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Adrián Silvestre: "Combinar el trabajo de actores con personas reales puede resultar muy rico"

El cineasta valenciano inaugura el festival Mostra la ploma con ‘Los objetos amorosos’, que se estrena en la Comunitat Valenciana tras ser premiada en el Festival de Cine Europeo de Sevilla

1/06/2017 - 

VALÈNCIA. Dime de qué tierra vengo, se preguntaba Nino Bravo. De Aielo de Malferit, responderían sus seguidores. Algo así se preguntará Adrián Silvestre. El joven cineasta valenciano llega a su ciudad con Los objetos amorosos, por la que ha sido premiado en el Festival de Cine Europeo de Sevilla –donde se estrenó el pasado mes de noviembre- o en los festivales internacionales de cine LGTB de Madrid y Bilbao. Con una tournée que le ha llevado a proyectar su ópera prima por toda España, lo hace por primera vez en la Comunitat Valenciana con un estreno que supondrá el pistoletazo de salida a la tercera edición del festival Mostra la ploma, un pase que tendrá lugar este mismo viernes en la Filmoteca y que contará con la presencia del director. En la cinta explora los límites entre la realidad y la ficción desde un punto explícito, contando incluso con personajes reales que se entrelazan en la propia ficción, una relación que inició ya en el documental Natalia Nikolaevna (2014) o la cinta Exit, Un Corto a la Carta (2012).

“Mi hermana me cogió así, de repente. Yo estudiaba en Perú, estudiaba en la Universidad. Todo. Un día mi hermana viene y me dice: ¿quieres irte a Italia? ¿Italia? Me voy, pero no sabía dónde”. De esta forma da comienzo el monólogo que  Aurora Silva recita frente a una cámara fija, uno de los personajes reales que se introduce en la película de Adrián Silvestre y que han sido “imprescindibles” para configurar el mundo protagonizado por Luz y Fran. La cinta, que toma como punto de partida el estudio de la migración de mujeres latinoamericanas en la ciudad de Roma, tiene todavía quince festivales por delante antes de, “con suerte”, lograr su distribución comercial en salas a partir de septiembre. Por lo pronto, su próxima parada es una Filmoteca donde, reales o no, conoceremos a sus nuevos personajes.

-¿Quiénes son Luz y Fran? 
-Luz y Fran son dos mujeres latinoamericanas, una de Colombia y otra de Chile, que viajan cada una por su cuenta a Roma para iniciar una vida mejor, empezar de cero, y, en el caso de Luz, alcanzar una vida mejor para su hijo que ha quedado en su país. Las dos llegan a Europa y ven que esas expectativas empiezan a frustrarse y comienzan a darse cuenta de que el sueño italiano que tenían es más duro de lo que pensaban. En el momento en el que se conocen, cada una descubre una serie de cualidades en la otra que las hacen sentir el poder para romper con las normas y empezar una vida nueva.

-Defines la película como una ‘road movie sin coche’…
-Los personajes se pasan gran parte del film merodeando de un lado a otro, descubriendo distintos puntos de la ciudad de Roma que el espectador no está acostumbrado a ver en otro tipo de películas más preciosistas. Es una Roma inhóspita, inmigrante, que ellas conocen caminando o con transporte público, por eso la hemos definido como esa ‘road movie sin coche’.

-Es una cinta que toca muchos temas sociales, además de representar al colectivo LGTB, habla de inmigración, ¿cómo se entrelazan en la trama?
-Hay dos temas que dialogan en la película: el tema LGTB y la inmigración. Este último es un tema que sí he trabajado de manera más consciente, de hecho la película fue precedida con una serie de talleres con mujeres inmigrantes procedentes de Latinoamérica que viven en distintas ciudades europeas. En esta sesiones ellas contaban cuál era su imagen de Europa y, a partir de lo cotidiano, de ese relato, se iba descubriendo cómo era ese retrato que compusimos de una manera colectiva. En ese sentido la película sí tiene un discursos de integración, quiere visibilizar y representar otras maneras de vivir. En el caso del tema LGTB, es algo más espontáneo, que se da de una manera casi inconsciente, o que no necesitan verbalizar. No es una película de militancia, no está creada para configurar un discurso, sin embargo está claro de dónde vengo y cuáles son los temas que me gusta tratar. La película va hacia la visualización de la diversidad.

