndoles por ese mismo motivo. A través de la sumersión de los cantantes en la historia de los personajes se llega a retratar realmente la historia de pánico de Wozzeck, tanto la que convive en su cabeza como la que percibe el espectador desde la butaca. “Para mi es algo importante y emocionante escuchar a un cantante decir que tiene miedo de sumergirse en ese mundo y revivir lo que ha vivido Wozzeck”, comenta Kriegenburg, quien como espectador también se ha sentido traumatizado en esta ópera.

Gaffigan por su parte asegura que la producción tiene tal magnitud y sentimiento que no es de extrañar que los propios músicos de la orquesta quedaran impactados al enfrentarse por primera vez a sus partituras: “La sensación de los músicos fue de shock al principio pero según se va trabajando ven que es más natural. Fue a partir del tercer ensayo cuando todo comenzó a ir con más fluidez”. Y es que a través de la historia humana se logra transmitir todo tipo de emociones y sentimientos, alabando el terror como un elemento más: “Yo como músico noto algo intimidante pero luego es algo humano al final”, concluye Gaffigan, quien encuentra el tono de las emociones al nivel de Wagner o Mozart.

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