VALÈNCIA. ¿Cómo puede el ser humano reconocerse en el otro, tal como entendemos la empatía, y compartir ese sentimiento bajo la promesa del lenguaje?¿Puede el amor traspasar esa barrera de la individualidad y dar lugar a formas de realidad funcional compartida? Estas cuestiones, no poco profundas, son el inicio, durante y final -y vuelta a empezar- de Circuito cerrado, una de las exposiciones con las que el Centre del Carme da la bienvenida al nuevo año expositivo.
“La presente exposición propone una reflexión en torno a los conceptos de empatía, amor y soledad, a partir de la concepción del sujeto como circuito cerrado. Es decir, como un ser perceptivamente cerrado en sí mismo, productor y, a su vez, receptor de las capas de realidad que su conciencia genera para protegerse frente a la única verdad de la que dispone, la de su propia muerte”, relata el comisario de la muestra, el alicantino Cayetano Limorte.

- Almudena Lobera, Fossilized Filtered Masks, 2021-2022. Imagen cortesía de la artista. -
El proyecto, que abre sus puertas este miércoles, indaga a través de la escultura, el dibujo, el videoarte o el cine en torno a unas cuestiones cuya base filosófica atraviesa la historia del pensamiento. Cuestión de cuestiones, el recorrido expositivo se articula en dos niveles: el primero, a través de una serie de trabajos que indagan en la creación del yo, del otro y de lo real como elaboraciones mediadas por el lenguaje y los dispositivos de percepción; el segundo, con piezas que confrontan ese impulso de escapar del circuito.
En esta primera capa se encuentran distintas obras que exploran la convivencia con el mundo digital, como la de las artistas Inma Femenía, que presenta Black Mirror, una recreación a gran escala de la pantalla apagada de un teléfono móvil; o la instalación de Almudena Lobera Fossilized Filtered Masks, compuesta por una serie de máscaras que aluden a la aplicación de filtros digitales, algo común dentro del contexto de las redes sociales, un trabajo que reflexiona sobre cómo construimos la realidad a partir de esa superposición.

- Kei Uruno, 8 Rooms (Tinnitus Room Series), 2025. Imagen cortesía del artista. -
El recorrido continúa con la pieza de vídeo Subtítulos: saber sin estudiar, de Manuel Saiz, una secuencia de subtítulos hechos a mano que traducen, confirman o desmienten lo que, mirando a cámara, dice el único personaje del vídeo, el propio artista; o el proyecto de Takahiko Iimura, As I see you, you see me, in circuito cerrado de video cámara y monitor enfrentado a otro circuido de video cámara y monitor, separados a unos siete metros de distancia.
El dibujo de Laura Ramírez Palacio, el cuerpo fragmentado de Kentaro Taki y la instalación sonora de Kei Uruno completan esta primera sección de Circuito cerrado, que da paso a obras que exploran ese deseo de trascender la clausura. En este segundo apartado se integran las obras de Ana Esteve Roig, Marta Azparren o el dúo EXOMENO, que enfrentan cada uno dos piezas de vídeo. En el primer caso, dos vídeos que presentan a un grupo de amigos jóvenes pasando el día, mientras que el otro tiene lugar por la noche, cuando duermen; la propuesta de Azparren, por su parte, parte de una anécdota sobre Kafka contada por Gilles Deleuze a sus alumnos, mientras el dúo formado por Yae Akaiwa y Kensuke Sembo muestra a través de monitores a distintas parejas de rostros con los ojos cerrados
Las creaciones con vídeo marcan el proyecto con propuestas como Un chant d’amour, en la que Jean Genet presenta a dos presos se comunican a través del muro que los separa, mientras que Arata Mori pone el foco en la llamada “generación perdida” de Japón y Aya Momose presenta a una mujer que expresa su malestar, frustración y sentimiento de rechazo a su pareja.

- Jean Genet, Un chant d’amour, 1950. Imagen cortesía de Collectif Jeune Cinéma -