-Dices que no es una película de “militancia” pero, ¿cómo te sientes con la etiqueta ‘cine LGTB’?
-Estoy encantado con que la película se pueda etiquetar como LGTB porque, además, estas etiquetas nunca son excluyentes. Gracias a esta película llevo un recorrido de festivales, tanto LGTB como no, increíble. Todo suma, nada resta. Al final trasciende. Seguiré haciendo películas que contribuyan a sensibilizar sobre otras maneras de vivir la sexualidad y entender la identidad, aunque las películas no estén construidas en un primer momento con este fin.

-Has mencionado los talleres de intercambios de experiencias previos a la grabación de la película, ¿cómo se configuran?
-Es un proceso complejo, porque nos lo hemos ido inventado con el paso del tiempo. Se trata de talleres en los que empleábamos todo tipo de metodologías, desde técnicas teatrales, tomar datos escritos o en vídeo. Al partir de ahí vamos configurando un retrato lleno de notas y de pinceladas sobre esa identidad a partir del otro. En Italia me junté con un grupo de cinco o seis mujeres, encuentros en los que lanzábamos temas sobre la idiosincrasia italiana y sus historias de vida y ,a partir de ahí, íbamos debatiendo, filmando pequeñas anécdotas y dando forma al guión.

-Del bombardeo de anécdotas, ¿qué queda luego en Los objetos amorosos
-No solo fue útil, sino imprescindible. Al final acabó siendo la base argumental del background donde las protagonistas se mueven. Yo he vivido en Italia durante dos años, pero no conocía tanto el país y desde luego no desde su perspectiva. Ha sido con este proceso como yo he podido sentir la seguridad para crear una historia de ficción sin tener que imaginármela, sino transcribiendo muchas de las cosas que ellas me decían. Esto ha tenido un gran peso en el guión y también en el reparto porque algunos de los personajes secundarios son ellas mismas, las participantes del taller, contando incluso sus historias de vida. Una de las cosas que le pasa a los personajes principales también está sacado de sus experiencias. Hay un batiburrillo de realidad y ficción.  

-Desde un punto de vista creativo, ¿por qué es interesante contar con partes calcadas de la realidad y personajes reales?
-Consumo muchísimo cine y, aunque tengo un gusto muy heterogéneo, como espectador las películas que más me llegan son aquellas que me hacen entrar en el juego, que me hacen dudar entre si estoy viendo un documental o una ficción, entonces es cuando alcanzo esa catarsis que me hace empatizar más. Ese es mi reto, y sigue siéndolo, seguir representando historias reales. Me gusta que mi camino personal y creativo esté enfocado a explorar esos límites entre la realidad y la ficción, tanto a nivel teórico como práctico. De hecho, ahora estoy impartiendo una serie de cursos sobre este tema, un recorrido por la historia del cine a través de aquellos autores que se arriesgaron a introducir a personas reales en las ficciones y aquellos documentalistas que ficcionalizaron la realidad. Hablamos sobre todo eso, lo delgados que son los límites entre los lenguajes. En la parte práctica, acabo de terminar de escribir mi nuevo guión y en que también apostaré por combinar el trabajo de actores profesionales con personas reales. Con esto no quiero decir que desprecie el trabajo de un actor, pero creo que es una vía por explorar que puede resultar muy rica cuando combinas el trabajo de ambos. El aprendizaje puede ser bidireccional.

-Se estrena por fin en la Comunitat Valenciana. 
-Estoy muy ilusionado porque es la primera vez que se va a poder ver la película en la Comunitat Valenciana, pero no solo eso, sino cualquiera de mis trabajos. Siendo valenciano siempre he querido mostrar algunos de mis cortos o trabajos anteriores pero nunca había tenido la oportunidad. Que mi ópera prima se vea ahora en la Filmoteca y además en Mostra la ploma, junto al colectivo Lambda, cierra un ciclo y me hace muy feliz.


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