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CONVERSACIONES CULTURPLAZA

Antonio Martí: “Los cines valencianos hemos ido encadenando una serie de catastróficas desdichas”

El actual presidente de AVECINE (Asociación Valenciana de Empresarios de Cine de la Comunitat Valenciana) es también propietario de los multicines MN4, el más afectado por la Dana de octubre de 2024

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VALÈNCIA. El cine sigue intentando recomponerse tras la pandemia, pero en València la recuperación se ha visto además atravesada por el impacto de la Dana de octubre de 2024 y por una transformación estructural y universal de los hábitos de consumo audiovisual. Antonio Martí, responsable de los multicines MN4 de Alfafar y presidente de AVECINE (Asociación Valenciana de Empresarios de Cine), analiza para Culturplaza los retos de la exhibición, la relación con las distribuidoras, el auge de los reestrenos y la necesidad de convertir las salas en espacios de experiencia cultural.

— El cine es el único sector cultural que aún no se ha recuperado a niveles prepandémicos. ¿Tenéis esperanza de conseguirlo poco a poco? ¿Hay un techo que calculáis que ya no vais a superar?¿Cuánto ha cambiado realmente todo?
— Como tú dices, somos el único sector que no ha recuperado o ni siquiera se acerca a recuperar cifras prepandemia. Estamos un 30% por debajo. Y ya no hablo de 2019, porque 2019 fue el mejor año de los diez anteriores a nivel de espectadores. Nosotros solemos comparar la situación actual con la media de 2017 o 2018, para ser más realistas, porque si nos comparásemos con 2019 estaríamos muchísimo peor.

Estar en 2026 un 30% por debajo de esas cifras es muy fuerte. Todos los sectores han ido recuperándose, unos más rápido que otros, pero a nosotros nos está costando mucho más.

Y no es solo una cuestión de plataformas, como se decía al principio. Evidentemente han afectado, pero se ha demostrado que no son competencia directa. De hecho, nosotros somos el mejor escaparate para las plataformas. La mejor demostración fue Disney durante la pandemia: estrenó tres películas directamente en plataforma y luego tuvo que volver a pasarlas por cine porque no habían funcionado.

Estos años sí que ha habido un cambio de hábitos. La sesión de noche entre semana está prácticamente perdida. Hay cines que directamente ya no la hacen. Y luego hemos sufrido la huelga de guionistas en Estados Unidos, después la de actores… Hemos ido encadenando, como el título de la película, una serie de catastróficas desdichas.

Aun así, la tendencia era alcista. El año pasado fue flojo porque también dependemos totalmente del producto, pero este año está siendo muy bueno. Empezó bien, luego llegó Minecraft, Torrente Presidente y todo lo que viene ahora. Y más allá del cine comercial, también está habiendo un nivel muy alto de cine independiente. Está siendo un buen año.

La tendencia es alcista y confiamos en seguir creciendo y recuperando dirección. ¿Aspirar a cifras prepandemia? Ahora mismo es complicado pensarlo, pero vamos a trabajar para ello.

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— En esa serie de catastróficas desdichas, ¿también ha cambiado el perfil del público?
— Lo que más notamos tras la pandemia fueron dos tipos de público que tardaron mucho en volver: el público familiar y la gente mayor, a partir de 60 o 65 años, que precisamente es un público muy fiel, muy de cine.

Son matrimonios que iban todas las semanas. Llegaban a taquilla y preguntaban: “¿Y esta qué  tal?”. No iban necesariamente a ver una película concreta, iban al cine. Esa recurrencia semanal la hemos perdido.

Se está recuperando poco a poco y ahí Cine Sénior ha hecho un trabajo importante. Creo que ha sido un acierto por parte del Gobierno, aunque a nivel presupuestario haya sido un desastre. Cine Sénios no es una ayuda al cine, es una ayuda al espectador. Nosotros seguimos pagando a las distribuidoras y el IVA correspondiente. Pero sí ha conseguido que mucha gente vuelva a engancharse. Por eso muchos cines hemos mantenido los martes a cuatro euros. Nosotros, por ejemplo, lo hemos hecho hablando con las distribuidoras.

En Andalucía incluso hay algunos cines que mantienen precios reducidos de lunes a jueves. Me parece una iniciativa fantástica y nosotros la estamos valorando. Porque ese público es muy cinéfilo y es el que más está costando recuperar.

Por otra parte, el público familiar sí ha vuelto con normalidad. Donde sí notamos un cambio es en la franja de 18 a 25 años. Antes iban más al cine y ahora, dentro de toda la oferta cultural, el cine ha perdido peso.

Por eso creo que programas como Cine Escuela son importantes. Es una cuestión de formación. Hay un cambio muy fuerte relacionado con las pantallas, con el consumo rápido, con el scroll continuo. Y contra eso es muy difícil luchar.

