Sara Mansanet: "La Mostra no puede estar de espaldas al cine valenciano"

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La directora del festival explica que, para confeccionar la programación, "hay que salir de la burbuja europea"

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VALÈNCIA. Mostra de València-Cinema del Mediterrani ha presentado las películas que conformarán la Sección Oficial de su 41º edición. Se trata de la primera confeccionada, de inicio a fin, por Sara Mansanet, que accedió a la dirección del festival (como Subdirectora de de Cinematografía y Audiovisuales del Palau de la Música) en mayo de 2025. En su primer año, apenas tuvo cinco meses para confeccionar la programación. Por eso, la edición que empezará el próximo 3 de noviembre será la que recoja los principales cambios que plantea su proyecto.

— En la edición pasada, cuando te preguntábamos cuánto se acercaba el festival a lo que tú querías, decías que una parte muy importante. ¿Cuánto se acerca en esta ocasión, habiendo tenido un año natural completo para organizar el festival? ¿De qué manera cambia la organización cuando se dispone de un año entero y no de cuatro meses?
— Se nota muchísimo. Para que te hagas una idea, el año pasado, en 2025, entré en mayo, aunque es cierto que desde el Palau de la Música ya habían enviado a personas a Berlín y Róterdam para hacer prospección, y había informes elaborados. Eso también da cuenta de la responsabilidad que había por parte del Palau para que el festival pudiera celebrarse con garantías. Pero, hasta que no llegas y te pones a trabajar, no puedes avanzar.

Este año, a la altura del mes de mayo, ya tenía casi la mitad de la Sección Oficial y de las demás secciones competitivas. Se nota muchísimo, porque el año pasado, aunque la selección fue cien por cien nuestra desde el Palau de la Música, es verdad que vivimos algunos momentos con ciertas prisas, sobre todo a la hora de cerrar películas, porque el calendario manda.

Este año se ha notado muchísimo la ventaja de poder empezar antes. Más que de empezar, de no acabar, porque cuando terminamos el festival del año pasado, en noviembre, ya teníamos citas y películas que sabíamos que estaban a punto de terminarse y que podían estar listas para esta edición de 2026. Así que sí, se nota muchísimo. El festival de cine necesita, evidentemente, un año entero de trabajo.

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— Creo que es importante explicar esto para que la gente que no está familiarizada con la organización de los festivales, e incluso los responsables políticos que desconocen el trabajo que conlleva, lo entiendan. Montar una Sección Oficial de diez películas se puede hacer en cuatro o seis meses, pero hay un trabajo de visionado tranquilo y de búsqueda de películas que va mucho más allá del destajo. ¿Cuál es la diferencia, más allá de la cantidad, en términos de calidad?
— Es una cuestión de calidad, sobre todo por el tiempo que necesitas como programadora y por la tranquilidad con la que puedes trabajar. Saber que tienes tiempo por delante, que puedes asistir a los festivales donde se pueden descubrir las películas que se están haciendo a nivel internacional, que puedes contactar con los mercados cinematográficos, como el de Berlín, que es fundamental, o el de Cannes, que también es muy importante.

También necesitas tiempo para contactar con los países, con las productoras y con las distribuidoras, para que ellas mismas perciban que tu festival es serio, que no busca solamente la cantidad, como decías, sino también la calidad y el trato adecuado que requiere una gestión de este tipo.

Es fundamental. Se pueden hacer muchas cosas en poco tiempo… pero no se deben hacer en poco tiempo. En el sector cultural tenemos que tener una conciencia clara de ello. Creo que las trabajadoras del sector cultural la tenemos y tenemos que compartirla entre todos: hace falta tiempo para generar proyectos, no solamente para ponerlos en marcha, sino también para desarrollarlos y darles continuidad. El tiempo es primordial.

— ¿Qué estructura tiene La Mostra dentro del Palau de la Música a lo largo del año? ¿Es suficiente o todavía tiene que ampliarse, reestructurarse y/o estabilizarse?
— A lo largo del año, La Mostra está integrada en la Subdirección de Cinematografía del Palau. El equipo es el propio equipo del Palau, tanto en contratación y administración como en comunicación, gestión de sala o personal técnico. Es el equipo que también se encarga de las actividades cinematográficas que hacemos durante el año en el Palau.

Ahora bien, tanto para organizar el festival como para desarrollar esas actividades, todavía estamos pendientes de cubrir algunas plazas que están por convocar. Serán fundamentales y existe el compromiso de sacar esas plazas específicas para la Subdirección. Creo que, de cara a 2027, si se cumplen esos compromisos, se notará todavía más el refuerzo.

