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La Alquería del Moro, el símbolo feudal de la resistencia contra la vida moderna

Foto: KIKE TABERNER
12/08/2018 - 

VALÈNCIA."De todo tiene culpa la vida moderna". La frase es de Fernando Fernán Gómez en El último caballo, la obra maestra de Edgar Neville filmada en pleno franquismo y considerada como el primer manifiesto ecologista del cine español. Lo decía Fernán Gómez ebrio de desencanto. "Cuando no había tanto motor, ni tanto hierro, ni tanta gasolina, ni tanto humo, ni tanta... ¡Ni tanta porquería!". Lo viejo, lo nuevo. Las ciudades crecen dejando atrás (o debajo) su pasado, absorbiéndolo y dominándolo. Pocas veces abrazándolo.  Ese ha sido el caso de la Alqueria del Moro. Testigo valiente de siglos de historia de la ciudad y que en las últimas décadas ha visto en primera fila el avance del ladrillo mientras vivía el abandono y el ostracismo.

Se construyó a las afueras de Benicalap tras la Reconquista de Jaume I, que en el famoso Repartiment adjudicó las numerosas tierras de la región a la clase nobiliaria, según recogen documentos de la época. La nobleza cristiana controló la vida y la economía de la zona hasta siglos después, pero los intentos de borrar el mundo musulmán no acabaron con el vocablo 'alquería', procedente del árabe. En estas construcciones vivían los señores y se realizaban las transacciones económicas y mercantiles de la época -el comercio burgués todavía no era moda-.

Lo cierto es que algunas alquerías se transformaron en pueblos -véase Benicalap-, pero este no es el caso. La Alquería del Moro mantiene su morfología original, lo que la convierte en el único y último vestigio del feudalismo valenciano que permanece intacto en estructura. El conjunto está dividido en dos partes por un camino: a la izquierda la vivienda del señor, y en el otro, el edificio que albergaba la lonja y donde residían algunos colonos.

Aunque entre las tierras del feudo existían pequeñas casas de agricultores, eran endebles y acabaron pereciendo. El edificio que nos ocupa, por su parte, ha visto nacer en 1750 a su hermana, la Alquería de la Torre, ha presenciado el asedio a València durante la Guerra de la Independencia y muchos otros episodios de la historia de la ciudad.

De mano en mano ha llegado a nuestros tiempos intacta. Pero desde que a finales del pasado siglo quedara abandonada, las peticiones de rehabilitación por su importancia histórica y cultural se han sucedido mientras las instituciones daban la espalda al complejo. En 2004 la Conselleria de Cultura lo protegió declarándolo Bien de Interés Cultural (BIC) en categoría de monumento y el consistorio de València se hizo con la casa señorial de la Alquería, pero no con la otra parte de la edificación, que continúa en manos privadas. ¿Por qué? César Guardeño, presidente del Círculo por la Defensa y Difusión del Patrimonio Cultural, cree que el gobierno local de entonces priorizó y se quedó con "la parte más interesante".

La Alquería del Moro actualmente. Foto: KIKE TABERNER

En todo caso, no ha existido esa protección que deberían haber garantizado el Ayuntamiento y la Conselleria, también respecto a la zona de propiedad privada. El aspecto que presenta habla por sí solo y durante muchos años hizo alertar de su progresiva degradación. Los vehículos y sus vibraciones atravesaban el estrecho caminal central de la Alquería, hasta hace poco más de un año funcionó el aparcamiento colindante, el complejo ha sido víctima de pintadas y vertidos y basuras varios y ha sufrido numerosos expolios e incluso forzamientos en sus accesos.

Esta semana hemos presenciado el desbloqueo agridulce de la rehabilitación de la propiedad municipal de la Alquería del Moro. Agridulce porque tras tantos años de batalla -tres recomendaciones del síndic de Greuges mediante- el techo de parte de la lonja se vino abajo apenas un día después del inicio de las obras. Aunque en el consistorio apuntan que las causas fueron su deteriorado estado y las lluvias de los dias previos, César Guardeño pide que se realice un informe para esclarecer si hubo alguna negligencia o si las vibraciones de los vehículos tuvieron algo que ver.

Derrumbe en la Alquería del Moro. Foto: KIKE TABERNER

El conflicto está servido porque el Ayuntamiento acusa a los propietarios de no haber cumplido con las varias notificaciones, órdenes de ejecución y comunicaciones para que se adopten medidas precautorias que habían recibido desde 2014. El procedimiento de multa ya está abierto. Guardeño lamenta que los propietarios "no parece que tengan intención" de actuar. ¿Pero y la expropiación? Es una vía que contemplan en el departamento de Urbanismo aunque admiten que no se podrá hacer esta legislatura. Lo primero será dotar económicamente en los presupuestos del año 2019 el proceso, que se prevé largo y complicado, como otros similares.

Por lo pronto, los dos millones de euros dedicados a las obras ya empezadas van dirigidos a que, finalmente, se convierta en un Centro de Interpretación de l'Horta, gestionado desde la concejalía de Agricultura para "dar a conocer y poner en valor el patrimonio agrícola de la ciudad". En definitiva, se pretende que sea un centro de referencia para agricultores y labradores de la zona. Ya desde antaño, cuando las reivindicaciones empezaban a florecer, se planteba esta finalidad. Dieron la idea algunos estudiosos de la capital como Francisco Javier Delicado, profesor de Historia del Arte en la Universitat de València, y también Miguel del Rey.

Miguel es una de las personas que mejor conoce el complejo. Suya fue la tesis doctoral, publicada en 1987, que utilizó la Conselleria para declararlo como BIC. "Esa alquería ha sido una de mis obsesiones durante decenios", admite a este diario el arquitecto. Muchos de sus estudios giran entorno a la arquitectura rural valenciana, y sobre alquerías sabe y mucho.

"He estado clamando a unos y a otros, publicando y presentando a foros el interés de este conjunto. Nada ha sido la respuesta mas que un proyecto descontextualizado y parcial sin interés patrimonial del concepto original, ausente de la idea de conjunto". Es su reacción tras conocer la caída del techo de la lonja, mediante la que quiso mostrar su decepción hacia las autoridades y también hacia el vecindario que, considera, "no ha estado a la altura", con "honrosas excepciones". Y finalmente sentenció su enfado: "Sólo tengo un sentimiento para aquellos que pudiendo, no han hecho nada: que lleven siempre la culpa y que no se lo perdonen nunca".

La Alquería del Moro ha podido superar, además de numerosos conflictos bélicos, también el crecimiento descontrolado de la capital y la burbuja inmobiliaria. Ahogada en el olvido, ahora resurge con la iniciativa impulsada por el Ayuntamiento, mediante la concejalía de Gobierno Interior encabezada por Sergi Campillo. Ahora, el trabajo recae en el área de Urbanismo, del socialista Vicent Sarrià, que tendrá que resolver lo concerniente a la zona privada. 

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