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EL MURO / OPINIÓN

Ahora toca decoración

Nuestra clase política y sus asesores están ahora en la decoración. Cambian o intercambian nuestro patrimonio a capricho. No sé si alguien controla el "mercadeo". Tampoco explican razones

8/11/2020 - 

Algún sociólogo podría un día ponerse como reto interpretar, estudiar y explicarnos el sentido del gusto por el arte que tiene nuestra clase política. Sería un trabajo novedoso y original. Tendríamos un buen estudio para analizar. Bien es cierto que no todos tenemos el mismo sentido estético. Pero no sé hasta qué punto la clase dirigente, por llamarla así, tiene tanta libertad para usar los museos y nuestras colecciones artísticas en función de sus gustos personales.

Nuestra clase política compra cuadros para nuestros museos sin atender muchas veces a cuestiones de colección o valor real, sólo sutilmente asesorados por técnicos nombrados a dedo pero que acaban actuando al dictado. Cualquiera que haya formado parte de un jurado de literatura, pintura o escultura institucional sabe de lo que hablo. Formas parte de un colectivo con poder de decisión, pero siempre deciden otros. Ya no es que compren los directores/as de museos o sus órganos de control y gestión, que sería lo natural, sino que cualquiera decide pese a que su criterio personal sea objetivamente subjetivo y hasta terrible.

Una vez entre en el despacho de una concejala en activo y le comenté lo bien elegida que estaba su decoración. Total, había ido a los fondos municipales y había escogido con sus asesores. Todo era de primer nivel, por cierto. En otra ocasión a una consellera que apenas duró en el cargo y fue nombrada para firmar lo que le decían que debía firmar le montaron un despacho de nueva planta en una conselleria y le llevaron obras del IVAM a vista de catálogo. No entendía ni se esperaba, pero lo bien que quedaba aquello con una lujosa mesa de trabajo que apenas se usó, cocina, baños, banderas y hasta placa de metacrilato a las puerta de su despacho, incluidos

Estos políticos de antes y ahora saben hasta de arte. Ellos deciden dónde poner o quitar una escultura por muy buena firma que tenga. Compran colecciones enteras para guardarlas en armarios.

En fin. Uno quiere que le pinten grafitis en el despacho, y hecho. Otros piden cuadros barrocos, y que no falten. Aunque no sean suyos, pero su capacidad de decisión es absoluta aunque en casa tengan reproducciones bancarias de Navidad.  

Ya lo he contado en alguna ocasión, pero viene al caso. Cuando a la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, le preguntaron por qué tenía una obra maestra de Sorolla en su despacho que bien debía de lucir en nuestro San Pío V, por poner un ejemplo, contestó que tenía que dar imagen a quienes recibía. Acabáramos. Una vez se fue el entonces presidente  la Diputación de Valencia, Francisco Blasco a Argentina, y volvió con una alegoría al amor de Benlliure bajo el brazo de la que existen varias copias, pero el hombre había decidido comprarla por deseo personal a un precio de poca broma.

Ahora es Presidencia de la Generalitat la que ha decidido devolver a la Diputación la monumental escultura de Benlliure El infierno que ocupaba desde hace décadas el patio gótico y ganó en su momento la Medalla de Honor de la Exposición Universal de París a comienzos del siglo XX.

Igual, creen, que no va con los tiempos y desean algo más moderno después de 60 años depositada en su emplazamiento, como recordaba Levante-EMV. Puig, o sus asesores estéticos que cada día se multiplican, deben desear algo más guay. Igual algún día nos explican en un seminario su sentido de la modernidad y la decoración.

Así que hace unos días montaron la monumental pieza de bronce en una carretilla elevadora y se la devolvieron a la Diputación de Valencia, su propietaria. Y para allá que se fue. Dicen que la montaran o exhibirán en el Palacio de Batlía. Será para disfrute de sus señorías, los diputados provinciales y funcionarios de la casa. Porque para entrar allí como ciudadano necesitaremos un salvoconducto.

Decía esto de las decoraciones porque si nuestras señorías, concejales, concelleres, alcaldes directores generales y hasta jefes de servicio tienen la potestad de elegir decoración es que se nos está yendo la chaveta. Más que nada porque se trata de fondos que nos pertenecen a todos y a los que deberíamos tener acceso a través de museos que son los considerados o reconocidos para su conservación. Aunque aquí, por lo visto, cualquiera es capaz de decidir lo que desea lucir en su despacho. Están cayendo en los mismos errores que en su día criticaron. Pero Oh!, el poder. Que no se quejen después. No los creeremos.

Si al menos pagasen un canon por el préstamo, caso de Les Corts y el IVAM, aún lo entendería. Pero por capricho, va  a ser que no.

Hace tiempo que alguien debería de preguntar y catalogar cuántas obras de arte de nuestros museos están repartidas por despachos, de quién y por qué: su valor, procedencia y estado de conservación. Saber cuántas están repartidas y si todas están controladas, Al menos sabríamos cuál es nuestro patrimonio real y quién y cómo se  controla. Hasta saber qué es lo que cada uno ha pedido para decorar su hábitat temporal. Y quién lo ha permitido, por si existe algún problema de pasado, presente y hasta futuro para reclamar responsabilidades. Seríamos considerados serios. O al menos podríamos alardear de ello. Pero si manejan las cuentas y las subvenciones como lo hacen, qué van a hacer con el patrimonio mueble salvo distribuirlo a su capricho. Pues eso, cambiarlo a gusto de toque de queda.

¡Son tremendos! Hasta en la estética. Y se creen renacentistas. O sea, estupendos.

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