VALÈNCIA. El Centre del Carme Cultura Contemporània (CCCC) presenta la exposición ‘The Subversive Stitch’, de María Carbonell, una muestra que une la tradición textil con la lucha feminista, recuperando la memoria de las sufragistas británicas y poniéndola en relación con las reivindicaciones de los movimientos actuales.
El director-gerente del Consorci de Museus de la Comunitat Valenciana (CMCV), Nicolás Bugeda, ha presentado la exposición junto a la autora y a las comisarias, María Soledad González-Reforma e Isabel Tejeda.
En este sentido, Bugeda ha señalado que Carbonell abre el CCCC al arte textil, “un arte que está cada vez más presente en la práctica artística contemporánea y que transforma una tradición asociada a las labores del hogar en una reivindicación de la igualdad y el papel de la mujer”.
La exposición tiene su origen en el trabajo de investigación que realizó Carbonell durante su residencia de creación del Consorci de Museus en el Centro Cultural Las Cigarreras de Alicante. Allí, recogió el legado de las sufragistas británicas, analizando uno a uno los patrones, bordados, colores y formas de los estandartes de entre siglos que utilizaban en sus marchas. Un trabajo que se presenta ahora de forma ampliada para la citada exposición.
Según la artista, esta exposición habla sobre el textil y el cuerpo a través de una genealogía de mujeres. “A través de los diez estandartes que hay colgados en la sala, establezco un puente simbólico entre el movimiento sufragista británico y el activismo feminista contemporáneo”, ha indicado.
“Estos estandartes que las sufragistas utilizaron en sus marchas en Londres, entre 1907 y 1913, para reivindicar el derecho al voto fueron muy importantes, porque constituyen la primera vez que las prácticas textiles se utilizaron como herramientas para la reivindicación política, un lenguaje asociado al espacio doméstico, a lo femenino sale por primera vez al espacio público”, ha reconocido Carbonell.
El título de la muestra remite al libro 'The Subversive Stitch' (1984), de Rozsika Parker, en el que se analiza cómo el bordado ha operado simultáneamente como mecanismo de domesticación femenina y como potencial espacio de emancipación y resistencia.
Según las comisarias, “el textil ha sido históricamente un dispositivo de construcción de lo femenino, un símbolo de virtud, dedicación, pureza o fidelidad. Labores silenciosas, silenciadas y excluidas, hasta hace poco, de los relatos legitimados del arte”.
Así, han resaltado que Carbonell “liga el primer feminismo con las reivindicaciones actuales, con lemas que van desde las manifestaciones del 8M en España hasta movimientos como el #MeToo en Estados Unidos”.
Del textil de las sufragistas al arte de la Bauhaus
El recorrido expositivo se inicia con un gran tapiz en el que la artista introduce una estratigrafía donde reconocer la obra de mujeres artistas que reclaman su lugar en la historia del arte. Carbonell reproduce diseños de artistas de la Bauhaus como Anni Albers o Gunta Stölzl, y de la obra de la artista Matilde Calvo Rodero, que dignificó las artes decorativas.
Junto a ello se pueden ver los bordados de las sufragistas, donde se reconocen los colores del feminismo originario (el verde, el violeta y el blanco), así como los propios bordados de la artista y los de su madre, introduciendo también aquí las técnicas propias de su tierra, Murcia.
La segunda sala se abre con un mapa visual que se expande sobre el muro como una constelación de genealogías que sostienen las banderas, el corazón de la exposición. El mapa conecta el movimiento sufragista británico con colectivos contemporáneos como Femen, SlutWalk, Las Tesis o Pussy Riot, estableciendo líneas de continuidad en sus lenguajes y discursos.
Frente al mapa, tres vitrinas muestran los bocetos, pruebas de color y muestras de tejido que documentan las elecciones materiales de la artista. Sobre ellas se disponen diez banderas, cuya altura remite a la forma en que desfilaban en el espacio público a comienzos del siglo XX. “Se presentan como presencias verticales que reclaman su espacio, trasladando al interior de la sala la memoria de ocupación de la calle, poniendo en evidencia la traslación del espacio político al lugar artístico en la exposición” han explicado las comisarias.
Materiales como el raso, terciopelo, algodón o satén y técnicas como el bordado, ‘appliqué’ o pintura textil incorporan lemas contemporáneos como ‘My Body Belongs to Me’, ‘Nombremos a todas, vivas y muertas’, ‘My Clothes Are Not My Consent’ o ‘Y la culpa no era mía, ni dónde estaba ni cómo vestía’. Según las comisarias, “la artista reescribe las banderas haciendo visible que un movimiento social es algo vivo, que se hereda, se transforma y se adapta a su tiempo, y cómo un acto tan pacífico como el bordado puede ser vehículo de importantes reivindicaciones”.