X AVISO DE COOKIES: Este sitio web hace uso de cookies con la finalidad de recopilar datos estadísticos anónimos de uso de la web, así como la mejora del funcionamiento y personalización de la experiencia de navegación del usuario. Aceptar Más información

Vinos de arena y mar

Colares de colores

En la arena escribí tu nombre y una lágrima cayó en la arena. De alegría, claro, que somos hedonistas y las únicas cuentas que contaremos hoy son las del muy preciosón vino de Colares, ese que llenará de pasión la copa y toditos nuestros sentidos de Portugal

Por | 17/05/2019 | 4 min, 29 seg

Llegado de las tierras de Sintra y crecido entre la sierra y el mar, es amante a la antigua, de esos que regalan flores. Cepas nacidas en esas arenas misteriosas que comentábamos, las tan denostadas en otros lugares que, sin embargo, aquí son capaces de dar lo mejor en cada botella. Gracias en parte a intensa brisa de fondo, que al menor descuido nos birlará el sombrero para hacerle su regalo a este Atlántico al que tanto debe. Uvas, salpicadas de manzanos, de dos variedades fundamentales, la blanca malvasía y la ramisco, tinta bipolar entre el rudo más tánico y la delicadeza de una ligera aura. Vinhos eternos de poca producción, cooperativa vigilante y los modos de hacer de antaño. ¿El resultado? Raridades más buenas que raras que acostumbramos a tomar con montones de años, pero que, sin complejos, bien ricas están en su juventud.

Y a eso vamos, que el sol empieza a calentar, la sed aprieta y así como si nada nos apretamos un Colares Viuva José Gomes Tinto 2009 (Adegas Viuva Gomes). Un paseo en jeep entre frutales con tonos rojizos de intensa intensidad. Con cuidado y sabiendo bien cómo gustar nos deja claro que es un infante, pero que está rebien tan cual. Y se pone estupendo con unas migas a la alentejana.

El Arenae Ramisco Colares 2009 (Adega Regional de Colares) es playa, cañas y barro marronito. Nos sube a una barca donde la brisa cosquillea para hacernos sonreír. Liviano e integrador nos lleva por vistas de palacios sin pena rodeados de campos mentolados. Es momento del resetear y servirse un plato de favas a la portuguesa.

Con el Fundação Oriente Colares Tinto 2010 (Fundação Oriente) echamos un vistazo a la historia que sienta las bases del futuro. Madurez casi al extremo que se refresca con interesante personalidad. Carácter verdecillo y ese tanino que acaricia rebelde y curiosón. Franco, desenfadado y tan contentos con unos pastéis de bacalhau.

Un ramisco de violetas

El Casal Santa Maria Ramisco de Colares Tinto 2008 (Adraga Explorações Vitivinícolas) viene a decir que yo estoy aquí. Sin saber por cuánto tiempo, pero con la contundencia de los seguros de sí mismos, camina por campos areniscos de refrescantes aromas. Fruta negruza y con talante, llega al punto de dar calambre con una de frango à piri piri.

El Colares Chitas Reserva Tinto 2008 (Chitas) es una chica Bond de las que remueven olas. Expresiva y descarada, lleva en la mano un ramisco de violetas y mordisquea una mansanita. Sólo una, que llega liviana y se irá pronto. Principesa vestida de ciertopelo que no se corta un pelo ante un porco preto a la alentejana.

Terminamos con los tintos tirando de uno de los de antes. Prueba de que estos vinos están hechos para crecer durante muchos lustros lustrosos. Es el Colares Viuva José Gomes Reserva Tinto 1969 (Adegas Viuva Gomes), marinero de cuerpo tallado en piedra. Acidez a sangre y fuego con vigor de joven imberbe. Se nos clava punzante en el alma y, elegante como es, no pone las patitas en la mesa, pero sí unos pezinhos de coentrada.

Sea como sea, aquí no hay niña fea

Llegan ya ágiles y resueltos los blancos de malvasía, empezando por el Colares Chitas Blanco 2014 (Chitas). Silencioso en un principio, se va soltando y fluye entre cítricos suaves y atentos. Tan tímido como agradable se gana nuestro cariño con un caer de pestañas y un bacalhau à gomes de sá.

Sea como sea aquí no hay niña fea, y así lo demuestra de nuevo el Fundação Oriente Colares Blanco 2014 (Fundação Oriente). Figurín con un talle que le da presencia y la sencillez de los que saben que para ser queridos no tienen que presumir. Discreta amabilidad que se hace un hueco en la copa junto a una cataplana de peixe.

Casal Santa Maria Malvasia de Colares Blanco 2014 (Adraga Explorações Vitivinícolas) se presenta como hembra muy dama con un poco de todo y cada cosa en su sitio. Distinción que va directa a las verdades dejándose de rodeos. Y nos gusta lo que se cuenta, porque lo hace con austeridad y señorío. La luz se vuelve de oro y el horizonte se va apagando entre acordes de fado bello y una açorda de marisco.  

El viaje colareño pone su punto y aparte con el Arenae Malvasía Colares 2015 (Adega Regional de Colares). Sutil de campos amarillos y flores pausadas, parece ir a cámara lenta, porque es tranquilo y quiere dar paz. Texturas de dar gustito y hacer disfrutar, sin más ni menos y con un arroz com polvo.

Tal cual nos despedimos, más contentos que unas pascuas, aprendidos de nuevas cosas y con el carnet de baile a ful de puntos de vinoamorismo. Que, sinceramente, a veces no hace falta ir a los confines del mundo para buscar y encontrar lo más bonito.

Comenta este artículo en
next