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al otro lado de la colina / OPINIÓN

¿Y si plagiamos a Trump?

No se asusten, no les propongo plagiar los trabajos universitarios del presidente norteamericano ni adoptar sus toscas maneras, incluyendo la actitud altanera ante la prensa, ya sean mujeres u hombres; me refiero a otro tipo de plagio

6/10/2018 - 

En Estados Unidos en los 90s del siglo pasado se desarrolló un concepto denominado EBO (Effects-Based Operations, Operaciones Basadas en Efectos), que surgió y se utilizó en una de las Guerras del Golfo, en concreto la del presidente George Bush (padre) y el General Arnold Schwarzkopf (recuerden la operación Desert Storm, Tormenta del Desierto) contra el sátrapa (aunque menos dañino que lo que vino después) de Sadam Hussein que cometió el error de invadir Kuwait, con fallo de cálculo incluido respecto a la posición que iban a tomar los USA.

Con este concepto, creado por el entonces Teniente Coronel David A. Deptula (hoy general), se pretendía alcanzar un objetivo estratégico o efecto sobre el enemigo tras un proceso en el que se empleaban diferentes capacidades, militares o no, de forma sistemática, combinada y acumulada en todas y cada una de las etapas y categorías del conflicto. Y es ahora cuando algunos de ustedes pensaran, ¿y qué tiene que ver esto del EBO con el título de plagiar a Donald Trump?, pues que a mí me parece que el presidente USA lo puede estar aplicando en parte, piensen que desde que llegó a la Casa Blanca se ha rodeado de militares como los generales James Mattis, Michael Flynn, H.R. McMaster o John Kelly, y han podido inspirarle este concepto estratégico, a la vez que, según Bob Woodward (el periodista del escándalo Watergate) en un libro sobre Trump afirma, que lo contienen para limitar los daños colaterales de sus acciones mediáticas y políticas.

Y como aplicarían este EBO a sus políticas, pues como dice la definición que les he proporcionado (adaptada y procedente del United States Joint Forces Command, Mando Conjunto de las Fuerzas Armadas USA), combinando diferentes capacidades, desde las puramente mediáticas, hasta las presiones diplomáticas, pasando por quién sabe si con acciones de Inteligencia (lo más lógico), por supuesto con duras negociaciones comerciales, e incluyendo políticas migratorias restrictivas, y como no enseñando músculo militar, etc., para lograr el objetivo que lo llevo a la Casa Blanca, que se puede resumir en su lema América First, recuperando el orgullo, a la par que recupera la economía real-productiva norteamericana. Además se enfrenta (esto parece que los militares que lo rodean no pueden evitar) al mantra de la globalización, que continuamente está socavando la fuerza de los Estados, estructura política que ha logrado que la civilización llegue (entre otras razones) al nivel de desarrollo que tenemos; este mantra se basa en organizaciones internacionales (por nadie elegidas), que pretenden la desregulación total y continuada de las politicas nacionales para implementar la competencia (salvaje y desleal por otra parte) a nivel global, con la consiguiente aplicación de la ley de la selva, que lleva a, por ejemplo, a que el Mare Nostrum sea una fosa común y que las clases medias (base de nuestras sociedades occidentales) se empobrezcan cada vez más, entre otros muchos efectos.

Así en las últimas semanas hemos vista dos ejemplos de esas acciones, en versión comercial, del gobierno Trump, primero contra el competidor que ha supuesto que los USA hayan dejado de ser productores y se hayan transformado en sus deudores, si ese mismo, la República Popular China de Xi Jinping, con la que Trump calcula que existe un déficit comercial de unos 376.000 millones de dólares anuales (más o menos un tercio del PIB español), a la que ha puesto nuevos aranceles (en junio impuso unos 50.000 millones en una primera fase) que ascienden a un 10% por valor de 200.000 millones de dólares, y afirmando el presidente USA, que si China replica con aranceles contra los USA aplicará una tercera fase de nuevos aranceles de unos 267.000 millones de dólares.

En segundo lugar, ha renegociado, que no suprimido como algunos barruntaban (todo eran estrategias de negociación), el acuerdo con México y Canadá, el llamado Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), o en su versión en inglesa North American Free Trade Agreement (NAFTA). En este nuevo acuerdo, por ejemplo, se incluyen medidas laborales, que impiden o por lo menos limitan el dumping social (incrementando tácitamente el salario mínimo), un apoyo a las regulaciones de la Organización Internacional del Trabajo, todo esto indirectamente mejorará la situación de los trabajadores Mexicanos sobre todo, se limitará los abusos de las Multinacionales a nivel jurisdiccional al evitar que intenten burlar la normativa medioambiental y reguladora de los Estados en Cortes Privadas, reforzando así la normativa Estatal, entre otros acuerdos, y que desde luego parecen de sentido común. Todas esas medidas le han llevado a afirmar a Trump, que el nuevo acuerdo "transformará a Norteamérica en una potencia manufacturera nuevamente"; como verán no es proteccionismo (limitación al comercio) es negociación y nueva regulación más equilibrada.

Por otra parte, estamos nosotros, Europa con una crisis institucional que dura demasiado, y a las puertas de otra de tipo económica (ya estamos en pleno proceso de desaceleración), aunque no nos olvidemos que somos una potencia económica con 500 millones de habitantes con aproximadamente entre un 20-25 % del PIB mundial, y que nuestros líderes políticos deben ponerse de acuerdo, para marcar nuestro rumbo de forma decisiva respecto a los otros grandes bloques económicos, Asia-Pacifico (China básicamente), Norteamérica (principalmente USA), Rusia, etc., además, como no, de contar con otro tipo de capacidades, como son las Militares y las de Inteligencia, básicas en las relaciones internacionales, porque ya está bien que en la esfera mundial hablen de nosotros (la UE) como un gigante económico, pero enano político y gusano militar.

Y para finalizar, que conste, que con lo del plagio no propugno aquel famoso “que inventen ellos” de don Miguel de Unamuno, ni mucho menos, pero escarmentar o aprender en cabeza ajena no está nada mal, y a la espera de las elecciones de noviembre a Trump, con los magníficos datos del incremento del PIB y disminución del paro, las cuentas le salen.

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