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València a tota virolla  

Arco chino o libertad: el efecto Chikilicuatre del enésimo reclamo turístico

Una excusa formidable para aventar el debate urbano entre el fondo y la forma, entre el reclamo y el símbolo

20/03/2021 - 

VALÈNCIA. Los análisis más maldicientes señalan que la ‘victoria’ de las puertas decorativas de entrada al ‘barrio chino’, a su paso por Pelayo y Convento Jerusalén -una propuesta resultante de los presupuestos participativos Decidim-, podrían en realidad ser un Chikilicuatre. Una iniciativa para hackear el proceso y colar a un intruso insospechado. Si así fuera -que no lo es; lo peor es que van en serio- el gran logro indirecto residiría en haber conseguido aventar un debate urbano que se balancea entre el reclamo y el símbolo, entre el fondo y la forma.

Se ha montado una escandalera opinativa, un reguero de bombitas, que ya imagino la instrucción de un atestado a la altura de Convento por tumultos al grito de ‘¡Arco chino o libertad!’.

No hay para tanto, aunque da para hablar mucho. Está la obsesión por demarcar y señalizar guetos mercadotécnicos. Está la superposición de capas identitarias: los autodenominados pioneros se arrogan el derecho preferencial a etiquetar las calles. Está la necesidad de convertir el estrato social en folclore. Está la propia construcción de los arcos monumentos: cómo deben ser, cómo conviven con el entorno patrimonial. Está la vocación melancólica de querer poner puertas al campo al estilo del Portal de la Valldigna o de engalanar el paso, como el arco de Carme Teatro en la calle Gutenberg. Está, también, la aversión conservadora por no ser algo distinto a lo fuimos (como si la ciudad, genéticamente, no fuera ya un proceso de evoluciones cruzadas). Y está, especialmente, la tentación de confundir las mejoras urbanas bajo el trampantojo de las artes decorativas con las que epatar al prójimo de paso.

Foto: KIKE TABERNER.

La diseñadora y experta en objetos urbanos, Virginia Lorente, afina los vértices del debate: “Me llama la atención, revisando las noticias, que en todas ellas se indica que València será la primera ciudad de España que colocará estos arcos, como si esto se tratara de un logro. Me genera muchas dudas, dudas respecto a las propuestas participativas, ¿todo vale? ¿Todo se puede plantear? ¿Todo es susceptible de ser votado? ¿O los planteamientos deberían pasar un filtro? Son decisiones que afectan a la ciudad y que todas ellas requieren de un planteamiento bien reflexionado a nivel urbanístico y social.Y que conste que de estos presupuestos han salido proyectos que han mejorado mucho la ciudad, pero en este caso, implica “etiquetar” un barrio”, plantea Lorente antes de desenfundar su batería de interrogantes:  “¿Supone un planteamiento integrador para la comunidad china? ¿El hecho que se aglutinen una serie de comercios y entiendo que un mayor porcentaje de vecinos de nacionalidad china en un barrio lo convierte en “barrio chino? ¿Y qué sucede con la identidad propia o histórica del barrio? Creo que antes de etiquetar, rotular y acotar un barrio hay que analizarlo, entender si realmente hay una identidad asentada, en que vecinos y comerciantes se sientan identificados con ella”. Y concluye:  “Me genera mucha inquietud los dos argumentos principales: 1, ser la primera ciudad del Estado en tenerlos, 2, que supongan un reclamo turístico. Ambos me parecen de una frivolidad y superficialidad poco recomendable”.

Antonio Liu Yang es abogado, facilitador intercultural y consultor de negocios España - China. Conoce bien a la comunidad china residente en València… casi tanto como a la propia comunidad valenciana en la ciudad. Su trabajo desde hace años tiene que ver con generar conexiones entre unos y otros. Liu Yang recuerda lo que sucedió hace cerca de una década en el barrio Fondo de Barcelona: “donde el Chinatown es una realidad. Allí se propuso el mismo proyecto pero fue rechazado por los concejales en su día argumentando que es algo excluyente de otra población de Fondo, que las personas de otras nacionalidades podrían sentirse discriminados por tener un arco y que Fondo solo sea Chinatown. 

Foto: KIKE TABERNER.

