VALÈNCIA (EP). Una civilización que se transforma con cada interacción humana. Esta era la premisa de la obra digital 'The World of Irreversible Change', instalada desde la apertura del Centro de Arte Hortensia Herrero (CAHH) de València en noviembre de 2023, en la que el pasado sábado estalló la guerra después de más de dos años de paz en la aldea japonesa que representa. Llamas, katanas y destrucción pueblan la instalación por la interacción de visitantes que la han contemplado y que así lo han querido.
La creación audiovisual, compuesta por una serie de pantallas y por unos sensores de proximidad, permitía al público que interactuara con ella, con la advertencia de que cualquier acción transformaría la civilización. El cambio irreversible llegó el pasado 14 de febrero a las 18.45 horas, cuando la obra alcanzó su "límite" y uno de los habitantes del poblado japonés empezó a golpear a otro, tras lo que se desató la guerra.
Apenas 48 horas después, la destrucción es total: toda la aldea está en llamas y repleta de cadáveres, mientras sus habitantes siguen luchando con katanas. Son los últimos coletazos de una civilización con la que el colectivo de artistas japoneses que está detrás de la obra, teamLab, quiere demostrar que todos los actos humanos tienen consecuencias y que los cambios son completamente irreversibles. "Ya no hay marcha atrás", ha explicado a Europa Press uno de los mediadores del centro cultural.

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- Foto: Rober Solsona / EP
'The World of Irreversible Change' es una creación de teamLab, un colectivo multidisciplinar compuesto por más de 600 personas que se dedica a crear experiencias inmersivas como esta, que fue adquirida por el Centro de Arte Hortensia Herrero para incorporarla a su colección permanente desde que abrió sus puertas.
Se trata de una obra compuesta por varias pantallas que recuerdan a los biombos y que representaba el día a día de una aldea japonesa ficticia situada en el siglo XIX, con todas sus costumbres y festividades, pero también la evolución de la meteorología y de las estaciones del año en la ciudad donde está instalada, en este caso València. "Si llueve en València, llueve dentro de la obra", ha indicado el mediador.
Estas pantallas están encendidas durante el horario de apertura del centro de arte y se apagan cuando cierra, pero detrás de ellas hay un ordenador permanentemente encendido para que la obra siga funcionando y recibiendo actualizaciones. Tras desatarse la guerra, el museo ha decidido abrir excepcionalmente este pasado domingo por la tarde y durante este lunes -cuando habitualmente cierra- para que el público pueda contemplar el final de esta civilización.
"No sabemos cuánto va a durar la guerra"
La expectación es máxima incluso para los propios trabajadores del centro: "No sabemos cuánto va a durar la guerra exactamente, no sabemos cuánto tiempo van a estar así y ya lo iremos viendo". De lo único que están seguros es de que la civilización que representa la obra no podrá regenerarse, aunque sí pueda brotar algo de naturaleza cuando la guerra acabe, las llamas se apaguen y solo queden cenizas. "La idea de los artistas era esta: que hay cambios que son completamente irreversibles y que no se puede volver".
Todos estos cambios son fruto de más de dos años de interacciones de los visitantes al centro, quienes podían elegir si interactuar o no con la obra aun sabiendo que tendría consecuencias. En un principio, lo que sucedía es que los vecinos de la aldea "se sentían molestos", como si hubieran recibido "un empujón", y entonces reaccionaban protegiéndose o comenzaban a correr.
"En las visitas guiadas, alguien decía que 'por una interacción no va a pasar nada', otros se echaban para atrás y decían 'vamos a dejarles tranquilos'. Y, al final, obviamente ha sucedido", ha comentado uno de los mediadores del centro de arte, cuyas redes sociales reciben mensajes de visitantes interesados por cómo está la aldea.
Durante las últimas semanas, los trabajadores del centro se habían percatado que algunos de los personajes de la obra estaban "bastante estáticos", pero no sabían que se iba a desatar la guerra tan pronto. A la espera de que muera toda la civilización, la instalación seguirá abierta al público, con la incógnita de cuándo llegará ese final.
"Lo único cierto es que no va a haber otra actualización de la obra (...). Cuando finalice la guerra crecerán plantas, quedará un paisaje en el que la naturaleza habrá cubierto todo y ya está, no volveremos a ver esa aldea", ha avanzado el mediador, quien ha recordado que ese momento será "el final de la obra de arte".