VALÈNCIA. La cuestión sobre qué es y qué no es arte, qué entra dentro de según qué categorías, ha ocupado no poco tiempo de reflexión, tinta y algún que otro sudor frío entre los expertos en la materia. Dónde se encuentra arte es una pregunta sin respuesta o, dicho de otra manera, con muchas respuestas válidas, una reflexión que sigue construyéndose mirando de lado a lado, al futuro y al pasado. O, en plural, a los futuros y los pasados. En ellos está el gran relato del arte pero, también, en los gestos, lo cotidiano, la intimidad y la vida en comunidad.
En todo ello posa la mirada el Institut Valencià d’Art Modern (IVAM) con la exposición colectiva A media lumbre, que reúne un conjunto de obras que dialogan con materiales y saberes históricamente consideradas “artes menores” como cerámica, barro, lana, textiles, bordados y fibras naturales, a los que se suma una reivindicación de la tradición oral, que funciona “como memoria y como vehículo”. “Integrar todas estas técnicas y sabidurías relegadas tiene que ver con desjerarquizar epistemologías”, subrayó la directora del museo y comisaria de la muestra, Blanca de la Torre, durante la presentación de la misma.

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- Foto: JUAN GARCÍA/IVAM
Esta mirada a la tradición, a lo folklórico y a lo saberes asociados a lo rural -aunque la muestra también indaga en lo urbano- forma parte de un movimiento mucho mayor que tiene su eco en el cine o la literatura, un acercamiento en el que también cabe el debate sobre la nostalgia o romantización que se puede dar en ese acercamiento. No rehuyó la directora la cuestión, quien desde un primer momento puso sobre la mesa que uno de los objetivos era huir de esa idea edulcorada, sin esquivar la belleza que hay en esos procesos. “Hay mucha honestidad a la hora de abordar estas piezas, ninguno de los artistas trabaja estos materiales puramente desde lo estético”.
El título de la muestra está inspirado en el filandón, aquellas reuniones en torno al fuego donde se realizaban labores manuales mientras se contaban historias, un concepto que remite a los trabajos tradicionales pero, también, al concepto de legado, de memoria, de patrimonio, aunque sin dejar de pensarlas en “clave de futuro”, incidió De la Torre, quien presentó la muestra junto a la secretaria autonómica de Cultura, Marta Alonso, y el Coordinador de Cultura y Turismo en el Ayuntamiento de Palma, Fernando Gómez de la Cuesta. “Si estas tradiciones se pierden repercute directamente en el territorio”.
Una exposición que se ve, se escucha y se huele

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- Foto: JUAN GARCÍA/IVAM
La imponente Hilera de tradiciones de Ana Laura Aláez da la bienvenida al visitante, una instalación que parte de un recuerdo infantil, la imagen de una mujer frotando con un manojo de fibra vegetal la chapa de una cocina de leña hasta hacer surgir el brillo del metal. A través del esparto compone una obra que evoca dureza y fragilidad, una pieza que en cierta medida se conecta con la propuesta de Laura Segura, una gran trenza que cae del techo de la sala formada con una fibra extraída del agave sisalana.
El recorrido es multisensorial, una visita en la que lo físico es clave pero, también, el elemento sonoro y hasta olfativo. En este último campo se enmarca The Fall de Julie C. Fortier, que presenta una escultura que toma la forma de un monumental collar de cuentas de porcelana y vidrio de la que emana un aroma de sotobosque húmedo. El ámbito sonoro es importante tanto en el alma de la exposición, en su construcción intelectual, como en su propio resultado mediante piezas como la instalación sonora Chaguarmishqui de Saskia Calderón, en la que traduce en una composición el líquido dulce extraído del penco.

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- Foto: JUAN GARCÍA/IVAM
Cerámica y tejidos constituyen con todo los núcleos de la muestra, una exposición que se huele, se escucha y, aunque no se pueda tocar, se hace fuerte desde lo material. Los acercamientos a los recipientes de Sandra Mar o Nuria Riaza o a la azulejería, de la mano de Javier Bravo de Rueda o Susana Cámara Leret, conviven con piezas como las sandalias de cerámica creadas por Cecilia Jurado Chueca, inspiradas en los ushutas, unos zapatos milenarios preincas, o las flores de porcelana de Noemi Iglesias Barrios, coloreadas con pigmentos de cobalto extraído de móviles desechados.
La lana, el esparto o el algodón, a través de los proyectos de Adriana Meunié, Sonia Navarro o Lara Ordóñez, vinculan las memorias orales y colectivas y lo doméstico a través de piezas que nadan entre la delicadeza y los ritmos de la vida rural, un camino que desemboca en la instalación de Josefina Guilisasti quien, en colaboración con Stephanie González, la antropóloga Tefa Gonzales y doce artesanas de la comunidad Rari de Chile, da forma a una instalación de mariposas que sobrevuelan el IVAM.
Crear en colectivo

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- Foto: JUAN GARCÍA/IVAM
Crear en colectivo y desde el colectivo es precisamente una de las cuestiones que marcan la muestra, tanto en su espíritu como en su propuesta. Esto se refleja en piezas como Guapa, de Pilar Albarracín, un bordado creado en colectivo que se apropia de formatos propios de las fiestas populares como pancartas o estandartes. Otras han sido diseñadas a partir de experiencias comunitarias como la Txapela Big Size de Laurita Siles, que surge de una residencia en Idaho, un territorio marcado por la diáspora vasca y su memoria pastoril.
La colaboración entre creadores también ha dado sus frutos con proyectos como la sugerente propuesta de Jessica Stockholder, una instalación creada en colaboración con los artesanos mallorquines Pep Toni Ferrer y Magdalena Vidal, cuyo trabajo contribuye a la preservación de técnicas como la llatra, un trenzado con hojas de palmito empleado para crear cestas o capazos; o el trabajo de Antonio Fernández Alvira, que da nuevas formas a una serie de piezas de barro y metal surgidas de la mano del último alfarero de una saga familiar de un pequeño pueblo de Huesca.
Aunque no es la primera exposición que comisaria De la Torre para el museo -en septiembre diseñó Habitar las sombras- con A media lumbre fija de manera definitiva varios de los planteamientos que dan forma a su proyecto para el centro. El primero de ellos, el más obvio, tiene que ver con la cooperación entre instituciones, no en vano es un proyecto que continuará en el Casal Solleric y Es Baluard Museu d’Art Contemporani de Palma, en el CDAN de Huesca y en el Museu Terra de L’Espluga de Francolí.
Así, la exposición viajará con adaptaciones y versiones enraizadas en cada uno de sus hogares, un viaje que también hará la propia museografía, diseñada para que se pueda reutilizar. “Esta exposición, para quienes conocen mi trabajo, ejemplifica muy bien no solo mis líneas de investigación sino que que incluyen algunas de las líneas maestras del proyecto del IVAM. Patrimonio, sostenibilidad y territorio eran ejes centrales y se pueden ver de una manera muy clara”, explicó la directora del museo.

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- Foto: JUAN GARCÍA/IVAM