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nuevo libro en camino

Pablo Sebastiá: "Tener tiempo, si no es de calidad, no sirve de nada"

12/06/2020 - 

CASTELLÓ. Hay infinidad de opiniones sobre este tema, pero el escritor castellonense Pablo Sebastiá afirma rotundamente que estar encerrado en casa no es lo más recomendable para que vuele la imaginación. Ni cinco líneas ha logrado escribir durante la cuarentena. En su caso, aislarse del mundo exterior ha supuesto frenar de golpe la creatividad. Con suerte, el autor ya tenía preparada su última novela, La tetera de Russell, que verá la luz en la Navidad de 2020/2021.

En ella, Sebastiá vuelve a situar la transhumanidad como eje central. Las historias que el castellonense imagina no nos dejan otra opción que integrarnos por completo con la tecnología. Y no nos referimos a asistir a una exposición virtual o a hacer algún Zoom o Skyp. En la transhumanidad el ser humano ha de dejarse atravesar por completo por la inteligencia artificial. Ni teletransportarse o asistir a un concierto mediante proyección holográfica sería tan inalcanzable como parece. Solo es cuestión de esperar. Así lo cree el escritor, para quien los avances que desde hace años se ven en la ficción, están más cerca que lejos de integrarse en la sociedad.

-Sostienes que la transhumanidad está a la vuelta de la esquina, aunque no la veamos venir. Cuéntanos el porqué crees que esto es así.
-Recordemos que el transhumanismo es un movimiento intelectual cuyo objetivo es colaborar con el desarrollo humano, con la transformación y mejora de nuestras capacidades. Tanto físicas como intelectuales. En cierto modo, los transhumanistas defendemos que la evolución natural de la especie humana ha llegado a su fin. La hemos superado, y debemos seguir apoyando sin miedo los avances tecnológicos para evolucionar a una velocidad infinitamente mayor. En los próximos años vamos a ver cómo el ser humano alcanza cotas de desarrollo personal impensables hace solo medio siglo.

Tardamos millones de años en bajar de los árboles y construir la primera choza de adobe. Nos costó milenios superar la Edad Antigua. En diez siglos culminamos la Edad Media. La Edad Moderna apenas duró doscientos años. Y, tras la revolución industrial, entramos de lleno en una Edad Contemporánea que, con el tiempo, con la perspectiva que aporta la distancia, se considerará finiquitada tras el final de la II Guerra Mundial. Desde 1945 hasta 1995 se dio lo que suelo llamar la Edad Atómica, aunque hay quien defiende que será conocida como la Edad Digital. No les quito razón. Y con la llegada del nuevo siglo entramos de lleno en la Edad Transhumana. No en balde ya hay quien afirma, en tono jocoso, que no vivimos en el año 2020 D.C sino en el año 25 después de Windows 95.

Pretender frenar la evolución tecnológica del hombre es como querer ponerle puertas al campo.

-¿Se ha acelerado todo este proceso con la crisis sanitaria?
-No lo creo. Se ha hecho algo más visible, eso sí. Hoy los medios de comunicación han puesto el foco en ciertas cuestiones sanitarias que, antes de esta crisis, pasaban desapercibidas. La industria farmacéutica está desarrollando compuestos con los que la vida se prolongará de forma cuantitativa y cualitativa. Las compañías de tecnología de la salud están desarrollando, por ejemplo, equipos de diagnóstico, unidades electroquirúrgicas, ultrasonidos, prótesis y órganos artificiales que, a medio plazo, van a transformar por completo el concepto de lo que hoy llamamos vida inteligente. Y emocional, añado. Por no hablar del desarrollo de la neurociencia, la psiquiatría, la ingeniería genética y la biomedicina. El mundo que está por llegar es apasionante. 

-En tu útlimo novela, Reikiavik, ya dibujabas alguno de estos futuros que, según para quien, pueden parecer distópicos. ¿Se va cumpliendo poco a poco lo que marca la ficción?
-¿Futuro distópico? En Reikiavik imagino que uno de estos posibles avances revolucionarios, tal vez el que resultará más difícil aplicar pues necesita bajar a la realidad física conceptos teóricos cuánticos, ya está disponible hoy en día. Eso convierte la novela, que no deja de ser un thriller, en una suerte de amalgama de géneros. Pero en ningún caso pienso que este futuro del que estamos hablando sea distópico. En los años ochenta no imaginábamos la revolución que el teléfono móvil iba a traer consigo. En los noventa ni se nos pasaba por la cabeza que el teléfono sería el responsable de la muerte del transistor de radio, el walkman, la agenda, la cámara de fotos y hasta la brújula física. Y hoy no podemos saber qué pasará mañana con tantos y tantos aspectos de nuestra vida. Tiempo por venir… Futuro.

