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Isabel Coixet: "La felicidad performativa me parece lo peor, yo soy una niña triste"

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VALÈNCIA. Los tres cuencos se vaciaron de comida y se llenaron de adioses durante estas semanas en el cine. Lo hicieron este lunes en los cines Lys, de la mano de la directora catalana Isabel Coixet que presentó en València su última película: Tres adioses, basada en el libro de relatos Tres cuencos: Rituales para un año de crisis de la escritora y activista italiana Michela Murgia (editada en España por Altamarea y traducida por Carlos Clavería Laguanda y con prólogo de Coixet). Con tres pases que estaban a rebosar -desde las 16:30h de la tarde- el programa de Cine Club Lys acogió también un coloquio tras el visionado de la película en el que la directora dejó caer al público que “no había que sentirse obligados a preguntar” ya que ella no lo haría porque “es más de escuchar”. 

Aún así, entre preguntas y ruegos de sus fans que la saludaron como “maestra” antes de entrar a la Sala 13, Coixet encontró un hueco entre las butacas para conversar con Culturplaza sobre este film que aborda la vida y el duelo desde la capital de Italia con dos personajes que podrían estar perfectamente entre nosotros. Viajando hasta el interior de Roma, y apartándose poco a poco del Trastévere, Coixet presenta en Tres adioses a una pareja all borde de la ruptura definitiva. Ella es Marta, una profesora de gimnasia de instituto -y exgimnasta- interpretada por Alba Rohracher, y él es Elio, un chef prometedor interpretado por Elio Germano. Ambos deciden separarse y en su tiempo a solas encuentran los motivos que podrían haber remendado su relación. 

Marta, a su vez, pierde el apetito y culpa a la ruptura por ello, aunque al acudir al médico descubre que el cáncer está poco a poco invadiendo todo su cuerpo. Tras esta noticia, Marta comienza a ver el mundo que le rodea de otra manera, y las imágenes que antes le provocaban náuseas ahora le abren las puertas a una nueva vida, lejos de Elio y cerca de ella misma. Como un canto a la vida, Coixet dibuja la nueva vida de Marta sobre la pantalla con un film que recuerda a una de sus grandes obras maestras: Una vida sin mí y que unifica los relatos de Murgia para recordarla en la gran pantalla.

-La película comienza incumpliendo una promesa que te haces a ti misma en las entrevistas, la de no volver a adaptar novelas al cine, ¿a qué se debe esta nueva excepción?

-Tengo que dejar de decir eso en entrevistas [ríe] porque no es verdad. Lo cierto es que cuando hicimos la adaptación de Un amor yo siempre decía que la próxima sería de una autora muerta, y ahora tengo que comerme mis palabras -Murgia falleció en agosto del 2023 por un cáncer de riñón- porque ha sido así. Me gusta mucho escribir guiones que no tengan nada que ver con la literatura, aunque la realidad es que leo mucho y siempre imagino como podrían ser algunas historias si fueran una película, 

-La literatura te reta, de alguna manera.

-Me hace leer e imaginar cómo contaría algo en una película, creo que podría añadir una cosa u otra al relato que ya existe. También hay que tener en cuenta que ahora mismo para un productor adaptar una película conlleva mucho menos riesgo, les da garantía porque si una historia ha funcionado en escrito, tal vez lo haga también en el cine, ya comienza atrayendo a un tipo de público: a los lectores. A mí lo que me motiva realmente es traducir la literatura a imágenes. 

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-La comida funciona también como protagonista en esta película, como haces en tu serie Foodie Love, y se convierte en una aliada de la protagonista y en una muestra de los avances en su estado de salud. 

-Es un detalle clave en los cuentos y que se refleja con la experiencia personal de la autora, y tanto la literatura como la gastronomía están presentes en su obra casi a partes iguales. Ella misma cuenta que, tras una ruptura sentimental, diez días más tarde, fue al médico pensando que su falta de apetito era una cuestión psicosomática y ahí le descubrieron un cáncer.

-Y en la novela Murgia habla también de la maternidad no deseada, que en Tres adioses se refleja con un encuentro muy incómodo entre una embarazada que insiste a Marta con que toque su tripa.

-Me sirve para reflejar la rabia que me da toda esa gente que se empeña en mostrar las ecografías en 3D o 4D de sus bebés. Me parece invasivo y me cansa. Igual que hay mucha gente que está obsesionada con tener hijos, hay otros que no quieren y también es estupendo.

-Otro tema que está presente en la película es la problemática con el turismo de masas, con Roma como escenario de fondo. 

