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Alejandra Soler y Mònica Chirivella: el progreso de la mujer con 84 años de diferencia

Alejandra, 103 años, fue una de las primeras universitarias valencianas, superviviente de la Batalla de Stalingrado, maestra de niños españoles en Moscú e hija predilecta de Valencia. Mónica, 19 años, es activista estudiantil. Se encuentran por primera vez para evaluar los logros y los déficits sociales con ocho décadas de distancia

14/08/2016 - 

VALENCIA (FOTOS: EVA MÁÑEZ). La mañana calurosa en los alrededores del barrio de El Botànic tiene a Alejandra Soler preparándose en su habitación, vistiéndose para una entrevista ante la cual nos pide paciencia (la acabará teniendo ella). La estudiante Mònica Chirivella se ha adelantado y ha comenzado a hablar con Alejandra un rato antes. El hogar de esta anciana de 103 años es un pequeño y abigarrado museo viviente por el que se suceden documentos históricos, reflejo de una larga vida: universitaria pionera, maestra republicana, comunista exiliada, fugitiva de un campo de refugiados del gobierno de Vichy, superviviente de la Batalla de Stalingrado… Recientemente se añadió un nuevo capítulo: ya es hija predilecta de Valencia. De vez en cuando recibe visitas de historiadores que vienen a grabar su voz para documentar una época de la que apenas quedan testigos. Frente a Soler, una fan, Mònica Chirivella, activista estudiantil de 19 años a punto de comenzar el tercer curso de Historia, miembro de un puñado de grupos asamblearios en torno a la cuestión feminista y las injusticias sociales.

El experimento. Unir a dos extremos generacionales separados por ocho décadas de diferencia, cuyas preocupaciones dicen ser coincidentes. 

Alejandra Soler: ¿Empiezo yo?

Por edad…

Alejandra Soler: Me di cuenta de las injusticias sociales desde que era una niña. Empecé a ir a la Institución para la Enseñanza de la Mujer que estaba en Alameda porque mi padre quería una enseñanza libre, sin dogmas. Aquí sólo se permitía tener la institución si era unisexual, y surgió un debate: ¿debe ser para la mujer o para el hombre? ’Los hombres ya están bien como están, dirigiendo el gobierno, el estado, la gente importante…’, vinieron a decir. Pero ‘las mujeres sin embargo están en la casa, con sus cosas… Pues venga, que sea para las mujeres’.  Por eso en Valencia se creó la primera institución para las mujeres. Ahí me matriculó mi padre y empecé a instruirme a los cuatro años. 

Mònica Chirivella: Mi abuelo era tallista y mi padre dedicado al hormigón. Siempre nos enseñaron a pensar por nosotros mismos… Y la guerra de Irak, cuando tenía seis o siete años, fue un revulsivo para nuestra generación, empezamos a tener una conciencia. Acudí a la manifestación aunque mis padres tenían miedo de que fuera. A la segunda vinieron ellos. 

Alejandra Soler: En mi infancia, como hija única, mimada, me molestaba muchísimo, me parecía asquerosa, la diferenciación entre niños de una familia y de otra, era insoportable. Por ejemplo, yo vivía en un edificio en el que la portera tenía dos hijas, como era natural quería jugar con ellas, me hice muy amiga. Pero mi madre nunca me dejó bajar a jugar con la niña de las porteras, sin embargo ellas sí podían subir a mi casa. Era un desprestigio ir a la portería. Con estos niños sí, con estos no… Qué diferencias sociales. ¡No me lo explicaba!

Mònica Chirivella: Por qué te piensas tú que tienes la vara de medir de la dignidad de una persona, por qué alguien es más digno que otro para sentarse contigo… Son clichés que continúan todavía hoy. Entre hombres y mujeres todavía más, sabiendo que tienes más peligros. Cuando acaba el día sabes que tienes que hacer algo. Tener una conciencia social es en parte egoísta porque sirve de autodefensa. 

Alejandra Soler: Por eso, por esa conciencia, poco después de la niñez supe que debía ser defensora de los que no pueden ser iguales a los demás. Por eso decidí defender sus derechos y estudiar, porque sería lo mejor que podría hacer por ellos. Mi padre, muy adelantado a su época, comprendió mis razonamientos: ¡claro que sí, tú vas a estudiar! Mi madre prefería que me dedicara a la casa y tal… Acabé entrando en la universidad, una de las primeras en entrar. Eran universidades muy pequeñas, muy elitistas, y sobre todo, claro, no había mujeres. Estudié filosofía y letras, sección de historia. Éramos 24 hombres y dos mujeres, con unos compañeros estupendos, al principio les resultaba extraño tenernos. Los profesores nos sentaron a los muchachos en el hemiciclo y a nosotras en un banco separado, nos parecía rarísimo. Libertad Blasco Ibáñez, la hija de Vicente, venía como escuchante porque su hijo, que era alumno, le contó que íbamos dos chicas. La nieta del escritor Gabriel Miró, que se llamaba Gabriela, y yo. Ella era muy querida. ¡Y no sabéis qué pasó! Resultó que años después en el campo de concentración en Francia con el gobierno de Vichy, ¡nos encontramos las dos! ¡Qué gran emoción, qué asombro! No nos separamos ni un momento. Después ella se fue a México con su familia y supe mucho después, tras la Segunda Guerra Mundial, que había muerto muy joven por una enfermedad tropical. 

Una planta cae desde una mesa. Soler no se inmuta. “No pasa nada, no pasa nada”. Tiene un léxico infalible y le imprime una fuerza rotunda a sus frases, acompañadas de una gestualidad poderosa que parece querer rebelarse contra su cuerpo centenario. 