-Entre tantos, se está trabajando cada vez más con que el público virtual acompañe, por ejemplo, al físico en conciertos. ¿Han venido todos estos cambios para quedarse?
-Desde luego. Tal vez no de la forma en que los estamos viviendo hoy, pero sí con algo más de desarrollo tecnológico. Por ejemplo, cuando se implemente de una manera aceptable la proyección holográfica. ¿Por qué no habrá de incrementase la asistencia a conferencias remotas? ¿Qué mejor salón de actos que el salón de tu propia casa?

-¿Te ves creando una nueva novela que profundice aún más en el tema?
-Ya la he escrito. La tetera de Russell verá la luz en Navidad de 2020/2021. Ya he entregado el manuscrito a la editorial y ahora andamos liados con los trámites previos a su publicación. La selección del ilustrador de la cubierta, la redacción de los documentos de venta para la distribuidora, etc.

El profesor Bertrand Russell fue una de las mentes más preclaras de mediados del siglo XX. Su analogía sobre la existencia de Dios para refutar la idea de que al escéptico es a quien le corresponde desmontar las afirmaciones infalsables de las religiones es, sencillamente, una obra maestra. A diferencia de muchos transhumanistas, yo sí creo en la existencia de Dios, pero no en el que creían los reyes medievales si no en uno que se encuentra mucho más allá de lo que ahora mismo podemos comprender. Y en torno a esa idea gira la trama de La tetera de Russell, una novela que espero que llegue al corazón y sacuda la cabeza del lector.

-Hablemos también de sector y el golpe que ha sufrido durante la cuarentena. ¿Cómo ha afectado el confinamiento a tu trabajo?
-Me ha afectado mucho. Supongo que como a muchos otros escritores, compositores, y creadores en general. Estar encerrado en casa no es lo más recomendable para que vuele la imaginación. Tener tiempo, si no es de calidad, no sirve de nada.

He dedicado todo el tiempo posible a mi familia, a escribir artículos de opinión y a leer, ver películas o escuchar música. Apenas he escrito cuatro líneas de mi nueva novela, la que verá la luz, Dios mediante, en un par de años.

En cuanto a las ventas, han caído en picado. En todas las editoriales. Marzo, Abril y Mayo han sido desastrosos.

-Poco a poco se van programando presentaciones de libros y se publican novelas…, pero ¿es esta una realidad que va a desarrollarse muy a cuentagotas?
-Creo que hasta otoño nadie sabrá a qué atenerse. Pisamos un terreno desconocido. Dependemos en gran medida del azar.

-¿Cuáles son las mayores dificultades que se les suman ahora mismo a los escritores y libreros? 
-El panorama cultural es incierto. Lo es en toda España pero, para el caso que nos ocupa, las ciudades del Mediterráneo, y ahí incluyo a Tarragona y Barcelona, lo tienen muy complicado. Por nuestras características meteorológicas la cultura se vive en la calle. Constantemente hay conciertos, exposiciones o presentaciones que ocupan un importante espacio en la vía pública. No somos una comunidad que disfrute de encerrarse en edificios, por muy acristalados que sean. Si unimos este hándicap a la crisis sanitaria y económica… Muy optimista no soy, la verdad.

-¿Está la sociedad a la altura de la respuesta que el sector necesita de esta?
-¡Qué pregunta más difícil! ¿Está la sociedad a la altura de su clase política, o empresarial, o sindical, o cultural? Creo que generalizar no nos llevará a ninguna parte. En este país hay magníficos lectores y la industria cultural debe apoyarse en ellos, ponerles las cosas fáciles, y aportarles productos de verdadero valor añadido si quiere recibir la respuesta que necesita.

Muchas veces me han preguntado por el libro electrónico, las plataformas de descarga o los nuevos canales de difusión cultural. Del mismo modo que la industria musical se ha reinventado, el sector del libro tiene que mirar hacia adelante para que la sociedad, para que sus clientes, los lectores, mantengan su fidelidad.

- Decías hace un año a este periódico: “La crisis generó unas heridas muy grandes que derivaron en unas cicatrices importantes, pero el común de los mortales ahora las da por asumidas. Por tanto, es fácil, volver a cometer los mismos errores una y otra vez. Todo se olvida demasiado rápido, o quizá, afortunadamente todo se olvida muy rápido.” ¿Olvidaremos muy rápido lo que hemos vivido estos meses? 
-Dependerá de nosotros mismos. Como sociedad debemos responsabilizarnos de qué queremos olvidar y qué debemos recordar para mejorar, para no repetir los errores del pasado. 

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