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Alexandra: "Sin un trabajo no hubiese logrado salir adelante"

El trabajo que consiguió como limpiadora en un centro comercial ayudó a Alexandra a dar el primer paso para rehacer su vida, después de sufrir malos tratos durante más de diez años

28/05/2018 - 

VALÈNCIA. Su sonrisa tiene un aura especial. Se percibe nada más verla, pero se realza cuando Alexandra cuenta que sufrió durante dieciséis años el maltrato físico y psicológico de su hoy exmarido. Quienes la conocen afirman que es más fuerte, con más autoestima y sabe lo que quiere. Poco se parece a aquella mujer que vivía coaccionada bajo la sombra de su pareja, con la que empezó con apenas 20 años. Ella misma lo reconoce. Logró salir a flote gracias a la ayuda que recibió en el Centro de recuperación integral de Valencia y el trabajo que logró a través de Clece. "He cambiado porque he aprendido que puedo valerme por mí misma y todo ello gracias a la labor que hacen en el centro y a ese primer trabajo que tuve a través de Clece", comenta Alexandra agradecida.

Su nueva vida comenzó la noche de Reyes de 2015, cuando llegó al Centro de recuperación integral de Valencia —dependiente del Instituto Valenciano de las Mujeres y por la Igualdad de Género— de València después de denunciar a su exmarido por una paliza que creyó que era la última. "Estaba muy asustada y al principio no era capaz ni de salir de mi habitación, pero poco a poco me fui adaptando y abriéndome al resto", explica recordando cómo después le confesaron que parecía "un pajarito asustado".

Fue una etapa complicada, pero en los once meses que estuvo en el Centro de recuperación integral de Valencia —ella lo llama casa de acogida— realizó talleres y cursos para completar su formación profesional. A los dos meses de estar allí, preparó su currículo con la coordinadora —Carolina— para entregárselo a Clece, empresa que durante 15 años gestionó el centro y que sigue ayudando a las mujeres víctimas de violencia de género a la inserción laboral. "Lo consideramos parte del proceso, porque sin la inserción laboral es muy difícil que las mujeres víctimas de la violencia salgan solas adelante, pues las ayudas económicas que tienen son muy escasas y sin la independencia económica es difícil que salgan adelante", explica Lucía Paricio, Delegada de servicios sociales en la Dirección Regional Levante de Clece.

Alexandra lo ratifica: "Por ellas he conseguido salir adelante porque al poco de llegar al centro intentaba contactar con mis hijos, pero ellos no querían, me costó mucho salir de la vida que había tenido durante trece años", comenta resaltando que "verme sola en una casa en la que no conocía a nadie fue muy duro". Sin embargo, ese primer contrato firmado a través de Clece como limpiadora en un centro comercial de València le cambió el chip. "A todo el equipo le debo mucho porque si no hubiese tenido la oportunidad de trabajar no hubiese logrado salir adelante porque si no tienes trabajo, ¿qué haces? ¿Cómo sobrevives?". Miedos que han compartido las cerca de 1.400 mujeres que han pasado por el Centro y que han superado gracias a esa labor de inserción laboral que se potencia desde Clece.

Lucía remarca que Clece ayuda siempre en la medida de sus posibilidades y "según las mujeres van avanzando en su proceso" e insiste en que para todas ellas "trabajar unos meses o unos días les da la seguridad de que son capaces de llevar una vida organizada y, sobretodo, que es mentira que no valen para nada". Al escuchar estas palabras Alexandra asiente con la cabeza y remarca que "tener un trabajo me ayudó a saber que podía empezar de nuevo y sola". Tanto es así que hoy tiene un contrato indefinido con una residencia de ancianos de Elche. 

De hecho, el paso para salir del Centro no fue fácil y lo logró cuando se sintió segura: "El trabajo me ayudó a tener la fuerza de dejar la casa porque allí me sentía arropada, siempre había alguien con quien hablar o a quien abrazar. Sabía que estando allí no me iba a pasar nada pero… ¿qué iba a hacer fuera si no tenía a nadie?", recuerda con la satisfacción de haber tomado aquella decisión. Una soledad que se acentúa en su caso pues Alexandra dejó su vida en Portugal convencida de que su matrimonio mejoraría con el cambio de trabajo y de aires.

Denunciar a la primera 

Según explica, el maltrato comenzó en Portugal, pero no le extrañó porque "de niña lo viví en casa pues mi padre pegaba a mi madre". Esto también la condicionó para ocultar los moratones y centrarse en sus hijos y su trabajo. "Había noches que me quedaba dormida en la habitación de los niños y cuando llegaba me despertaba para pegarme", recuerda con dolor. También sufrió un maltrato psicológico. "Si tenía que comprar algo le tenía que pedir permiso y a veces me decía ‘¿para qué quieres una falda si no tienes cuerpo para llevarla?".

El cambio surgió efecto hasta que su ex marido se quedó sin empleo: "Los tres meses antes de que finalmente le denunciara fueron una auténtica tortura. Quería que dejase mi trabajo, no me dejaba salir, me cogió la ropa y le tenía que pedir permiso para que me dejara vestir". Una situación que aguantaba por sus hijos, que por aquel entonces estaban en plena adolescencia y Alexandra pensaba que era lo mejor para ellos. Era tal el dolor que para desahogarse y quitarse la impotencia de no poder pegarle "me hacia cortes en los brazos, piernas y barriga".

Una situación que mantuvo hasta que una paliza casi acaba con su vida. "Un día llegó de tomar un café y al entrar en casa comenzó a pegarme. Me dijo que se iba a Portugal, pero como no quise ir con él fue peor. Cogió un cuchillo, me apuntó amenazándome con matarme, pero mi hijo se interpuso y se lo impidió" y afirma: "Sabía que si no le denunciaba acababa con mi vida". Ese día sus dos hijos y su exmarido se fueron a Portugal. Ella se fue al Centro de recuperación integral de Valencia y logró salir adelante.

Hoy, es otra mujer, pero no olvida los años de sufrimiento que pasó y lo mucho que se equivocó denunciándolo tan tarde. "Me costó muchos años decidirme, pero sabía que si daba el paso no podía volver atrás", explica con el alma encogida y enfatizando que "me duele más que mis hijos se fueran con él que todos los golpes que me llevé". De hecho, su exmarido logró la custodia en Portugal y todavía está a la espera de que se celebre el juicio en España.

Un pasado que le pesa, pero que le ha dado la fortaleza de mirar hacia delante y ver que es posible salir de aquella vida. Por ello, anima a aquellas mujeres que sufren la violencia de género a que "no esperen a la segunda bofetada, que a la primera vez que levante la mano le denuncien" y les recuerda que no estarán solas, que desde el Centro de recuperación integral de Valencia y la ayuda a la inserción laboral de Clece saldrán adelante: "Hoy sé que sin esa ayuda no hubiese podido salir".

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