— ¿Son plazas de gestión o de programación?
— Son plazas de gestión administrativa y de audiovisuales. En cuanto al apoyo a la programación, la comunicación y otros servicios, se trata de prestaciones que se licitan. Están licitadas por periodos de dos años, con sus correspondientes prórrogas.

— La Mostra de València compartirá dos estrenos en España de su Sección Oficial con los festivales de Gijón y Sevilla, respectivamente. En los últimos años parecía que existía una competición, incluso una subasta, entre festivales para conseguir determinadas películas. ¿Hasta qué punto cambia este modelo o ayuda a establecer una programación más amable entre festivales que compartís calendario?
— Lo primero que tengo que hacer es agradecerlo al equipo del Festival de Gijón, especialmente a Alejandro Díaz y a Tito Rodríguez. Díaz, el director, fue uno de los primeros en acercarse a mí y a La Mostra para ofrecerme este acuerdo.

La verdad es que, de entrada, me sorprendió, porque no sabía que existía esa posibilidad o que ellos la habían planteado. Pero sí creo que supone un cambio de paradigma, en la medida en que los festivales nos encontramos, nos conocemos y abrimos espacios de colaboración.

En España, sobre todo en otoño, a partir de San Sebastián, hay una cadena de festivales con un calendario muy apretado. Aunque todos tenemos nuestra identidad propia, la mayoría compartimos el objetivo de presentar películas que conecten con el público español y que todavía no se hayan estrenado en nuestro país, que es el requisito que tenemos todos nosotros.

Pero también existe ese espacio para la colaboración y, por qué no, para el entendimiento. Yo no entiendo mi trabajo como programadora sin conocer las selecciones de otros festivales y sin explorar posibilidades de colaboración.

Igual que colaboramos con el Festival de Cine de Roma o vamos a tener un intercambio de contenidos con El Cairo, ¿por qué no hacerlo con festivales que tenemos tan cerca? Más allá de que podamos compartir algunos títulos, se trata de conocernos, entendernos y ver cómo funciona cada uno. Que Gijón abriera la puerta a este tipo de acuerdos me parece muy generoso.

— Comentaste en una rueda de prensa reciente que un proyecto palestino estaba pendiente de formar parte por las dificultades de producción en el contexto actual. Me gustaría que explicaras cómo ha sido el acompañamiento con esa película, qué dificultades han encontrado y cómo refleja, de alguna manera, lo que está sucediendo allí.
— Es un proyecto de València Film Afers. Es un documental titulado Super Sila, de Mohammed Alshareef, en el que el director, que vive en Gaza con su familia, graba a su hija y la convierte en una superheroína mientras vive en un campo de refugiados.

Encontré este documental en el espacio de Cannes Docs. Allí lo presentó únicamente su productor, que también es palestino, aunque tiene nacionalidad francesa y vive en Francia. Al director ya no le permitieron salir del país, así que no pudo acudir a presentarlo y tuvo que enviar un vídeo. Ahora, en Film Afers, ha pasado lo mismo.

En cuanto al acompañamiento que comentabas, a todas las personas que vienen de fuera del espacio Schengen tenemos que hacerles cartas de invitación. Yo escribo personalmente a las embajadas españolas en esos países para informarles de que tenemos cineastas que van a venir a València, tanto para presentar proyectos como películas, y que puedan darles cita con tiempo para tramitar el visado. Esa relación con las embajadas la llevo personalmente.

En el caso de este proyecto palestino-gazatí, enviamos la carta y todos los documentos necesarios, pero no le dan permiso para salir. Y ahí te das cuenta de lo complicado que es, no solamente como programadora o desde el punto de vista profesional, sino, sobre todo, a nivel humano. Es decir, de lo fácil que lo tenemos nosotros para ir a cualquier sitio, hablando de manera muy llana, y de lo complicado que resulta, en un mundo tan cercano, poder salir siquiera de tu provincia.

Por eso creo que los festivales de cine, como La Mostra, son fundamentales en el ámbito en el que trabajamos: para dar voz a quienes quieren contar historias y no pueden hacerlo, ni siquiera pueden salir para venir aquí y explicártelas.

Está pasando igualmente con los cineastas turcos, porque este año se han endurecido muchísimo las condiciones para entrar desde Turquía en el espacio Schengen y les está resultando complicado conseguir los visados.