"Esto lo escuché hace casi 10 años -plantea Antonio Liu Yang- y todo ha cambiado desde entonces. Las tres calles del centro de Valencia se han convertido en una Chinatown de hecho, con negocios cada vez más modernos y que aportan valor a la ciudad. Pienso que puede ser una buena idea y veo la parte positiva de mezclar culturas. Como facilitador intercultural me gusta la fusión y la integración, en otras palabras, que no sea una "cosa de chinos para chinos" sino que aporte valor en ambas direcciones. Es verdad que es un símbolo que podrá atraer turistas y contribuirá al motor económico de la ciudad en la nueva normalidad pero habrá que barajar también donde situar los arcos; pensar en las Fallas, en el mercadillo de los martes, las ferias de navidad, en la dificultad de tráfico... etc”.

Pensando en su construcción, Liu Yang plantea la necesidad de “contar con un equipo mixto, por lo menos con asesores de origen chino. Aprovechando que València será capital del diseño en 2022 sería un buen momento de hacer algo diferente, creativo y fresco, un diseño único que fusione Valencia y China, siempre con el peligro que nos tachen de no puristas. Hacer una buena fusión en el diseño requiere entender bien ambas culturas. Mi mayor miedo en este tipo de obras es que el resultado final sea buenas intenciones pero malas ejecuciones, que intentando hacer algo "chino" salga mal. ¡Te puedo dar muchísimos ejemplos de ello! Campañas publicitarias que fracasan pensando que es un guiño hacia la cultura china y resulta ser un tabú”.

Foto: KIKE TABERNER.

Al calor de la diatriba, un vecino del barrio bien conocedor de la cultura china, Víctor J Pérez-Rubio, generaba un hilo bien provechoso que llenaba de matices la cuestión: “No tinc una possició clara al respecte. Per un costat, sóc amant de la cultura xinesa, com d’altres cultures al món, però crec que en compter de situar 2 arcs junt al carrer Xàtiva, la localització d’un únic arc xinés estaria millor vora el carrer Pelai n47, junt a la plaça de l’edifici de la Seguretat Social per diferents motius”, plantea.

“El primer és per mantindre l’estètica de finals del s.XIX i començaments del s.XX, del barri. Al meu parer, si altres mesures es possaren en lloc, el carrer Convent de Jerusalem té una  gran bellesa, i esencia valenciana. I és en part perque les seues façanes estàn protegides. (...) El segon és que l’entorn on s’ha proposat colocar els arcs té una alta càrrega de patrimoni arquitectònic i cultural. (...) Suposse que quant més afora al carrer Xàtiva, més afectaria visualment. La meua proposta pense que afecta menys al patrimoni local. (...) El tercer, és que si el que es preté és que siga un atractiu per a visitar el barri, seria més efectiu possar-ho dins i no fora del barri de la Roqueta. Trobe més efectiu un arc al carrer Pelai 47. És un sistema de marketing: la gent que vullga visitar l’arc, passejarà pels carrers abans d’arribar a l’arc, traduint-se en més visites als comerços de la zona. Si vol, tornar al centre, passejarà de nou cap al nord, tal vegada per altre carrer. Si es situa fora, al carrer Xàtiva no tindrien perque entrar si ja han vist el més interessant. El quart és que actualment és una zona de molt trànsit, tant de persones com de cotxes. Possar una atracció on la gent es pare a fer-se fotos, quedar, etc. i que a la vegada els cotxes tinguen que passar, va a complicar-ho encara més. (...) El cinqué és que si es situa per la part baixa del barri, la part alta del barri pot representar l’entrada (o eixida) gradual a València, amb el trinquet Pelayo com a màxim exponent. El trinquet Pelayo té una proposta per donar relleu a la catedral de la pilota, i trobe que si es pugueren juntar ambdues propostes, una a la part nord del carrer i una a la part sud, on propose, podriem crear un espai de convivencia entre les cultures. (...) El sissé, és l’arc en si. (...) Si es té que fer una evaluació més profunda del projecte, i volem tindre qualitat en el resultat, jo concentraria tots els diners en fer un arc millor, que no dos de menys qualitat”, concluye Pérez-Rubio.

La posibilidad de los arcos chinos para Pelayo proyecta el sonido formidable de las placas de la ciudad en movimiento. 

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