restorán de la semana

Al Taulell

Una alegría más en el barrio de Arrancapins

| 02/10/2020 | 2 min, 13 seg

Cierto fotógrafo de esta casa (adivinen) me dijo hace un par de años, cuando volví a mi barrio de siempre, que mantuviera en secreto lo bien que se vivía en estas calles. Lo suficientemente cerca del corazón de la ciudad para ir andado pero lo bastante apartado para escapar de las incomodidades y precios del centro. En Arrancapins se vive bien, tranquilo, no es un barrio con una personalidad aplastante, pero ese perfil bajo hace que tengamos sitios con cierta autenticidad. Los bares y restaurantes de la zona son una de sus bazas.

Me da mucha, pero mucha alegría, cuando veo que una planta baja en desuso vuelve a la vida. Me la produjo cuando, antes del confinamiento, vi como en la calle Cuenca con Pérez Galdós, algo se movía. Aquel local podía haber acogido otra sucursal bancaria, otra franquicia de bollería congelada disfrazada o quizás otra tienda de móviles, pero vi que aquello iba adquiriendo un matiz diferente. Esta vez no me equivoqué, era un restaurante. Y se lo estaban currando mucho, al menos en lo que al espacio y al interiorismo se refiere. A ver qué pasa dentro, pensé.

Al Taulell abrió en el mes de agosto tras los meses más complicados que ha vivido la hostelería. Y lo hizo con dos handicap: una barra y mesas corridas donde compartir superficie con desconocidos. Era el restaurante que Fernando Simón siempre desaconsejaría.   Pero las cosas, cuando se hacen bien, funcionan, y en estos dos meses escasos, este restaurante se ha hecho un hueco en el vecindario. Está llena su terraza, pero también esas mesas altas en la que si tienes que compartir, se guarda la suficiente distancia de seguridad. 

La línea del restaurante está muy bien definida. Buen producto y recetas tradicionales valencianas. Cocas de dacsa, salazones, figatells, clotxinas, croquetas de bacalao o mollets. También sepia con mayonesa o un salpicón para tomar en barra (al taulell) mientras se toma una cerveza. Es rollito informal es uno de de sus aciertos.  El precio es otro. Muy ajustado, difícil gastarse más de 25 euros.  

Claudia y su padre, los dueños de Al Taulell son nuevos en esto de la hostelería, pero el camino que han tomado parece el correcto. Un aliciente más para este barrio sin ínfulas del que nuestro fotógrafo prefiere que no hablemos demasiado. 

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