— Y para hacer cine, también.
— Y para hacer cine, claro.

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— Muchas películas de la Sección Oficial suelen venir de Cannes, Berlín, Róterdam o Venecia. ¿Qué importancia tiene salir de ese circuito de festivales europeos para buscar otras miradas y otras filmografías que quizá no llegan a esos certámenes desde la perspectiva europea, pero que también son importantes y reflejan realidades muy concretas de los países que, en principio, forman parte del ámbito de La Mostra?
— Es muy importante. Como hablábamos antes, el mercado de Berlín, el Festival de Róterdam y el mercado de Cannes son fundamentales para encontrar una variedad de títulos. Pero este año, por ejemplo, tuve la suerte de poder estar en el Festival de Cine Mediterráneo de Argelia, y es importantísimo estar allí.

De allí hemos sacado, por ejemplo, un proyecto de una directora tunecina que viene al foro, una integrante del jurado libanesa y otras películas que participarán en la programación. Hay que salir de la burbuja europea.

En el Festival de El Cairo o en el de Marrakech pasa lo mismo. Por mucho que te imagines cómo es el cine en esas regiones o lo que puedes encontrar en festivales como Berlín o Cannes, no tiene nada que ver con llegar allí y verlo de primera mano: conocer cómo trabajan, cómo ruedan, cómo tienen que producir y lo complicado que resulta muchas veces sacar adelante los proyectos. Hay que ir. Creo que, en este caso, el trabajo de programación implica una labor de prospección que nos obliga a estar en esos lugares.

— Hay tres películas valencianas en la Sección Oficial. En la rueda de prensa has comentado que esta presencia no es tanto una apuesta como un reflejo del estado del cine valenciano. Pero pasar de cero o una película a tres, tiene que responder a algo más que a la situación actual del cine valenciano…
— Pues mira, sinceramente, el primer motivo es que las propias películas nos han buscado a nosotros. Es decir, han decidido que querían estar en La Mostra, y creo que eso es muy significativo. Refleja que hay producciones valencianas que se sienten vinculadas al festival y que La Mostra les ofrece también ese espacio para sentirse parte de él.

Es verdad que no solamente nos gustan, sino que son tres películas estupendas que reflejan tres maneras muy diferentes de hacer cine. Pero, al mismo tiempo, como te digo, sienten que sus películas tienen todo el sentido para estrenarse mundialmente en La Mostra.

— ¿Y la dirección de La Mostra considera que encajan en los criterios de calidad y programación de la Sección Oficial? Es decir, ¿son cuotas o no?
— No. Para mí es una sorpresa y una alegría estupenda que tengamos tres títulos valencianos en la Sección Oficial. No es ninguna cuota, ni yo la he marcado ni tampoco podía imaginarme a lo largo del año que íbamos a tener tres películas valencianas. Pero han ido llegando y se han dado las circunstancias para que estén aquí. Creo que es algo que hay que celebrar.

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— ¿Qué refleja del cine valenciano estas tres películas?
— Son tres maneras muy diferentes de acercarse al proceso creativo. En el caso de Silvia Rey, con Calle de los Ángeles, hace una experimentación muy interesante: parte de su trayectoria en el documental para contar una vivencia personal y la traslada a la ficción, en la que una casa se convierte en protagonista.

Es una casa en el barrio del Cabanyal, que nos atraviesa como valencianos por toda la historia de este barrio, su abandono y su progresiva recuperación. La película también nos lleva a plantearnos cómo vivimos hoy como ciudadanía valenciana. Silvia no es valenciana, es murciana, pero cuenta muy bien cómo llega aquí, cómo quiere esa casa y cómo quiere formar parte de ella, y cómo se encuentra con lo complicado que resulta conseguirlo.

En el caso de La gran fiesta del cine, lo más importante es ese plano secuencia de 90 minutos que sucede en tiempo real, en el que vemos trabajar a actores, actrices y equipos, que se van cruzando, entrando y saliendo. No es solamente un encuentro entre amigos, sino una reflexión sobre cómo están la cultura, el cine y el teatro en nuestra contemporaneidad.

En Els dies clars, el trabajo de Sandra Ferrús, que es su primer largometraje aunque tiene una amplia trayectoria como dramaturga y actriz, además de distintas experiencias gestionando grupos de acompañamiento a familias con personas que tienen problemas de salud mental, pone esta cuestión en el centro. Lo hace a través de una ficción con muchos elementos documentales. ¿Qué está sucediendo? ¿Cómo se gestionan estas familias y estos casos? ¿Cómo es posible que, a nivel institucional, las ayudas sean tan complicadas de conseguir o prácticamente inexistentes?

