Cine

'80 Blocks from Tiffany’s': En la Nueva York de los 70, la distopía fue real

Un documental sobre el Bronx fue censurado en la NBC por su extrema crudeza

Suscríbe al canal de whatsapp

Suscríbete al canal de Whatsapp

Siempre al día de las últimas noticias

Suscríbe nuestro newsletter

Suscríbete nuestro newsletter

Siempre al día de las últimas noticias

VALÈNCIA. Estos días están apareciendo noticias sobre la gestión de Zohran Mamdani, alcalde de Nueva York y la deuda de la ciudad, recibidas con vítores y aplausos. Independientemente de la actualidad, hay que citar que el presupuesto de esa ciudad ha protagonizado momentos alucinantes y distópicos que han dejado huella en la cultura. Sin embargo, las causas reales ya no son tan conocidas. 

El paso de Nueva York de ser un centro industrial a una economía financiera y de servicios, la transición económica que se experimentó en múltiples lugares de occidente  entre los 60 y los 70 –en España en los 80-, tuvo las mismas consecuencias de una guerra. Así se plasmó en películas como Fort Apache o en fantasías como Escape from New York o Warriors

Primero, los muelles de Manhattan y Brooklyn se quedaran obsoletos por un adelanto técnico llamado contenedor y las rutas se trasladaran a otros puntos logísticos más modernos. Después, la producción industrial se trasladó al sur de Estados Unidos, luego a México y después a Asia. A continuación, la clase media se escapó a los suburbios, como Nueva Jersey o Long Island. 

De esta manera, no solo hubo un declive derivada del paro masivo, también una crisis fiscal, porque los contribuyentes desaparecieron. En un momento en el que se estaban desarrollando políticas sociales, se quedaron sin ingresos. El agujero fue tremendo y, en un principio, cuando la bancarrota era inminente, el presidente Ford se negó a rescatar la ciudad. El austericidio fue salvaje y llegaron a emplearse hasta los fondos de pensiones de los sindicatos para comprar la deuda. 

La Nueva York socialdemócrata desapareció de la faz de la tierra y sobre las cenizas se impuso el modelo Wall Street, que como es sabido llegó a ser la capital financiera más importante del mundo. Y lo de las cenizas es literal. Con la pérdida de empleo y población, los alquileres dejaron de ser rentables y, en un principio, desapareció el mantenimiento de los edificios, que se caían a cachos, para más adelante prenderles fuego los mismos propietarios para cobrar el seguro. 

Tanta población en la miseria, gente joven que había visto a sus padres perder su forma de vida, barrios devastados sin esperanza ninguna, tuvo su efecto correspondiente: aumentó la demanda de evasión. En esta época fue con heroína. Ya la habían probado los veteranos de Vietnam en el frente y la ruta Turquía – Marsella – Nueva York, inmortalizada en el cine en French Connection, permitió que los precios fuesen relativamente bajos. 

El número de adictos se multiplicó, es decir, aumentó el negocio, y cuando eso sucede la primera institución que se corrompe es la policía (aunque haya “genios” que insisten en que el fenómeno es el contrario). El NYPD funcionaba como una familia mafiosa más, cobrando a los prostíbulos, los bares clandestinos y controlando todo el narcotráfico. La Comisión Knapp que lo investigó diferenció entre dos tipos de agentes, los que solo cobraban pequeños sobornos y regalos, y los que realizaban tareas de protección a los criminales, robaban, pasaban ellos la mercancía directamente e incluso se dedicaban a la extorsión. 

Todo esto también hemos visto en el cine en joyas como Serpico y El príncipe de la ciudad, de Sidney Lumet, o la más reciente, American Gangster, de Ridley Scott. Pero la propuesta de hoy es un documental, 80 Blocks from Tiffany’s, de Gary Weis, porque las imágenes que recoge son reales. 

El documental sigue a bandas juveniles del South Bronx sin intervenir prácticamente, el autor dejó que los diálogos fueran espontáneos. Todavía no había explotado el hip hop ni había llegado el crack, que fue todavía más devastador que la heroína, pero aquí ya se ven familias completamente rotas, algunos de los miembros de las bandas explican que sus padres son alcohólicos o adictos. Están en la calle en grupos porque así se sentían más protegidos que en sus propias casas, donde sus padres llevaban gente a pincharse. 

Como es lógico, la violencia era el lenguaje vehicular. Los chavales se defendían de los yonquis, que vivían en los edificios destartalados iluminándose con velas, pero no tardaban en acabar formando parte de ellos. Como dice uno, empezó a drogarse porque si no estabas en eso “eras un pringao”. Muchos traían la violencia de casa, eran sus padres los que les pegaban. Uno confiesa que cuando le daban una paliza en casa, luego a él le entraban ganas de dársela a alguien por la calle. 

En otras conversaciones, cuando hablan de robar, hay diálogos que explican muy bien la delincuencia juvenil. Dicen que no se trata solo de los bienes materiales, sino del poder. Robando se forman una identidad, con prestigio, con reputación entre los que están en su misma situación, lo que cualquier profesional especializado en estos fenómenos definirá como “sensación de control”. 

Aunque cuando las frases son la de uno que dice que le “excita” cuando le dan una paliza en grupo a otra gente, “romper cabezas, ver toda esa sangre…”, cuesta la empatía y comprensión. El documental no esconde ni endulza nada, de ahí su interés, y las realidades se muestran en crudo. El encuentro es con los Savage Skulls y los Savage Nomads, dos de las bandas más peligrosas del momento. Al final se muestra a la gente pinchándose la vena directamente. El aclamado documental Rubble Kings tiene aquí una obra precursora. 

Todas estas escenas fueron recogidas en el verano de 1979 durante dos semanas. Su autor, Weis, comparó los paisajes que veía con el Dresde de la posguerra. El documental iba a emitirse en el SNL de la NBC, pero la cadena lo consideró demasiado extremo. Hubo un pase en el Festival de Cine de Los Angeles de 1980 y una pequeña circulación en VHS, pero no tardó en convertirse en una obra de culto, especialmente con el auge de la cultura hip hop. En una entrevista posterior, uno de los chicos que aparecen decía “nos divertíamos mucho con la atención que recibimos porque todos pensábamos que, de todos modos, íbamos a morir pronto”. 

Recibe toda la actualidad
Valencia Plaza

Recibe toda la actualidad de Valencia Plaza en tu correo

Cinema Jove desvela su selección de cortometrajes y celebrará a Joecar Hanna