— También ha cambiado la propia distribución. Más allá de los grandes blockbusters, que siguen siendo incontestables, sí parece que se ha desdibujado un poco la frontera entre el cine comercial de clase media y el independiente. Los públicos también se han mezclado. ¿Lo habéis notado en la relación con las distribuidoras y en lo que podéis ofrecer dentro del cine?
— Las distribuidoras últimamente han entendido más el concepto de que somos socios, algo que hace unos años no pasaba tanto. Yo entré en el sector en 2013 y me sorprendió mucho la relación que había entonces: era más bien “esto es lo que hay y punto”. Ahora entienden más que si una película funciona es bueno para ambos. Al final compartimos taquilla, vamos a porcentaje.

Sí que están apoyando mucho que hagas cosas diferentes. Tienes que perseguirlos, pero lo apoyan. Nosotros llevamos varios años intentando hacer presentaciones de películas, coloquios, actividades que diferencien la experiencia y que hagan entender que, aunque somos un cine comercial dentro de un centro comercial, el cine tiene una labor cultural muy importante. 

Nosotros tenemos alrededor de 800.000 habitantes en toda la zona sur de Valencia que antes, para disfrutar de determinadas propuestas, tenían que ir al centro de la ciudad. Poco a poco estamos intentando generar eso aquí también. 

La gente agradece muchísimo poder tener una presentación del director, un coloquio, terminar la película y poder comentar impresiones. Porque al final cada uno recibe las películas de una manera distinta. Veinte personas ven la misma película y cada una sale con algo diferente. Poder compartir eso es muy enriquecedor.

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— Me da la sensación de que todos los cines habéis probado este tipo de actividades y entiendo que funcionan porque se mantienen. Son propuestas que generan una sensación de evento, de actividad dentro del cine, que va mucho más allá de entrar, coger las palomitas y ver un estreno.
— Evidentemente, los blockbusters siguen siendo los blockbusters. Eso es incontestable y los necesitamos. Pero también necesitamos ofrecer algo diferente. El cine tiene que ser una experiencia. Y si además puedes participar, es un regalo. Yo intento estar siempre que puedo en las presentaciones y coloquios porque, para alguien que ama el cine, poder hablar con un director o con un actor sobre tus impresiones es algo increíble. Hay veces que planteas un coloquio de veinte minutos y, cuando te das cuenta, son las nueve y media de la noche y nadie se quiere ir a cenar porque la conversación sigue.

Nosotros estamos intentando darle una vuelta a la experiencia para que la gente no nos vea solo como “el cine del centro comercial”. Los sábados por la mañana proyectaremos películas conocidas (la primera será Matrix) acompañada de una presentación y después un coloquio. Ahí la experiencia cambia completamente. También queremos hacer cosas similares con aniversarios o reestrenos. Por ejemplo, con Top Gun.

— Hay una cantidad enorme de reestrenos. Empezó con la pandemia y ahora prácticamente todas las semanas hay alguno. Y no solo los que decide el propio cine, como proponías con Memorias de África, sino que también las distribuidoras están impulsando mucho esos reestrenos.
— Sí. Este mismo mes tenemos Top Gun: Maverick, vienen las tres películas de El Señor de los Anillos en versión extendida… y la gente responde, llena las salas. Hay ganas de este tipo de propuestas.

— Estrenándose diez o doce películas cada semana, más los reestrenos, las películas cada vez tienen menos vida en cartelera.
— Es una pena. Hay semanas en las que tenemos 19 películas para estrenar. Es una barbaridad. No quiero hablar de sobreproducción, porque tampoco puedes quejarte de que haya cine, pero sí que afecta mucho a eso que comentas.

Nosotros somos unos privilegiados porque tenemos 16 salas y cierta capacidad para mantener películas. Pero aun así hay títulos que entran flojos el primer fin de semana y luego el boca a boca funciona muy bien. A veces la segunda semana es mejor que la primera, o la tercera mejor que la segunda, pero no puedes darles la oportunidad.

Y no es porque no quieras: es que no puedes. También tenemos la presión brutal de las distribuidoras cuando llega un blockbuster. Te piden determinadas salas, determinados pases… Todos los lunes tenemos que pelear con eso. Te dicen: “Quiero cuatro salas para esta película”. Vale, nosotros tenemos 16, pero ¿qué hace un cine que tiene ocho? ¿Qué haces con el resto de películas?

Y lo peor es que se está haciendo muy buen cine. A nivel nacional y europeo hay películas excepcionales a las que no puedes dar espacio.

Nos pasó, por ejemplo, con Incontrolable (I Swear). Es una película muy bonita, que trata un tema difícil con toques de humor. Las primeras semanas prácticamente no funcionó y hubo debate sobre quitarla. Pero decidimos mantenerla y el boca a boca fue creciendo. Acabó aguantando bastantes semanas.