Además, está producida por una compañía como Suica Films, que puede encontrarse nominada a los Goya o estrenar en Cannes y que, al mismo tiempo, apuesta por historias quizá más locales y delicadas, como esta.

Estas tres películas son un reflejo del cine valenciano y, sobre todo, de la sociedad valenciana, que se preocupa por estas cuestiones desde el ámbito artístico y también desde el social. Son tres historias muy personales y creo que eso es lo que las hace especiales para estar en el festival.

— ¿Cuál es la evaluación de la integración de La Cabina dentro de La Mostra?
— Hemos mantenido este año el estreno en España y la verdad es que ha funcionado muy bien. Creo que también influye, otra vez, el hecho de tener tiempo a favor porque hemos conseguido una mayor variedad de países.

Es cierto que, al recuperar una especialidad como sección de un festival que llevaba dos años desaparecido, recuperar ese ritmo se nota. Pero una de las cosas que más me han emocionado este año es que tenemos, tanto en la Sección Oficial como en Xaloc, largometrajes de cineastas que han pasado por La Cabina con sus mediometrajes.

Creo que esto representa muy bien cómo la cinematografía y su desarrollo profesional están entrelazados. La Cabina mantiene su esencia: conservamos el estreno en España y hemos mantenido que las películas procedan exclusivamente de países del área mediterránea. Creo que la selección que vamos a presentar es muy interesante.

— ¿Dirías que La Cabina ha recuperado el pulso después de estos años de desaparición, precariedad y recuperación?
— Sí, ha recuperado el pulso como espacio de exhibición de mediometrajes. De hecho, el año pasado incorporamos no solamente un premio a la producción, sino también un premio a la distribución.

Una distribuidora española ya recogió el premio y estrenó en cines de Comunitat Valenciana y Galicia la película ganadora —Un ciel si bas, de Joachim Michaux. Por tanto, ese apoyo no solamente al mediometraje como formato, sino también a su exhibición en salas mediante el premio a la distribución, ha funcionado muy bien.

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— En los últimos años, La Mostra ha ido creciendo en sus actividades de industria, primero con València Film Afers y, el año pasado, con la apertura de un espacio de encuentro para el cine valenciano, que se ha convertido en un punto de encuentro importante en unas semanas cruciales para el sector [a las puertas de los Premios Lola Gaos]. ¿Sientes que esta apuesta por la industria, que es también una tendencia en otros festivales, está dando sus frutos?
— Un festival de cine de la envergadura de La Mostra de València, no solamente por su trayectoria, sino también por el espacio que ocupa en el ámbito cultural y municipal de la ciudad, necesita un espacio de industria.

El desarrollo de proyectos puede adoptar diferentes fórmulas en cada festival. En nuestro caso, el foro de coproducción mediterránea funciona porque muchos de los proyectos que pasan por él salen adelante y algunos regresan después al festival como películas ya terminadas y estrenadas. La prueba de que funciona es que cada año, cuando abrimos la inscripción, recibimos más de 70 u 80 proyectos, aunque solamente seleccionamos entre ocho y diez.

Este año hemos lanzado Meet the Composer. La industria es el área de La Mostra que más tenemos que hacer crecer. No se trata de que alcance una envergadura que vaya más allá de lo que podamos controlar, sino de crecer en el sentido de apoyar los proyectos y ayudar realmente a las producciones internacionales.

— Y sobre esa semilla que se puso el año pasado para acompañar al cine valenciano en esas semanas cruciales, ¿qué balance haces?
— Es fundamental que un festival tenga claro su papel. El otro día me preguntaban si La Mostra tiene que apoyar al cine valenciano. Al final, son cuestiones de competencias. Nosotros somos un festival de cine cuya función principal es la exhibición y el apoyo a la industria.

Que esa actividad coincida con un momento importante para el cine valenciano es algo que permite el calendario y que, personalmente, considero que funciona muy bien. Hacemos coincidir el festival con las nominaciones a los Premis Lola Gaos y con la presencia de películas valencianas.

Tenemos un convenio con la Acadèmia Valenciana de l'Audiovisual que vamos renovando cada año en función de las necesidades que detectamos. Y, por supuesto, el cine valenciano tiene que estar presente en La Mostra: como competición, como desarrollo de proyectos, como industria y mediante la exhibición de las películas nominadas a los Lola Gaos.

