VALÈNCIA. Hablar del Institut Valencià d’Art Modern (IVAM) es hablar de Julio González. La donación de la galerista y editora Carmen Martínez y Vivianne Grimminger, herederas de su hija Roberta González, fue la piedra angular para la creación del museo valenciano, que se convirtió desde entonces en la institución referencia en el mundo para conocer la obra del artista, unos fondos que actualmente suman aproximadamente 400 obras, además de la biblioteca y archivos.
En este movimiento fue clave la figura del que fuera su primer director, Tomás Llorens, una tarea de recuperación y difusión de la obra del maestro del hierro -y de su entorno directo- que ahora está en manos de otros actores, aunque con mismo objetivo. Por un lado, Blanca de la Torre, directora del museo valenciano, y por otro Philippe Grimminger, actual gestor del legado del escultor.
Ambos cortaron esta semana la cinta inaugural de La mujer en la obra de Julio González, una nueva revisión de los fondos comisariada por la experta Brigitte Leal, en este caso poniendo el foco en la representación de la mujer en su obra así como en el “clan matriarcal” desde el que operó González. Su apertura marca la primera renovación en años de la propuesta expositiva del IVAM en la sala dedicada al autor, una propuesta que se sitúa como un nuevo hito en un legado que todavía tiene camino por recorrer y sobre el que Philippe Grimminger tiene mucho que decir.
- ¿Qué supone para usted ser el encargado del legado de Julio González?
- Para defender la obra de un artista hay que definir que es lo que queremos hacer. Soy la tercera generación, tras su hija Roberta y Carmen y Viviane, que han hecho muchas cosas -donaciones, exposiciones o catálogos-; ahora tenemos que continuar difundiendo la obra, siendo especialmente atentos con los certificados de autenticidad, y enriquecer la base documental, obteniendo informaciones complementarias para saber más sobre las piezas.
Esta es la primera etapa, la segunda pasa por difundir nuestra colección privada, colaborar con instituciones y difundir su legado a través de exposiciones o conferencias, prestando especial atención al ámbito digital. Precisamente, antes de ocuparme de su obra, yo tenía una empresa de informática, así que he utilizado mis habilidades para crear una base de datos de la obra tanto de Julio González como de Joan y Roberta. Aquí es importante, además, el impulso del Catálogo Razonado. El objetivo es difundir y enriquecer la presencia de Julio González a nivel mundial.

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- Foto: MIGUEL LORENZO
- En este proceso, ¿hay lugar para las sorpresas?
- Aquí es clave el trabajo de la doctora Amanda Herold, que junto a la Fundación Azcona da forma a este catálogo. Efectivamente, con el tiempo, hemos ido preguntando a instituciones de todo el mundo y hemos descubierto nuevas obras. Por ejemplo, descubrimos una veintena de dibujos que custodiaba un museo en Jerusalén, piezas que no sabíamos que habían acabado allí. Este proceso nos ayuda a hacer una cartografía internacional de las instituciones públicas que tienen representación de obras de Julio González.
- La exposición que vemos en el IVAM sería imposible sin esa donación por parte de Carmen Martínez y Viviane Grimminger. Quizá mucha gente se pregunte cómo acabó en València y no en otro museo.
- El origen se remonta a un tiempo en el que todavía no existía el IVAM. Tomás Llorens conoció a Viviane y Carmen, que en ese momento ya tenían un proyecto para abrir una fundación en Francia, aunque no habían conseguido todavía llevarla adelante. Llorens les propuso realizar esa donación, además de una serie de adquisiciones, para crear alrededor de la colección un proyecto museístico que también sería un centro de investigación. Juntos dieron forma a este proyecto que gira en torno a 400 obras. Hoy en día el IVAM posee el fondo más importante de Julio González del mundo.

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- Foto: MIGUEL LORENZO
- En los últimos años también se han realizado proyectos para recuperar la figura de Roberta González, ¿es todavía una desconocida como artista?
- La obra de Roberta González es de aproximadamente 3.000 piezas, unos 600 cuadros y alrededor de 2.300 dibujos. Es una artista que trabajó mucho, pero pasó gran parte de su tiempo promoviendo la obra de su padre. Cuando conoció a Hans Hartung, un pintor alemán clave en la abstracción gestual, Roberta se encontró entre ambas figuras. Aunque continuó produciendo obra, dedicó mucho tiempo a la promoción de la obra de Julio González y de Hans Hartung y no de la suya. A pesar de que su obra llegó a ser premiada y reconocida en algunos espacios es ciertamente menos conocida.
Precisamente Amanda Herold realizó un estudio sobre ella que se llamaba 'La artista entre dos', entre su padre y su marido. Evidentemente, es una época en la que todavía es difícil para una artista mujer, aunque ellos la animaban a continuar produciendo su obra. Nuestro rol es promover su trabajo, algo que ya hemos hecho con algunas exposiciones, catalogando su obra y realizando una donación al Centre Pompidou, que le dedicó una muestra hace dos años. Es un trabajo en el que definitivamente queremos incidir, es parte de nuestra misión.
- Además de su obra, también está el legado personal que da cuenta de esa parte más íntima de Julio González, en la que se incide en la nueva exposición del IVAM, ¿qué le gustaría que supiera el público sobre él?
- Evidentemente yo no formo parte de la familia, es difícil hablar de esos vínculos, pero contamos con escritos, algunos de Roberta González, que nos hablan de un Julio bastante divertido, que protegía mucho la esfera familiar. La familia era algo extremadamente importante para él. Era un hombre que no quería pertenecer a ningún movimiento, que expone en el Salón de los Independientes, y muy apasionado por la creación. En todo caso, hay poca información sobre su vida personal, era muy protector.
- Brigitte Leal dice que muchas veces la obra de Julio González ha estado a la sombra de Pablo Picasso, lo cual es un error, ¿qué piensa de esto?
- Pienso exactamente como ella. Los especialistas de Julio González, Tomás Llorens, Brigitte Leal o Amanda Herold, están de acuerdo en que le daba poca importancia a la promoción de su obra. Picasso y González eran verdaderamente amigos y puede que sí hubiera esa cierta sombra, hablamos de una persona muy importante en el mundo del arte y de un escultor excepcional, al que el propio Picasso pidió obra, pero más discreto. Es importante por eso seguir trabajando para resaltar esa identidad en la obra de González.

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- Foto: MIGUEL LORENZO
- Además del IVAM, la obra de González forma parte del Centre Pompidou, el Reina Sofía o del Museum of Modern Art de Nueva York, ¿siente que es suficientemente reconocida o todavía queda camino por andar?
- Hay lugares en los que Julio González todavía no está presente, como China o los Emiratos Árabes. Nuestro trabajo es continuar con esa promoción mundial de su obra para que esté presente en todos los continentes. Gracias al trabajo de Roberta, Carmen y Viviane tenemos fondos importantes en museos como el IVAM, el Reina Sofía o el Pompidou, lo que permite hacer propuestas expositivas temáticas o retrospectivas. A esto se suma nuestra colección particular, que permite enriquecerlas. Queremos seguir incidiendo en estas colaboraciones con instituciones y proponer que puedan ser presentadas en distintos espacios del mundo.
- En este proceso imagino que el IVAM es clave.
- El IVAM tiene un papel extremadamente importante y nuestra colaboración actual, desde la llegada de Blanca de la Torre, permite reforzar estos vínculos. Estoy muy agradecido al IVAM por su trabajo.