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el muro / OPINIÓN

El algodón no engaña

Foto: ESTRELLA JOVER
10/01/2021 - 

A causa de la pandemia y la reducción de la movilidad, los museos españoles se han topado con una nueva realidad: la drástica pérdida de visitantes y, por tanto, de ingresos durante 2020. Cifras que ofrecen escalofríos cuando se atienden a números, datos y sobre todo recaudación y visitantes.

Por aquí esas valoraciones no son tan diáfanas. Vivimos sumidos en la subvención y esa cultura mal entendida de que el Estado/Generalitat lo paga todo porque así controla lo que es de todos. La realidad es que a los grandes museos españolas esa supuesta “nueva normalidad” les ha azotado de forma considerable. Imaginemos los menores de todo tipo y condición para echarnos a temblar.

Las cifras ya conocidas dan miedo. Ese agujero económico repercutirá en el futuro. Observen: Prado, Reina Sofía, Thyssen, MNAC, etc, perdieron en 2020 una media del 70% de sus visitantes. O sea, dos tercios de los habituales. Por ejemplo, el Prado registró 852.000 visitas frente a las más de 3,4 millones de 2019.

Los grandes museos españoles gozan de una cierta autonomía de gestión y sobre todo presupuestaria. Ingresos que proceden no sólo de la Administración sino sobre todo de la venta de entradas, patrocinadores, merchandising, alquiler de espacios o venta de publicaciones. En algunos casos cubren por sí mismos entre un 60% y 70% de sus respectivas economías. Gozan en los buenos y malos tiempos de la protección de leyes de mecenazgo nacionales y autonómicas que ayudan a equilibrar sus arcas o ampliar sus colecciones. Pero imaginen la derrama del 2020 con los patrocinios cerrados y el público confinado.

Foto: ESTRELLA JOVER

En nuestro caso es todavía peor. Aquí no tenemos auténticas leyes de mecenazgo y menos aún de proteccionismo privado. Nadie se ha preocupado en revisar las normas existentes. Nuestras leyes de recursos externos o privados son un auténtico galimatías de aspectos absurdos y doctrinas que después de leídas se necesita un arqueólogo o un psiquiatra para entenderlas. Son leyes tan complicadas como inservibles. La Generalitat en estos años de gobierno progre apenas se ha interesado por ellas. Así nos va.

En cuanto a cifras, de momento sólo sabemos las del IVAM  en el campo de las Bellas Artes. Han sido valientes en esto de la transparencia. Cuando comencemos a conocer, si se atreven, cifras reales del resto de museos locales y provinciales en los que se nos va un dineral cada año en personal, mantenimiento y exposiciones, y en los que ya de por sí sus cifras son muy bajas por naturaleza nos asustaremos.

El IVAM terminó 2020 con 74.000 visitantes frente a los 188.000 del año anterior. Esto es, una realidad muy alejada de los millones que se contabilizaban en la etapa Císcar donde valían para sumar hasta los autobuses turísticos que paraban cada día a sus puertas. El descenso en cifras es de un 60%. Las circunstancias son las que son, está claro. Y las que serán. Pero si dividimos el coste del mantenimiento de nuestros museos más próximos con el número de visitantes que han tenido, la derrama debe de ser de auténtico escándalo. Cualquier empresa seria ya habría cerrado puertas momentáneamente o del todo y estaría a las puertas del ERE, como han hecho tantos auditorios de todo el mundo desde la lógica empresarial y económica.

Lo más curioso es que en nuestro caso los museos y otros escenarios culturales han continuado como si nada ocurriese pese a la pandemia y la sangría de visitantes, aficionados al teatro o melómanos. Gastando lo de siempre y no aplicando otras fórmulas imaginativas. Viven de lo de siempre y a ellos eso de la economía, el ahorro o la razón les da igual. Total, como pagamos los demás…

Todos estos datos nos ofrecen otras dos lecturas muy interesantes: nuestros museos viven del turismo y a la gran mayoría de los ciudadanos locales, les da igual o no les interesa demasiado su oferta.

Foto: ESTRELLA JOVER

Si estos datos no nos hacen reflexionar en torno a nuestra posición y gasto en torno a museos y espacios culturales y su verdadera irradiación, es que algo falla. Además de su difusión y promoción. Por ejemplo, acaban de reabrir salas con nuevas miradas en los museos de Etnología y Prehistoria, dependientes de la Diputación de Valencia, y al parecer casi nadie se ha enterado. El hecho ha pasado desapercibido. ¿Nadie controla nada? 

Pero estos hechos deberían de abrir otra reflexión más preocupante. ¿Realmente necesitamos de tantos museos vacíos de público a lo largo del año que no consiguen movilizar a la sociedad valenciana para despejar la cabeza incluso  en tiempos de pandemia aún siendo gratuitos? ¡Y aún quieren abrir más!

Algo  hacen muy mal nuestros gestores públicos. No somos una sociedad de museos ni de exposiciones, salvo si la lidera un gran nombre, por mucho que nos abrumen los centros públicos, semipúblicos y privados con sus inauguraciones de rigor que hasta se solapan en fecha y hora. Más allá de la competencia interinstitucional, existe una realidad a la vista de las estadísticas.

Pero todavía va a ser peor porque ni siquiera estos datos servirán para que las instituciones se pongan de acuerdo y ordenen un panorama que no va a ningún lado. Continuaremos gastado millones en exposiciones temporales de todo tipo muchas incluso dispensables.

Peor es comprobar cómo después de un año de crisis nadie ha sido capaz de poner o intentar poner cierto orden a la situación.

Sin visitantes ni coherencia continuaremos gastando por exposiciones temporales y gastos añadidos porque, por lo visto, nadie se ha parado a pensar que nuestros impuestos sólo sirven para que lo disfruten mayormente los turistas pero no para garantizar el crecimiento intelectual de la sociedad que las financia.

Todo ello demuestra una vez más que nuestros gestores políticos del ramo no están a lo que deben. Sólo les preocupa inaugurar, su propia promoción y, claro está, la fotos de autocomplacencia y vanidad. Los demás pagamos a escote exposiciones, subvenciones y chanchullos escondidos bajo discursos triunfalistas y hasta falsos.

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