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el sur del sur / OPINIÓN

Ximo, hazme una perdida 

30/04/2018 - 

Se acabó el amor. El PSOE de Alicante comienza una nueva vida, una nueva etapa, por lo pronto, alejada de los protagonistas que han marcado sus últimos años de trayectoria. Veinte años después, el ex senador Ángel Franco, pese a tener el control de la agrupación, pasa a los bancos de la oposición interna. Su andanada al poder establecido, procedente de un dirigente que siempre ha respetado el organigrama y la jerarquía del partido, le conduce a pasar, durante unos meses, al menos, a la irrelevancia en el PSPV. 

Casi todo ha sido durante esta semana. Que si Franco ha querido derruir el edificio que construyó con Gabriel Echávarri durante los últimos seis años, que si se pasó de frenada con el cese de Eva Montesinos como portavoz y que Ximo Puig le ha tomado la matrícula...y por lo tanto, va a quedar aislado durante una temporada.

Un error de cálculo el de Franco, que tiene dos lecturas: el primero, que no midió bien los tiempos para llevar el relevo en la portavocía en el grupo socialista de Alicante, a sabiendas de que Ximo Puig no es mucho de cambiar las cosas -sólo hay que ver los pocos cambios que se han realizado en el Consell.  en plena semana en la que se homenajeaba a la viuda de Alicante -Eva Montesinos-. Quien conoce al jefe del Gobierno valenciano sabe que es de dar estabilidad y la centralidad a las cuestiones, más que originalidad. Sólo hay que ver dónde han acabado los dirigentes del Consell que han apostado por la extravagancias en las formas. Lo segundo que extraña es que concejales como Fernando Marcos, Sofia Morales, Gloria Vara y el propio Miguel Castelló -aunque éste fuera el último en enterarse- no pararan el golpe de Estado que preparaba el general a espaldas del PSPV, y un día después de hacerle todos los honores a Montesinos. 

Después de todo lo sucedido sólo caben dos lecturas: o Franco se la volvió colar y tuvieron que reaccionar a golpe de autoridad, pese a la oportunidad perdida para acabar con todo y nombrar una gestora- o es que Puig vio en el ex senador la figura de una especie de Puigdemont pasado totalmente de vueltas (la ilegalidad del cambio del portavoz nunca se ha podido probar, o está muy en duda), y el momento para descabalgarlo. Y si la versión buena era esta segunda, era el momento de aplicar el artículo 155 en la agrupación socialista de Alicante y haber aprovechado la ocasión para reforzar las alianzas con Ferraz: trazar una nueva línea, que marcara diferencias con el pasado y ofrecer a la militancia la oportunidad de sumarse a un prometedor proyecto sin ataduras del pasado. Gente, para ello, la había.

Pero en el fondo, en el golpe de Franco sólo hay el lamento de que el ex secretario general de Alicante ha quedado fuera de todas las últimas jugadas. Y el lamento todavía es más grande si no se tiene en cuenta que parte del éxito de las primarias del PSPV que gana Ximo Puig a Rafa García se las gana Franco y la gran diferencia de votos que aportó Alicante y la comarca de L'Alacantí a la lista del president. Ahora bien, Franco olvida que parte de ese éxito, incontestable, no era sólo de él, sino de otra mucha con la que compartían proyecto y que ahora se han visto decepcionados con la maniobra del ex senador. Hemos pasado del Ximo, hazme una perdida...para salvarte la cuestión interna a Perdona, Ángel, no quiero saber nada de tí.

El despecho ha sido tal que Franco ha acabado por darle la razón a todos aquellos que han cuestionado sus formas. Ahora, visto el cambio de panorama, hay dos cuestiones por decidir en el futuro: si Franco persistirá en el desafío y presentará un candidato a primarias para vencer al establishment de Blanquerias, o si, por el contrario, Puig firmará una tregua en el armisticio porque, al final de todo, necesita los manos de Ángel -por tóxicas que sean en estos momentos- para perder lo menos posible en Alicante. Ese es el dilema. Perder lo menos posible, 

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