nostàlgia de futur / OPINIÓN

Cómo escribir y abrir una nueva constitución urbana

Aprendizajes desde Ciudad de México y su Laboratorio para la Ciudad

18/07/2019 - 

Ciudad de México, como València, es una ciudad que da nombre a un país. También, como València, ha tenido una relación de complicado encaje con el territorio del que es capital,. Ha ido evolucionando a velocidades distintas y promoviendo y provocando reacciones de imitación y/o rechazo a sus políticas públicas. Ciudad de México es la primera ciudad del mundo que tiene su propia constitución.

No fue hasta 1997 cuando los capitalinos votaron de manera directa, por primera vez, a su alcalde, el jefe de gobierno de la ciudad de México. Hasta ese momento la máxima autoridad era un regente designado.

Tras un debate profundo sobre el auto-gobierno y distintas propuesta que no llegaron a salir adelante, en 2016, el jefe de gobierno Miguel Ángel Mancera, dio a conocer el grupo de expertos, los 28 escribanos, que redactarían la constitución de la ciudad. Entre las 13 mujeres y los 15 hombres se encontraban una de las activistas más relevantes por los derechos LGTBIQ y un ex pandillero volcado con la integración social de los jóvenes junto a escritoras, académicas, filósofas y políticas.

Durante los primeros meses, a pesar de su relevancia y trascendencia, el proceso de redacción pasó inadvertido ante la ciudadanía y los medios. La percepción general se movía entre la ignorancia y la incomprensión. Fue entonces cuando el Laboratorio para la Ciudad recibió el encargo de abrir el debate alrededor de la constitución en redacción.

Laboratorio para la Ciudad (2013-2018), un gran ejemplo de burocracia creativa, actuaba como el área experimental e innovadora del gobierno de Ciudad de México, bajo la batuta de Gabriella Gómez-Mont. Gabriella, que provenía del mundo de la comunicación y el arte visual, se ha convertido sin duda en una de las urbanistas más influyentes del mundo y es miembro colaborador del MIT, Yale World o el Institute for the Future, y fue nombrada por FastCompany como una de las personas más creativas del mundo en 2016.

A través de amigos profesionales comunes entramos en contacto y aproveché que estaba de paso en València esta semana para, entre la brisa de mar y un arroz del senyoret, compartir ideas sobre la gestión de las urbes que habitamos y, sobretodo, escuchar y aprender de su experiencia.

Laboratorio para la Ciudad servía de puente entre la sociedad civil y el gobierno. Era el instrumento para aprovechar el recurso urbano más malgastado; el talento de los ciudadanos. Con un equipo de una veintena de personas (geógrafos urbanos, analistas de datos, humanistas o internacionalistas), y cuya edad mediana, 28 años, era la misma que la de la propia ciudad a la que servían, creó un espacio experimental de toma de decisiones que compatibilizaba dos conversaciones paralelas: la de la definición del modelo de ciudad —visiones para una megalópolis— y la de los experimentos, tácticos, a pequeña escala.

El planteamiento de Gómez-Mont es único porque supera la visión tecnocrática y solucionista de la participación —dejemos que los ciudadanos resuelvan problemas concretos— para centrarse en las preguntas básicas —qué queremos ser como sociedad, cómo queremos vivir juntas—. Laboratorio para la Ciudad plantea una construcción de lo público desde todas sus aristas.

El trabajo de Laboratorio para la Ciudad de abrir a la ciudadanía el proceso de redacción de la primera Constitución Política de la Ciudad de México, tuvo cuatro ejes principales. Una plataforma de redacción colaborativa diseñada junto al MIT Media LAB, la incorporación de peticiones en línea a través de la plataforma change.org, un sondeo masivo sobre el imaginario colectivo sobre la ciudad y su futuro con 31.000 respuestas efectivas recogidas tanto online como de manera presencial para romper la brecha digital, y una serie de encuentros ciudadanos. El proceso se cerró con 324 peticiones, más de 20 encuentros de trabajo y unas 300.000 firmas. Los resultados se devolvieron a los 28 escribamos y, luego, el 84% de las propuestas contenidas en el borrador inicial se aprobaron por la asamblea constituyente.

Ese proceso ha dado lugar a una de las constituciones más progresistas del mundo y reconoce a la ciudad como un sitio plurilingüe, pluriétnico y pluricultural, y derechos como el matrimonio igualitario, el derecho a un medio ambiente sano, la priorización de los peatones y ciclistas en la movilidad urbana o el derecho al tiempo libre así como la protección animal.

En el momento en que València se debe plantear por fin su horizonte a largo plazo, y la posibilidad existente de redactar una carta de la ciudad a través de la ley de capitalidad, la Constitución de Ciudad de México y el trabajo de Gabriella Gómez-Mont representan el ejemplo reciente más importante del que aprender.

Cómo se afirma en el preámbulo de la propia Constitución de Ciudad de México: “la Ciudad pertenece a sus habitantes. Se concibe como un espacio civilizatorio, ciudadano, laico y habitable para el ejercicio pleno de sus posibilidades, el disfrute equitativo de sus bienes y la búsqueda de la felicidad. Reconoce la libre manifestación de las ideas como un elemento integrador del orden democrático. Busca la consolidación del Estado garante de los derechos humanos y de las libertades inalienables de las personas.”.

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