VALÈNCIA. Nunca se fue, pero vuelve. Y lo hace de manera distinta. Y acompañado. Los fondos de Julio González se despliegan de nuevo en el Institut Valencià d’Art Modern (IVAM) con la primera revisión en años su obra, una obra que es parte fundacional del museo gracias a las donaciones de Carmen Martínez y Viviane Grimminger. Ellas fueron clave en la difusión de su legado como lo son de un nuevo relato expositivo que quiere poner en valor tanto su producción en torno a la figura de la mujer como ofrecer una mirada más íntima a través de figuras como su esposa, Marie-Thérèse Roux, o su hija, la también artista Roberta González.
“Podríamos pensar que queda poco por añadir sobre esta figura fundamental, pero existen artistas cuya obra admite relecturas inagotables y Julio González es uno de ellos. Esta exposición introduce una perspectiva absolutamente innovadora”. “Es una historia que jamás había sido estudiada”. Blanca de la Torre y Brigitte Leal, directora del IVAM y comisaria de la exposición respectivamente, firman las dos declaraciones que inician este párrafo, que son tanto entrecomillados como de intenciones, una relectura "innovadora" que nace con ganas de poner en valor la mirada del artista a la mujer y, también, desde la sorpresa por que no se haya hecho hasta ahora.

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- Foto: MIGUEL LORENZO
Junto con la secretaria autonómica de Cultura, Marta Alonso, y el heredero y administrador del legado del artista, Philippe Grimminger, presentaron la muestra La mujer en la obra de Julio González, que abre sus puertas en el día del aniversario del fallecimiento del artista y como plato fuerte de los actos en torno a su 150 aniversario, un relato que no va de reescribir la historia sino de mover unos centímetros los focos.
Los "olvidados" de la historia del arte
Así, la exposición es representativa de “una nueva historia del arte atenta a los 'olvidados de la historia', incluidas las mujeres, durante mucho tiempo ignoradas”, incidió la directora del IVAM. No se trata, en todo caso, de "inventar un Julio González feminista, ya que, evidentemente era un hombre del siglo XIX y no se podía romper con esas ideología”, declaró Brigitte Leal durante su parlamento, quizá avanzándose a las suspicacias de aquellos anclados en el pasado. Pollaviejas o señoros, los llaman en redes sociales.
Que el IVAM presenta un Julio González distinto al de otras ocasiones se percibe desde el primer momento en el que uno pisa la sala, un diseño de Manel Jiménez que deja el atrás el cubo blanco para pasar a la calidez de las maderas y unos muros amarillentos que envuelven unas obras que completan un puzzle tan artístico como familiar. No en vano, algunas de las primeras piezas que presenta el recorrido son joyas y objetos decorativos realizados en el taller familiar en el que trabajaba junto a su madre y hermanas, desde donde operaron como una “comunidad artística” y desarrollaron piezas cercanas al art nouveau y art déco.

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- Foto: MIGUEL LORENZO
Poner el foco en este "clan matriarcal" no es un capricho ni algo “anecdótico”, pues entender su entorno creativo y familiar da una nueva y necesaria dimensión a la obra del gran maestro de la escultura en hierro. A partir de ahí, la exposición plantea una sucesión de miradas que exploran las distintas maneras en las que Julio González ha representado a la mujer, empezando por esos trabajos realizados en familia, primero en Barcelona y luego en París, o los numerosos retratos realizados de Marie Thérèse.
A través de su producción, González también pone negro sobre blanco los cambios sociales de la primera parte del siglo XX, avances que quedaron reflejados en buena parte de su obra. “Él vio esa emancipación de la mujer y la trabajó en dibujos y esculturas, algo que no veo en otros autores”, subrayó la comisaria durante la presentación. En este sentido, la obra de González da cuenta ese París después de la Primera Guerra Mundial en el que las mujeres que habían ocupado el lugar de los hombres movilizados se han profesionalizado así como adaptado su vestimenta a actividades tradicionalmente masculinas.

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- Foto: MIGUEL LORENZO
En esta serie de piezas también refleja el nacimiento de un público lector femenino, una conquista de finales del siglo XIX que González traslada a planchas metálicas o latón repujado, o el tema de la campesina, omnipresente en la obra de González, un recorrido en el que destaca la tensión de la dualidad entre La mujer ante el espejo y La Montserrat, figuras que conviven en la muestra con las de los punzantes hombres-cactus.
El grito de Dafne
Este recorrido también habla de mitos y leyendas, de miradas clásicas que González tradujo a través de su particular lenguaje plástico, como esa “tentadora” Eva de Rodin que inspiró algunos de los desnudos desarrollados por el creador. Mención especial para una Dafne que mira a la de Bernini que se expone en la Galería Borghese de Roma. “¿Por qué la versión de González nunca ha suscitado ningún análisis de género cuando el tema aborda una cuestión central en las luchas feministas como es la violación?”, desgrana la comisaria el el texto que incluye el catálogo de la muestra.
La propia Leal tomó el testigo de su pregunta durante la presentación de la muestra, en la que reflexionó: "Me parece sorprendente que nadie haya visto que este es el tema. Lo enseña desde su más firme elocuencia, con una figura de dolor y desesperación, con las manos hacia arriba, y casi tiene más fuerza así que si se hiciera con un mensaje más directo. Lo más interesante es que a día de hoy la entendemos tal y como quiso Julio González quiso y no como hace años, cuando no se veía esa visión”.

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- Foto: MIGUEL LORENZO