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PLATO DE LA SEMANA

Bocadillo del día en Central Bar

¿Puede un bocadillo de longaniza, cebolla caramelizada y queso de cabra convertirse en el mejor momento de la semana? Sí, puede.

Por | 02/02/2018 | 1 min, 48 seg

Nos estamos olvidando de los bocadillos. Con tanta tostada de aguacate y semillas de chía, tanto batido detox y demás nutripolleces, que diría el chef Anthony Warner (me encanta el término), nos estamos alejando de aquello que está ligado a los mejores momentos de la vida.

El recreo; las excursiones; los viajes familiares en coche; la playa; la lluvia de estrellas en agosto; el cine de verano; tus primeras cenas de adolescente; los almuerzos a mitad mañana; los partidos de fútbol; los conciertos. Siempre había, (siempre hay) un bocadillo. El bocata siempre ha estado ahí, con mayor o menor suerte, según las horas que llevara el pan horneado y la mezcla que ese día hubiera en casa. 

El del colegio siempre se abría con expectación, desenvolviendo el papel de aluminio y deseando que tu madre te hubiese puesto ese día Nocilla (nunca pasaba); el de las excursiones en familia era algo más elevado, lomo o embutido, habitas o pisto; el del coche era muy básico, estaba diseñado no tanto para alimentarte sino para no manchar la tapicería. Los bocadillos son recuerdos y memoria.  Yo pasé un mes entero comiendo y cenando bocadillos mientras hacía el Interrail por Europa. No teníamos un duro, pero nos llevamos aceite de oliva y comprábamos pan bueno. Aquellos bocadillos me sabían a gloria. También recuerdo en primero de preescolar, hacerme amiga de una niña solo porque siempre traía bocadillo de nocilla. No me acuerdo de su nombre, pero sí de la felicidad cuando accedía a darme un bocadito.

Ayer el bocadillo del día en Central Bar era de longaniza, cebolla caramelizada y queso de cabra. Da igual si, entre rebanada y rebanada, hubiese tenido pechuga, pimiento y queso. Ese bocadillo, una cerveza y un paseo por el Mercado Central antes de entrar a trabajar, eso, amigos, es el paraíso. 


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