Pero con muchas otras no tienes esa suerte. Nosotros intentamos ver mucho cine, pero es imposible verlo todo. Y hay películas que, si no las ves ese primer fin de semana, desaparecen. Pasan por los cines sin pena ni gloria cuando en realidad merecían mucho más recorrido.

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— MN4 fue probablemente el cine peor parado por la dana. Cuando se presentaron los datos de taquilla de 2024, la Comunitat Valenciana había perdido un 11% del público y la caída suponía casi el doble que la media nacional. Es decir, que Valencia sufrió ese segundo gran shock dentro de esta “serie de catastróficas desdichas”. ¿La situación ya se ha alineado con la tendencia estatal o todavía se nota?
— Todavía se nota. Hay también una cuestión anímica en los pueblos afectados. Cuando dan previsión de lluvias esta tarde, la gente ya no solo deja de ir al cine: deja de ir a la zona comercial, al bar… Hay un miedo completamente lógico.

Pensamos que la dana ya ha pasado, pero no es así. Nosotros seguimos viendo las secuelas todos los días. Tenemos clientes de Catarroja, de Massanassa, de toda la zona afectada, y todavía se nota muchísimo en los hábitos de la gente.

— Ya ha pasado un año y medio. ¿Las instituciones han sabido responder a la especificidad del sector y a esta “serie de catastróficas desdichas” que está viviendo el cine, especialmente en Valencia?
— A nivel estatal hubo una respuesta muy rápida. En el Real Decreto 7/2024, del 1 de noviembre, se sacaron 300.000 euros para cines afectados por la Dana. El problema es que muchas veces las ayudas a empresas no se diseñan bien. Nosotros hablamos en aquel momento con el ICAA y con el Ministerio y les dijimos que, tal y como estaban planteadas, esos 300.000 euros ni siquiera se iban a agotar. Porque cualquier cine situado en municipios incluidos en el decreto podía pedirlas, incluso aunque no hubiera sufrido daños reales. Al final, de esos 300.000 euros se perdieron 147.000. 

Y luego está la letra pequeña. Si alguna empresa había recibido otra ayuda relacionada con la dana, tenía que devolver parte de esta. Al final, de esos famosos 150.000 euros que quedaron disponibles, las ayudas reales se quedaron en unos 60.000 euros para todos los cines afectados. Nosotros, por ejemplo, hemos recibido apenas unos 15.000 euros.

Y a nivel de la Generalitat no ha habido nada específico para cines afectados por la dana. Sí ha habido ayudas generales para afectados, pero no medidas concretas para exhibidores. Además, hay bastante descontrol administrativo. Las ayudas del IVC de 2024, que eran unos 550.000 euros para exhibición, se perdieron porque no se cargaron a tiempo en el sistema de pagos. Toda la documentación estaba presentada, pero el trámite técnico no se hizo dentro de plazo. Al final, esas ayudas se han tenido que imputar al presupuesto de 2025. 

Y ahora pasa algo parecido con unas ayudas estatales de 8,5 millones para el sector de la exhibición que iban a gestionar las comunidades autónomas. Son ayudas directas, pero aquí se han complicado muchísimo las bases intentando ligarlas a criterios como la exhibición de películas en valenciano. Y el problema es que no tenemos suficiente producto para justificar esas ayudas. Nuestro miedo es que la Comunitat Valenciana tiene asignados 1.057.000 euros y, si no se adjudican o no se justifican correctamente, habrá que devolverlos y se perderán.

Además, todo llega tardísimo. Estamos hablando de ayudas del año pasado que, con suerte, se cobrarán en octubre o noviembre de 2026. Y ahora ya vienen las de 2026 cuando todavía vamos arrastrando las anteriores. 

Hay que entender que sí, somos un sector cultural, pero también somos industria. Y estamos un 30% por debajo de las cifras prepandemia.

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— El Ayuntamiento de València aprobó el año pasado una moción de Compromís para crear una red pública de cines de verano en barrios al aire libre y dijo que se haría en colaboración con AVECINE. ¿Sabéis algo de eso?
— No. Con nosotros no se ha puesto en contacto nadie. Ni el Ayuntamiento ni Compromís. Nosotros estamos a favor de cualquier iniciativa que acerque la cultura a la gente y facilite que el público vuelva al cine. Otra cosa distinta es cuando hay cines de verano gratuitos que proyectan estrenos muy recientes, porque ahí sí se genera una competencia desleal.

Pero todo lo que sea trabajar conjuntamente nos parece bien. Cualquier cine de València estaría dispuesto a colaborar. Se podrían hacer cosas muy interesantes en colaboración con profesionales que ya conocen ese modelo.

Pero ya te digo: con nosotros no ha habido ningún contacto. Y estaríamos encantados de impulsar iniciativas para que la gente vuelva a disfrutar del cine en pantalla grande, que es donde realmente está pensado para verse.

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