Alejandra Soler: Sigamos, sigamos. Ahora es extraordinario ver cómo la universidad está llena de mujeres…

Mònica Chirivella: Que en una universidad donde hace apenas 80 años comenzaban a entrar las mujeres y que en 80 años haya mayoría de mujeres, alguna cosa se ha hecho bien. El mayor acierto ha sido la educación mixta. La educación, siempre la educación. Allí los hombres comenzaron a darse cuenta que esa mujer de tu lado puede sacar mejores notas que tú y no pasa nada. Pero sigue habiendo una diferencia muy marcada según la carrera… En historia, que es lo que yo estudio, seguimos siendo minoría. Debe ser porque siempre ha sido contada por hombres.

Alejandra Soler: Para que todo ese avance que se ha producido en la educación acabe trasladándose al mundo profesional y haya una igualdad real debería transformarse el pensamiento masculino. ¡Es una vergüenza bestial que en el siglo XXI no solamente exista sino que esté exacerbada la actitud machista! No hay manera de hacer comprender que no es el sexo lo que da la autoridad. Cuántas actitudes sexuales despreciativas, cuántos homicidios. Fueron muchos años de obediencia total, de sumisión a los hombres. Y no vamos por buen camino. 

Mònica Chirivella: Todo el merchandising que se hace con la mujer, esa hipersexualización, la humillación constante a las mujeres en la televisión y que no se regula de ninguna manera… Tenemos muchos más derechos, pero no vamos camino de reducir las diferencias con este sistema, de hecho algunas de las peores actitudes se están recrudeciendo. 

Alejandra Soler: Sobre la mujer, sin darse cuenta, cae la autoridad de la costumbre, del uso, del “así pensaba mi padre y mi madre”. Con eso hay que acabar.

Mònica Chirivella: Y tantas mujeres que no es que sean machistas, sino que están alienadas. Conozco mujeres que se ponen a arreglarse por la mañana pero se frustran porque no se ven bien y no van a la escuela. La perfección del Photoshop y que tengamos que aspirar a ello como ideal. 

Qué les sugiere el avance de nombres y siglas como Donald Trump, Marine Le Pen, FPÖ en Austria, el UKIP… 

Alejandra Soler: Sin hablar de fascismo se puede actuar como el fascismo, buscando otra manera de presentarse, con otras etiquetas. En momentos cruciales, de dificultad máxima, todo es posible. Y estamos en ese momento. 

Mònica Chirivella: Es mucho más fácil que te metan miedo con alguien que viene de fuera y hacerte creer que es muy diferente a ti en lugar de pensar que el problema está en las diferencias entre la clase social dominante y tú.

Alejandra Soler: No se quiere dar ni el mínimo traspiés ante la posibilidad de que se acerque una eclosión que reclame transformaciones, con mucha más justicia social. He luchado por un mundo mejor durante toda la vida a través del cerebro, que es nuestro motor, no he conseguido casi nada, pero ha valido la pena. 

Mònica Chirivella: La gente creo que ha reaccionado, aunque ahora por la institucionalización de movimientos sociales parece que estén dormidos, pero cuando van a desahuciar a alguien sus vecinos siguen estando en la puerta de casa y se enfrentan a la policía. No somos máquinas y debemos tener una conciencia. En cambio, y es una pena, gran parte de la juventud sigue muy acomodada, con tantas distracciones…

Alejandra Soler: He sido muy amiga de los del 15M, muy amiga. Pensé que podían ser una levadura que pudiera originar la actitud de repulsa contra lo peor del capitalismo. Y ha provocado algo muy bueno: obligar a replantearnos cosas que se daban por hechas. 

Mònica Chirivella: Fue tan transversal… Iba mi madre y se reconocía en lo que se escuchaba allí, iban mis amigas… e igual. Pero no se supo utilizar toda la inteligencia, el fenómeno de Podemos se ha institucionalizado en exceso y hay mucha gente de ese movimiento que no se siente identificado con ellos.

Alejandra Soler: Mira, lo que ha pasado es que se han encastillado en sus posiciones creyendo que ya eran posiciones de gobierno. ¡Y no, no eran posiciones de gobierno! ¡Eran posiciones de actividad política para llegar a posiciones de gobierno! No es lo mismo. Les recomendaría un poquito de humildad, de cuestionar sus propios pensamientos. 

Mònica Chirivella: Yo les recomendaría que no rebajen su discurso por poder entrar a las instituciones, que no quieran que los grandes canales de televisión hablen bien de ellos, tú has de saber quiénes tienen que hablar mal de ti. 

Alejandra Soler: ¡Exactamente! 

Desde 1958 hasta 1971 Alejandra Soler fue Jefa de la Cátedra de Lenguas Romances de la Escuela Superior de Diplomacia en Moscú. “Ir a la Unión Soviética era como ir a mi casa, pero hubo tantas decepciones... “.

Alejandra Soler: Cuando volví a España -1971- era apátrida, nadie vino a recibirme, yo no era de nadie. No era ni española, ni soviética, ni francesa… de nadie. Pero me encontré a la vuelta de con la gente no más sabia pero sí más avanzada, capaz de modificar las cosas por sí misma, capaz de cuestionar. La gran alegría fue ver a las mujeres con las que yo me reunía cuando era una estudiante para decirles lo que valían y la necesidad de que no se dejaran llevar por nadie… y ahora empezaban a querer pensar por sí mismas. 

¡

La conversación acaba. 

Mònica Chirivella: Dentro de 89 años me gustaría decir que mi generación, como la suya, ha cambiado un poco el mundo...

Alejandra Soler: Adueñaos de vosotros mismos, tomad conciencia de lo que sois y de vuestra misión en el mundo, y siempre mirad hacia los de abajo… siempre. 

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