-Es un tema que no estaba en Tres cuencos, pero que vivo de cerca y que me preocupa. Lo veo en Barcelona, València y Roma… es devastador. Es imposible disfrutar de las cosas con un poco de calma en cualquier lugar del centro histórico. En la película, esta problemática se refleja cuando Marta discute por su hermana porque se dedica a elaborar guías para los turistas que se quedan en sus alojamientos y les descubre los lugares “secretos” a los que van los locales. Esta acción se carga la magia de una ciudad porque, si descubres los sitios locales a los que vienen de fuera, ya no serán únicos, serán turísticos.

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-La historia de la protagonista y su relación con el cáncer y con la muerte recuerda en parte a Mi vida sin mí, y quería preguntarte como es mirar cara a cara a la enfermedad a través del cine.

-Creo que, en la vida, los temas de los que hablamos los cineastas son muy pocos porque estamos todos rodeados de lo mismo. Nos rodean conceptos como la alegría, la emoción, la ausencia, el dolor, la enfermedad… y como directora me gusta pensar que podemos mirarlos cara a cara. Ctro que tenemos que mirar a la cara a estos temas de una manera un poco menos solemne y menos trágica porque todos nos vamos a tener que enfrentar a ello, tarde o temprano. 

-¿Qué sentimiento quieres que recale de Tres adioses en el espectador?

-El que surja. Si hay alguien a quien le parece triste no me importa, es un sentimiento como cualquier otro. Existe un rechazo generalizado hacia la tristeza, y también es un sentimiento. Si a alguien le parece triste, me parece bien, no quiero explicar cómo alguien tiene que sentir una película, aunque más triste es ver la televisión cada día. 

Yo soy una niña y una directora triste y me encanta la tristeza. No digo que haya que ir llorando por las esquinas todo el tiempo, pero tenemos que admitir que la vida es alegre a ratos y a otros lo es menos. La positividad performativa me parece lo peor; odio esta actitud de que todo es estupendo.

-¿Por qué Tres adioses y no Tres cuencos?

-Porque Tres cuencos no es un título comercial, pero los cuencos como elemento están presentes en la película. Los protagonistas los compran al inicio a través de una oferta de supermercado. Además, me interesaba que fuera así porque me parece muy natural, yo también lo hago. Yo misma veo muchas veces cosas que he comprado en un supermercado por una oferta y de verdad me pregunto si estos son los objetos que me van a sobrevivir.

A veces estoy en la cocina y veo una mandolina y pienso: “¿De verdad este objeto me va a sobrevivir?”, también imagino que cuando me muera mi hija tendrá que vaciar la casa y verá los diecisiete peladores de verduras que tengo y pensará mucho en mí. Me interesaba trasladar a la película esta presencia de los objetos absurdos de los que nos rodeamos y que a la vez nos gustan. 

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-¿Qué es lo próximo de Isabel Coixet?, ¿te atreverías con una novela propia?

-Ahora mismo vengo de terminar una serie en Francia de ocho capítulos que vienen de ocho historias originales mías. De momento prefiero leer novelas que escribirlas, a la literatura le tengo demasiado respeto, aunque sí que escribo mis guiones originales.

Al pasar los créditos, suena un último diálogo oculto que merece la pena escuchar, un último regalo de Coixet al espectador. Mientras, en la pantalla en negro, se ve aparecer un agradecimiento al director de cine italiano Nanni Moretti. ¿El porqué? Iba a aparecer en la película, pero al final solo se ve de fondo su cine: el Cinema Nuovo Sacher, delante del que aparece pedaleando Marta en una de las escenas clave de la película. “Queríamos que en Tres adioses apareciera Nanni Moretti, esa noche de rodaje habíamos quedado con él porque nos habían contado que muchas veces él cierra su propio cine. Esa misma noche dos trabajadores suyos nos dijeron que estaba indispuesto, así que rodamos sin él”. 

Aunque los agradecimientos llegan a la gran pantalla, al menos por el gesto, y el Trastévere sirve como telón de fondo de la historia de Murgia que ahora salta al cine. Como homenaje a la escritora, también aparece el restaurante en el que escribió la mayoría de Tres cuencos: Rituales para un año de crisis como pequeño homenaje. Con estos detalles, Coixet muestra Roma huyendo de los escenarios clásicos, centrándose en un paseo más intimista en el que se puede ir siempre pedaleando y viendo la ciudad mientras se disfruta de un riquísimo gelato, aunque en la sala 13 el paseo se hace acompañado de unas buenas palomitas.

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