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urbanismo

Aunque usted no lo crea, Rojas Clemente es una plaza

La mala planificación urbanística ha provocado que este espacio, ubicado en el centro de Valencia, se asemeje más que nada a un parking

11/10/2015 - 

Situada en el centro del barrio de El Botànic, a la Plaza Rojas Clemente le queda poco de plaza más allá de la nomenclatura. Cualquiera que la haya visitado habrá podido observar que, de hecho, en la actualidad se asemeja más que nada a un parking. Escenario de amores adolescentes cuando anochece, zona de reposo de personas sin hogar (casi siempre cerveza en mano y entregadas a una encendida tertulia) y lugar de trabajo de incansables gorrillas, pero un parking en definitiva.

Aunque su estado actual podría hacernos pensar lo contrario, se trata de un enclave con cierta historia, donde en un tiempo no tan lejano hubo un trinquete y hasta un cine. Encuadrada entre el Jardín Botánico de la Universitat de València y dos grandes avenidas (Guillem de Castro y Fernando el Católico) y atravesada por Juan de Mena –el antiguo camino que llevaba desde las Torres de Quart hasta Patraix–, Rojas Clemente podría ser un punto estratégico en la ciudad, dada su proximidad al centro. Sin embargo, esta no plaza ha sido una víctima más de la nefasta planificación urbanística en Valencia.

Los planos oficiales auguraban para Extramurs una ordenación urbana como la que se llevó a cabo en el vecino distrito de L'Eixample. Sin embargo, tal propósito nunca llegó a ejecutarse por completo. “En el conjunto de Extramurs se observan retales, reliquias de tramas urbanas anteriores que quedaron congeladas”, explica el arquitecto Israel Blasco. Como resultado, algunos de los barrios que conforman el distrito se encuentran al borde de la degradación. Rojas Clemente no es más que un ejemplo paradigmático de esta falta de criterio urbanístico.

Bajo la zona azul, la plaza

El 1964, durante la era del desarrollismo, se construyó en esta plaza el mercado municipal Rojas Clemente con la colaboración de la iniciativa privada, importando el modelo que se había llevado a cabo en el barrio de Les Corts de Barcelona. El objetivo era dar cobijo a los tenderos que hasta entonces se plantaban cada mañana al descubierto en la cercana Plaza de San Sebastián, sometidos a las inclemencias del tiempo. Eso sí, solo para aquellos que pudieran asumir el coste de la nueva concesión. Construido en solo cinco meses, se trata del primer mercado moderno de Valencia y, según Blasco, tiene cierto interés arquitectónico, sobre todo por lo que se refiere a sus bóvedas.

el mercado Rojas Clemente se encuentra en una situación crítica, con gran parte de los puestos abandonados, pero sigue siendo un agente muy relevante

En época de bonanza, el mercado llegó a albergar en su interior un supermercado de una importante cadena. En 1988 se instauró el modelo de autogestión, una fórmula que todavía mantienen los mercados más importantes de Valencia como el Central o el del Cabanyal. Sin embargo, la clausura del supermercado en 2008 supuso un duro revés para el resto de vendedores, ya que cada vez era más difícil mantener costes como los de abogacía o secretaría, lo que les llevó a tirar la toalla de la autogestión al año siguiente y acogerse a la red municipal. En la actualidad, el mercado se encuentra en una situación crítica, con gran parte de los puestos abandonados. Pese a ello, sigue siendo un agente muy relevante en el barrio de El Botànic.

“El mercado es importantísimo y su presencia es muy potente”, explica Blasco. De hecho, su construcción determinó en gran medida la forma la plaza y la conversión de la misma en un parking. “Es evidente que un mercado tiene unas necesidades de aparcamiento por logística, por ejemplo para los trabajadores o para facilitar las cargas y descargas, pero la situación actual no tiene ningún sentido”, afirma el arquitecto, que sostiene que la mayoría de personas que aparcan en la plaza no acuden al mercado, sino que se ven obligados a estacionar allí debido al exceso de coches, un problema de movilidad mucho más amplio que afecta al conjunto de la ciudad.

