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SILLÓN OREJERO

Wunderwaffen: Una ucronía en cómic en la que las armas-milagro de Hitler funcionaron

Richard D. Nolane y el dibujante bosnio Maza plantearon la hipótesis de que Hitler conseguía alargar la guerra gracias a sus aviones a reacción y misiles desarrollados en los últimos compases de la guerra. En sucesivos tomos, los nazis lograrán llegar al espacio y exhibir a Stalin en una jaula en un campo de fútbol. Con la aparición especial de a Jacques Bergier, en homenaje a este escritor que antes había sido miembro de la resistencia francesa y de la Red Marco Polo que sirvió para destruir las bombas V2

13/08/2018 - 

VALÈNCIA. Es innegable que Hitler y el nazismo resultan fascinantes en el contexto de la cultura popular. Toneladas de novelas, kilómetros de películas y múltiples referencias en la historia del rock and roll así lo atestiguan. Estudios que lo han analizado se cuentan también por docenas. Con especial cariño recordamos en esta columna un número especial de Mondo Brutto dedicado al fenómeno. Si tuviéramos que extraer una conclusión a vuelapluma, quizá sea que la mezcla de mal absoluto que ha tenido como reputación el movimiento nacionalsocialista y, por otro lado, su simbología inequívocamente infantil para la movilización de masas adocenadas y amedrentadas son irresistibles para realizar planteamientos lúdicos y escapistas en el terreno de la ficción.

Por ahí fue Richard D. Nolane cuando escribió Wunderwaffen en la editorial francesa Soleil con dibujos del bosnio Maza. Su obra se centra en una de las facetas más infantiles si cabe del legado nazi: sus armas milagrosas. Muchos fueron los proyectos que se les quedaron sin implantar del todo, que no iban mal encaminados, como la bomba atómica, los misiles y los aviones a reacción. Pero por acertados que fueran, la idea de un arma que en el último suspiro iba a dar un vuelco a la contienda que estaban perdiendo es totalmente peliculera.

En esta ucronía, sin embargo, funcionan. Los aviones a reacción le dan la vuelta a la guerra y el desembarco de Normandía es un fracaso. Los soviéticos tienen que dar marcha atrás y Hitler, víctima de un atentado que le ha desfigurado la cara y arrancado un brazo, sigue adelante con sus planes. Auschwitz, sobre el que hay rumores, ha sido modernizado. Aunque ha pasado tanto tiempo que la gente habla de que el que va a allí no vuelve.

Dicho lo cual, lo mejor son las batallas y las aeronaves. Maza se hincha a dibujar aviones. Destacan los helicópteros nazis, algunos cercanos al autogiro de Juan de la Cierva. Los aliados mientras recurren a utilizar kamikazes, tíos que se inmolan. Aunque para tratar de averiguar si los rumores sobre campos de concentración son verdaderos, sueltan a un espía con una radio injertada bajo la piel, con el micrófono en una muela y que funciona por energía estática, frotándose el brazo. Un invento interesante.

Luego el argumento, fuera de la historia ficción, ya no es tan imponente. De hecho, cae en múltiples tópicos frecuentes cuando un autor se aproxima al nacionalsocialismo desde dentro. Están los celos y odios entre los jerarcas nazis, eso parece obligado porque así fue. También un Hitler histérico, que a menudo cae en delirios, al ponen creyendo en los dioses nórdicos. Y luego se reproduce la idea de la Wehrmacht buena, que solo cumplía órdenes, pero era muy noble. En este caso sería la Luftwaffe, con sus pilotos que en realidad odian a Hitler y califican sus ideas de repugnantes. Un efecto Patria (Fatherland) de Rutger Hauer, el telefilm que planteaba la ucronía en la que Hitler había ganado la guerra y el protagonista era una buena persona que descubría que el régimen hundía sus raíces en crímenes horrendos.

En este cómic, el autor se pregunta qué pasaría si los alemanes hubiesen podido culminar sus planes de exterminio y no solo eso, hacer que fueran rentables gracias a su célebre eficacia. Es la subtrama de Nuevo Auschwitz.

Nolane era escritor de novela popular, escribió más de cuarenta sobre Richard Blade con el seudónimo de Jeffrey Lord, antes de entrar en contacto con los Humanoïdes Associates, editores de Metal Hurlant donde fue guionista del genial ilustrador hiperrealista Jean-Claude Claeys que trabajaba con fotografías. Su primer álbum en común, Lüger et paix, también iba sobre la guerra, los nazis y aviadores. Su estilo de dibujo a partir de fotografías, llamado aquí línea oscura, tuvo grandes exponentes en España como Luis García y su clásico Etnocidio.

La gran obra en cómic de Nolane es Milenio, publicada en España por Yermo, una historia sobrenatural y de misterio que sucede en la Edad Media. Esa línea esotérica, que es su pasión junto con los ovnis y demás sucesos de los llamados paranormales que han dejado pingües beneficios a los que han sabido explotarlos comercialmente, también están presente en su Wunderwaffen. De hecho, aparece un homenaje a Jacques Bergier, uno de los escritores más prolíficos y famosos de "fenómenos ocultos", entre otras temáticas, que en su descargo hay que subrayar que fue miembro de la resistencia francesa y formó parte de la Red Marco Polo que sirvió para averiguar dónde se fabricaban las bombas V2 y arrasar el lugar. Nolane le dio un papel equivalente en esta historia con la intención expresa de preservar su recuerdo.

Explotando la línea paranormal, hace acto de presencia la Ahnenerbe, la "Sociedad para la Investigación y Enseñanza sobre la Herencia Ancestral Alemana" de los nazis, fundada en 1935, que estudia en estas páginas la supuesta inmortalidad de algunos pilotos y la posibilidad de que antes de morir, en el túnel de luz, vean la cara de Hitler. Un delirio.

Pero el punto fuerte, como decimos, son los aviones. De hecho, el proyecto surgió por ahí. Por una conversación casual sobre armas secretas de los nazis que nunca llegaron a despegar. Al mismo tiempo, Nolane reconoció en entrevistas disfrutar con el género de la ucronía porque le hacía sentirse un demiurgo capaz de cambiar la Historia, justo lo que más desea alguien que la ama, en sus palabras. Sin embargo, conforme avanzan los tomos, van cayendo tópicos y la historia aquí cada vez será más compleja y más profunda dentro de sus propias reglas y no tan deudora de la superciencia nazi y el efectismo de jugar a placer con la Historia de la II Guerra Mundial.

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