Cine

El cine valenciano que puede soñar con los Goya 2026

El martes se darán a conocer las nominaciones a los premios del cine español, ¿hay posibilidades para la cosecha valenciana?

  • Rodaje de Una quinta portuguesa.
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VALÈNCIA. Este martes 13 de enero por fin arrancará la carrera de los Premios Goya 2026 con la lectura de las nominaciones de las diferentes categorías. Se van dando señales de cómo puede quedando la configuración, por ejemplo, con los Premios Forqué o las nominaciones de los Feroz, pero como siempre, solo la gala de entrega de premios, que este año tendrá lugar en Barcelona el próximo 28 de febrero.

El año pasado el audiovisual valenciano tuvo una presencia inédita que una oleada de nominaciones que, aunque finalmente no cristalizara en un premio, sin duda cerraba un año muy importante para el sector. ¿Qué se puede esperar de este? Varias películas tienen opciones de colarse en las diferentes categorías, aunque como viene siendo habitual, ninguna cuenta con el sello de “la película española del año”.

Las que más opciones tienen: las películas de los mejores productores

La Comunitat Valenciana ante todo ha exportado productores de cine, que no es fácil ni poco. Eso asegura que el audiovisual valenciano esté presente casi todos los años gracias a la labor de algunos de los profesionales más destacados del cine español —aunque luego, la propia producción de la película pueda tener más o menos relación con el sector valenciano.

Es el caso de María Zamora, Premio Nacional de Cinematografía 2024, a cargo de Elastica Films, la productora que está acompañando a muchas de las cineastas que está marcando el camino del nuevo cine español desde hace años, y con un nombre que destaca entre el resto: Carla Simón. La cineasta catalana, a la que Zamora produce desde su debut, Estiu 1993, cierra su personal trilogía, Romería, que tiene un lugar destacado y asegurado en las nominaciones de este año. Fue preseleccionada junto a Sirat y Sorda para representar a España en los Oscars, aunque el encargo acabo recayendo en la primera —y esa es otra de las grandes señales de lo que puede pasar en la gala de premios.

También Fernando Bovaira, que este año lleva consigo dos películas rodadas además en la Comunitat Valenciana. En primer lugar, El cautivo, la nueva película de Alejandro Amenábar que ficciona el cautiverio de Miguel de Cervantes en Argel. Su anterior película, Mientras dure la guerra, logró hasta cinco estatuillas y el director siempre ha recibido al menos la atención de la Academia de Cine. El cautivo no ha cosechado el mismo éxito ni de publico ni de crítica, pero es una de las grandes producciones españolas del año, así que es una incógnita cuál será su papel en la ceremonia.

  • Celia Rico, en el rodaje de La buena letra. -

En segundo lugar, La buena letra, de Celia Rico Clavellino, adaptando una de las mejores novelas de Rafael Chirbes. Una producción mucho más pequeña pero excelente y que ha recibido menos atención de la que merecía. Ocupa ese terreno extraño de la clase media (no de calidad sino de producción) que abunda en los Goya y que le puede hacer estar presente o ser una de las grandes olvidadas ya en las nominaciones, que siempre las hay. 

Finalmente, otra película rodada en València y con una co-producción también made in Comunitat, La cena, de Manuel Gómez Pereira. Detrás de ella, Lina Badenes, de Turanga Films. El film ha funcionado muy bien en taquilla y es la excepción inteligente que confirma la regla de la crisis de la comedia española. Un soplo de aire fresco en una cosecha que cada vez (y desafortunadamente) sabe más añeja. Precisamente por esto, La Cena podría tener guardado un hueco destacado en los Goya.

Avelina Prat, ¿la sorpresa?

En esa clase media de las producciones hay un cuello de botella que genera grandes injusticias y cierta arbitrariedad. Otra película a la que no le debería faltar presencia en el canon de lo mejor del año en el cine español es Una quinta portuguesa, la segunda película de Avelina Prat. Una película extraña pero muy sagaz, que marca un camino diferente y a la vez es capaz de conectar con el gran público, y que ha tenido un recorrido en salas notable. La co-producción hispanoportuguesa dirigida por la directora valenciana podría dar la sorpresa.

Por otro lado, una película que podría tener asegurada la nominación es El tesoro de Barracuda, de Adrià García, co-producida por la valenciana Hampa Studio. La animación española es un nicho de producciones de gran calidad pero de proyectos tan complejos que suelen estar contadas y claras las películas a tener en cuenta cada año.

La crueldad de las categorías de cortometrajes

Los Goya son, de puertas para adentro, también una cuestión de campañas por rascar votos de las personas con derecho del mismo en la Academia de Cine. Todas las películas tienen una partida para ello e incluso la Comunitat Valenciana tiene una línea de ayudas para ello. Los votos son muy reñidos porque una parte importante del censo vota sin haber visto todas las películas y lo hace por recuerdo, preferencia entre lo que ha visto o simpatía. Las campañas piden atención y mimo. Y aún así, por eso siempre hay grandes olvidadas.

Este hecho cruel es aún más duro en las categorías de cortometrajes, a las que atienden y votan muchas menos personas, y por tanto, muchas veces se deciden en un puñado de votos y dejando fuera producciones excelentes. Los Goya ya han hecho una preselección a modo de shortlist y, reflejando lo explicado, en la categoría de Documental se han elegido 18 en vez de 15 por empate. De las 48 producciones repartidas en tres categorías, una decena tienen algún sello valenciano, aunque es difícil vaticinar sus opciones en los premios antes de que las nominaciones se cierren definitivamente este martes.

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