Más allá de las necesidades del mercado, el hecho de que la Plaza Rojas Clemente continúe funcionando como un parking tiene que ver sobre todo con la Ordenanza Reguladora de Aparcamiento (ORA), que clasifica este espacio como zona azul, y con los intereses de la empresa que gestiona este servicio externalizado que el alcalde de Valencia, Joan Ribó, tiene la intención de devolver a la gestión municipal, como manifestó al inicio de su mandato. La modificación de la ORA se presenta, pues, como un paso ineludible para que Rojas Clemente vuelva a ser una plaza.

La plaza como espacio catalizador de la experiencia urbana

El único momento del año en el que la función de parking queda relegada a un segundo plano es durante las fallas. En el centro de la explanada planta su monumento la Falla Rojas Clemente, conocida también con el sobrenombre de “La Cordà” por los espectáculos pirotécnicos que organizaba cuando aquello todavía era una plaza. Se trata de un casal de largo recorrido que ocupa en la actualidad una comisión que, aunque modesta, es el único agente capaz de desafiar la tiranía de los coches y otorgarle otros valores al espacio público.

“La plaza Rojas Clemente no funciona como un espacio identificador y representativo”

Sin embargo, los que más voz deberían tener en cuanto a los usos de la plaza son las personas que viven allí, pero no existe en la zona ninguna asociación de carácter vecinal. “Se echa en falta un colectivo de estas características que se pueda ver representado”, afirma Blasco, que considera que la ausencia de este tipo de entidades es probablemente un reflejo de la problemática que afecta a la Plaza Rojas Clemente, que “no funciona como un espacio identificador y representativo”.

Para este arquitecto, seguidor de Henri Lefebvre y otros autores que defienden lo que se denomina el “derecho a la ciudad”, el espacio no es nunca un objeto apolítico y por lo tanto su análisis debe tener en cuenta también cuestiones políticas. De acuerdo con Blasco, el problema de Rojas Clemente es producto “de la ideología mercantilista que determina que todo se puede comprar y vender, también el espacio. Cuando hablamos de espacio público, ya sea por su titularidad o por sus usos, no se puede desvincular el aspecto puramente físico, espacial, de las cuestiones económicas y sociales”.

Blasco se ha aliado con el festival urbano Distrito 008 para llevar a cabo un proyecto con el objetivo de que Rojas Clemente “responda a lo que tendría que ser una plaza: un intensificador de la actividad urbana, un espacio de intercambio en el que se cataliza la complejidad de la ciudad”. La finalidad, a largo plazo, es que se modifique el régimen de usos de la plaza e incluso su disposición física. Pero para eso es necesario que los agentes que operan sobre el territorio cambien su percepción. Por ello, el proyecto ha iniciado su marcha con una serie de reuniones que pretenden culminar, llegado el momento, en un proceso participativo.

"Hace falta un tejido social vivo y resiliente que resista a las dinámicas económicas”

El riesgo asociado a este tipo de proyectos es la gentrificación, es decir, la sustitución de las capas más bajas de la sociedad por otra población con una capacidad adquisitiva mayor, normalmente vinculada a lo que se conoce como “clases creativas”, un proceso similar al que se ha vivido en Russafa. “Es un peligro que siempre está presente”, afirma Blasco, “y más en un barrio con tanto potencial como este. Para evitarlo es necesario pensar la ciudad desde muchos puntos de vista que hasta el momento no se han tenido en cuenta. Producir y gestionar la ciudad es muy complicado. Hace falta un tejido social vivo y resiliente que resista a las dinámicas económicas”.

Blasco considera que Valencia vive en la actualidad un buen momento para poner en marcha este tipo de proyectos, en gran parte debido a los cambios en el ayuntamiento. “Eran procesos que ya existían, pero siempre como resistencia u oposición. La idea ahora es dar un paso adelante, ser más propositivos. El nuevo gobierno como mínimo parece estar dispuesto a dialogar, al anterior te tenías que enfrentar”, afirma el arquitecto, “Valencia está en estado de efervescencia, están pasando muchas cosas y eso es un síntoma positivo. Pero no podemos perder la tendencia a ser críticos con el funcionamiento de la ciudad. Debemos estar siempre alerta, mande quien mande”.

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