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cuando había uhf

Colombo: intuición, gabardina y puro

Peter Falk ganó varios Emmy gracias a un personaje televisivo que le hizo inmortal. El detective Colombo reinó en las parrillas televisivas entre 1971 y 1978. No se le escapaba una y los maleantes eran descubiertos y detenidos sin necesidad de usar otra arma que la deducción

24/09/2019 - 

VALÈNCIA. No era un guaperas como Starsky y Hutch. Ni tampoco un feo sexy, como Kojak. Con todo y con eso, Colombo —Columbo en inglés— cambiaría los esquemas de las series policíacas. Al contrario que la mayoría de historias detectivescas, las tramas de Colombo no disponían de un recorrido para dar con el criminal. En los guiones de Richard Levinson y William Link, el crimen se cometía al principio del capítulo y ante los atentos ojos del telespectador. La gracia del asunto consistía en cómo se las ingeniaría el sagaz policía para dar con las pistas que terminaran delatando al asesino. Así fue cómo el actor Peter Falk y el personaje Colombo se hicieron uno a ojos del público y la serie se convirtió en un clásico. 

Inicialmente, Colombo formó parte de una propuesta televisiva conocida como NBC Mystery Movie, que funcionaba como paraguas para emitir diferentes series policíacas. Llegó a España así, alternándose, inicialmente, los domingos por la noche, con las peripecias de otros detectives de los cuales hablaremos más tarde. Porque de todos ellos, el que acaparó toda la atención, aquí y en su casa, fue este detective desaliñado, despistado, eterno fumador de puros —hoy no duraría ni medio capítulo— que se enfrentaba una y otra vez a criminales de guante blanco, a los que terminaba pillando in fraganti. El teniente Colombo operaba en Los Ángeles y sus objetivos se movían en la alta sociedad. Los interrogados lo desdeñaban por su aspecto, que era la antítesis de la elegancia. Colombo se hacía el tonto, pero los sospechosos acababan en chirona gracias a una serie de inteligentes deducciones y al hecho ineludible de que la mentira tiene las patas muy cortas.

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Lo que tenía Falk era un ojo de cristal, característica que también le daba un aspecto peculiar. Perdió el ojo por un cáncer siendo un niño, pero eso no le impidió triunfar como actor. Pertenecía a un círculo de intérpretes de raza neoyorquinos que, como Ben Gazzara —que también trabajó en Colombo— venían del teatro y de filmar con John Cassavetes. Falk estuvo a punto de no hacer el papel, ya que la primera opción de los guionistas fue Bing Crosby. Menos mal que el bueno de Crosby les dijo que no porque el rodaje le quitaría tiempo para dedicarle a su querido golf. Falk había leído un guión de la serie en la oficina de su agente y llamó personalmente a Link para pedirle el papel. Finalmente se lo dieron porque su presencia tenía un peculiar atractivo que gustaba a las mujeres y era un tipo que caía bien a los hombres. Link y Levinson se convencieron de que podía ser un vehículo perfecto para el personaje que habían creado partiendo de diversas referencias: el Porfirio Petróvich de Crimen y castigo, el Padre Brown de GK Chesterton y hasta el Inspector Fichet de Las diabólicas, lo cual explicaría que Colombo condujera un Peugeot y no un coche norteamericano.

* Lea el artículo completo en el número de 59 de la revista Plaza

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