— No sé si esa complicidad también ha permitido reubicar los Premis Lola Gaos en el Palau de la Música…
— En cuanto la Acadèmia Valenciana de l'Audiovisual tuvo la necesidad de ubicar los premios en València, vino enseguida a preguntarnos. Vicente Llimerá fue el primero que estuvo dispuesto a revisar el calendario y ofrecerles la fecha que mejor les funcionara. Tenemos una relación muy cercana entre la Acadèmia y La Mostra, y creo que así tiene que ser. La Mostra no puede estar de espaldas al cine valenciano.

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— Quería preguntarte por Mostra365. El objetivo era crear un público que acudiera al Palau de la Música a ver películas. ¿Sientes que se está creando ese público? ¿Puede servir para dar continuidad al riesgo de una Sección Oficial y ofrecer películas que no son necesariamente para el público general y prolongar la exhibición de otras cinematografías, como ocurre durante el festival?
— Durante el año, el objetivo de Mostra365 es, bajo el paraguas de La Mostra de València, acercar al público general, una vez al mes o cada mes y medio, diferentes experiencias relacionadas con la cinematografía en el Palau de la Música.

Es verdad que estamos trabajando, sobre todo, con Cine Culpable y Visuals, con películas reconocidas por el gran público o con conferenciantes que no necesariamente lo son, pero que, cuando llegan a la sala, ofrecen una experiencia que no es la habitual en una sala de cine.

En Cine Culpable, cada uno de los conferenciantes que ha participado ha hablado abiertamente de su relación con el cine internacional, de cómo se siente cuando ve una película, de qué busca o qué no quiere encontrar cuando se acerca a ella desde un punto de vista más emocional. Es algo que se puede hacer especialmente con películas que se han convertido en cultura pop y que permiten conversar sobre ellas desde una perspectiva más personal.

El objetivo de Mostra365 no es que el Palau se convierta en una sala de cine, sino que ofrezca experiencias cinematográficas diferentes de las que puedes encontrar en una sala convencional, como las charlas, los conciertos o las actividades que organizamos con estudiantes, entre otras.

¿Que podamos proyectar una película fuera del circuito comercial que tenga más que ver con el festival que con la programación anual? Sí, podría ser. Lo que sí sé es que estamos generando un público de cine que viene a estas actividades.

Creo que el año que viene será un buen momento para valorar cómo ha funcionado después de completar un año entero de ciclos en el Palau. Pero, por ahora, las sensaciones son muy buenas. Viene muchísima gente y, sobre todo, se encuentra con una actividad que no esperaba.

— Una de las decisiones más personales y meditadas para la dirección de un festival de cine es la elección de sus premios honoríficos. Este año se ha anunciado la Palmera de Honor a Icíar Bollaín. ¿Por qué a ella?
— Bueno, quizá la pregunta debería ser por qué no había estado antes Icíar Bollaín. Su cinematografía atraviesa muchísimo, sobre todo, a las mujeres cineastas. Este año 2026 se cumplen veinte años de la creación de CIMA, y Bollaín es una de sus socias fundadoras.

Para mí son importantes esas dos vertientes. Por un lado, está Icíar Bollaín como cineasta internacional, con premios Goya y obras indiscutibles como Te doy mis ojos, Mataharis o El olivo, esta última tan vinculada con nuestro territorio y nuestra identidad como valencianos.

La segunda vertiente, fundamental para mí, es su compromiso con la igualdad en el audiovisual y su lucha por poner sobre la mesa lo que sucede con las mujeres. No solamente en Soy Nevenka, sino también en muchas otras de sus películas, aborda las agresiones, las desigualdades y los procesos a los que se enfrentan las mujeres. Creo que su voz tiene que seguir escuchándose y que sus películas tienen que seguir viéndose, porque son muy actuales.

El ciclo, que hacemos en colaboración con la Filmoteca, está totalmente enfocado a acercar su cinematografía a un público que, está recuperando la Filmoteca (ahora mismo está llegando gente de entre 25 y 30 años, y eso es una maravilla). Ese público se va a encontrar con una cinematografía de Icíar Bollaín que probablemente no conoce demasiado y debemos seguir poniendo sobre la mesa este tipo de trabajos. Por eso, para mí la pregunta es: ¿por qué no había tenido antes la Palmera de Honor?

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