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cierra el mejor representante del producto marinero en el cabanyal

Adiós a O´Donnell

Cierra O´Donnell y con él, el espejismo de una cierta València gastronómica

Por | 05/07/2019 | 2 min, 48 seg

O´Donnell ha sido un espejismo de la València que queremos imaginar pero no es: no puede ser. Por mucho que queramos verla —se cae el sueño de un Café Madrid gastronómico y el de ese mercado culinario a la altura de las grandes capitales europeas: Merkato. Los cierres del Celler del Tossal, Imperdible, Boix 4, Ostrarium o La Pitanza deberían abrirnos los ojos ante lo evidente: ¿existe tanto cliente gastronómico (dispuesto a gastarse los titos) en esta València o es una quimera?

El cierre de O´Donnell se venía cuchicheando en los mentideros del sector pero ha sido este sábado 29 de junio el último servicio de un modelo que, desde su apertura allá por finales del 2017, apostó por la excelencia del producto y las hechuras de un servicio de sala clásico. ¿Las causas? Pues las de siempre y alguna más que no es difícil imaginar (y de las que no hablaremos aquí hoy); su propietario, Luis Martínez, completamente ajeno al sector hostelero y relacionado también con las casas de apuestas Codere y dueño del fabricante de máquinas recreativas Videomani (las salas Replay) fue el impulsor en la sombra de esta casa de comidas que baja la persiana sin hacer mucho ruido pero dejando a sus trabajadores (y a sus clientes) con cara de póquer, nunca mejor dicho.

“A veces la búsqueda de resultados positivos (económicos) a corto plazo nublan la mente de los empresarios que invierten en estos negocios, siempre de transitar lento, y aunque no se había recuperado la inversión inicial si que ya empezábamos a tener buenos resultados desde hace meses, pero se ve que ncao lo suficiente  como para poder frenar su impaciencia”; quien habla es Javier Aznar, cocinero de O' Donnell (ex de Sangonereta) y quien lamenta el devenir de esta “Eterna batalla... ha sido una pena porque en un año y medio nos habíamos posicionado como la alternativa en el Cabanyal de una buena cocina de producto de mar, con un tratamiento de la materia muy cuidado”. 

Aznar y José Vicente Pérez, propietario de El Bressol, fueron las caras de este proyecto desde su nacimiento pero el segundo picó espuelas a los pocos meses —así nos lo contó: “Sí, yo lo monté, lo posicioné (producto, clientes…) y el 22 de diciembre me dijeron que lo que habíamos pactado no iba ser; y yo soy de los que no se espera. Y dije hasta luego”. Su lugar en sala (insustituible, por otra parte) lo ocupó durante la última etapa el también empresario Jesús Barrachina, logrando un renacer del restaurante con clientes felices, mesas a rebosar de caixetes, navajas y ortiguillas y el boca oreja de un local que hacía las cosas bien. Pero no todas. 

Es lo de siempre: empresarios que llegan al sector hostelero con buenas intenciones, cash reluciente y mucha prisa, con mucha literatura de cliente pero poco callo en el día a día de esta trinchera tan jodida que es la gastronomía. Otro clavo en el ataúd de la València gastronómica. Si es que no aprendemos nunca.

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