VALÈNCIA. En realidad, este artículo podría ser cortísimo, una frase y fuera. Bastaría con decir que ninguna película es apolítica porque nada es apolítico. Lo apolítico no existe. Hala, ya está.
Pero como parece que hay quien no entiende esto, como el cineasta Win Wenders, el actor Neil Patrick Harris, la directora del festival de cine de Berlín Tricia Tuttle, que ya me parece el colmo, y, por supuesto, todo esa gente de "yo solo voy al cine a divertirme, que no me mareen con política", que cree que una película entretenida, con sus persecuciones y carreras, sus efectos especiales y su CGI, o sus romances y musiquillas resultonas no dice nada sobre el mundo, pues vamos a explayarnos un poco más.
Ay, Win, qué disgusto nos has dado, con lo que tú has sido y lo mucho que te queremos. Por si no se han enterado, en la rueda de prensa de presentación del jurado, al inicio del festival, un periodista preguntó porque el festival no apoya a Gaza como sí ha hecho con Ucrania o con el pueblo iraní. Y, entre otras cosas con más sentido y enjundia y ante el nerviosismo de la organización y el resto del jurado, Wenders soltó esta perla: "Tenemos que mantenernos al margen de la política. Somos el contrapeso de la política, lo opuesto a los políticos; hay que hacer el trabajo de la gente, no el de los políticos”.

- Win Wenders -
- Foto: EUROPA PRESS
Vamos a obviar por ahora que estamos hablando de un genocidio y que manifestarse en contra de algo así es pura decencia. Está claro que si planteas que política es lo que hacen los políticos y los partidos, en fin, la frasecita tiene un pase. Solo que todos sabemos, y Wenders y el resto de personas que estaban en esa sala también, que eso no es la política. Utilizar este argumento torticero y simplón para no condenar el horror de Gaza es terrible.
Luego llegó el actor Neil Patrick Harris y en su rueda de prensa, preguntado por si el cine puede combatir el fascismo, dijo: “Creo que vivimos en un mundo extrañamente algorítmico y dividido, y por eso, como artista, siempre me interesa hacer cosas apolíticas". Teniendo en cuenta que presentaba una película sobre la sanidad pública en Estados Unidos, la pregunta tiene su razón de ser y la respuesta es estúpida. El escritor, guionista y director Javier Giner, afilado e inteligente como siempre, dio la mejor respuesta en sus redes sociales: "Hacer “Hedwig” en Broadway subido en plataformas cantando punk rock es súper apolítico, Neil. Estamos llegando a unos extremos de cobardía e insensatez insoportables". Pues eso.

- Neil Patrick Harris en Hedwig and the Angry Inch
Por supuesto que los artistas no tienen por qué estar posicionándose constantemente ante cualquier conflicto y es un poco injusto que su visibilidad les coloque en el disparadero sin piedad. Pero dos cuestiones. A) lo de Gaza es un genocidio, como he dicho ya tres veces y las que haga falta. Aquí no hay medias tintas ni paños calientes y todo el mundo debería estar diciéndolo y haciendo lo posible para pararlo. B) Cuando Wenders, Harris y tantos otros se escudan en el 'yo no hago política', están mintiendo a sabiendas. La propia frase y su supuesta falta de posición es profundamente política.
Por si no lo recuerdan: "Yo, apolítico. De derechas, como mi padre". Es la frase inolvidable y absolutamente certera que, con la voz y la dicción inconfundibles de José Sazatornil 'Saza' decía el protagonista de La escopeta nacional, esa obra maestra de Luis García Berlanga. Si dice apolítico, es de derechas. Esto es así.
La política no solo la hacemos todos cada día con nuestro comportamiento cotidiano, dentro y fuera de casa, sino que lo que hacemos, nuestras acciones y decisiones, tanto en el ámbito publico como en el privado, están mediadas por ella. Todos somos ciudadanos y ciudadanas porque estamos vinculados a un entorno y a una o varias comunidades, sean la familia, el vecindario, el barrio, el pueblo, el trabajo, la ciudad, la nación, las redes sociales o cualquier otra, y esa es la dimensión política, ineludible por definición. Lo personal es político, como proclamaron las feministas de los años sesenta, que parece mentira que haya que seguir explicándolo.

- Historias del buen valle
Así las cosas, cualquier obra cultural o artística parte de un punto de vista sobre el mundo y el presente e incide en la realidad, aunque sea una historia banal y tópica: ahí estará una visión de las relaciones amorosas o de clase, de la comunidad, una mirada sobre el cuerpo, el deseo, las emociones, habrá prejuicios, sesgos, etc. Parece que una película solo es política si está planteada como una reivindicación social, desde una posición inequívocamente autoral o claramente desde la izquierda, como si las series y el cine comercial o de género no tuviera ideología y no contribuyera a moldear nuestros gustos, nuestro consumo o nuestros deseos. Sí no quieres opinar, no opines, pero no te escudes en la falacia de que el cine, el arte o tú como artista o como espectador eres apolítico. No cuela.
Gasto mis últimas lineas para decirles que no se pierdan Historias del buen valle, la extraordinaria película de José Luis Guerin. Va a durar muy poco en las salas porque, y esto también es política, el mercado siempre lo es, no es comercial ni convencional, no tiene estrellas, no se puede resumir en un eslógan y no encaja en los parámetros dominantes. Pero es bellísima. Y poética. Y delicada. Y lúcida. Y emocionante. Y compleja y simple a la vez. Y habla de muchas cosas importantes sin que nos demos cuenta. Y aunque no dejo de poner adjetivos, me resulta imposible expresar en palabras lo que la película es, porque es de esas obras en las que el puro acto de mirar resulta trascendente. Que vayan a verla, háganse el favor.