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EL MURO / OPINIÓN

Décadas de espera

A estas alturas de la película todavía continuamos preguntando sobre el futuro del Museo de Bellas Artes de Valencia sin que el Ministerio de Cultura muestre su verdadera implicación en una institución que es de su propiedad.

29/12/2019 - 

VALÈNCIA. Con una sinceridad aplastante, poco dada por estas tierras cuando se trata de hablar o entrevistar a un cargo público electo o designado o no mediante “concurso”, aún menos recién aterrizado y supuestamente independiente, el nuevo director del Museo de Bellas Artes San Pío V, Carlos Reyero, se confesaba en una brutal entrevista de mi compañero Carlos Garsán, publicada en estas páginas hace apenas unos días.

La sorpresa no estaba en que intentara vendernos un ilusionante plan, un calendario de exposiciones de lujo, un ambicioso conjunto de novedades en torno al proyecto didáctico o artístico, incluso humo y felicidad a raudales. No. La sorpresa estaba en que Reyero se había dado ya de bruces con la realidad de un museo que por mucho envoltorio que le quieran poner y mucha imagen institucional continúa en lo de siempre. Pero bajo una nueva mirada.

Pero lo mejor es que el mismo que había llegado a Valencia con ilusión hace apenas seis meses, muchas ideas en la cabeza y aún no se había topado de lleno con la sociedad valenciana -él es de Santander- descubrió lo que muchos venimos diciendo desde hace décadas y otros callan y han callado pese a pasar por el cargo por interés, vanidad o llenar el hueco. Por muy buena voluntad que algunos gestores políticos quieran poner en su funcionamiento, algo que no dudo en toda su extensión, pero sí en logros obtenidos, ese museo es un muerto/marrón de mucho cuidado que no come y menos le dejan comer y al que no le sirve una simple lavada de cara, ni un nuevo jardincillo, ni hasta sus nuevas salas de exposiciones con techos de altura complicados.

Carlos Reyero. Foto: ESTRELLA JOVER

Así que, para ser sincero, encontré a Reyero como algo desanimado, aturdido y hasta sorprendido moralmente. Normal. Lo fácil es dejarse llevar por los medios de comunicación o la opinión pública desde la distancia y pensar que todo son exageraciones, o incluso manipulaciones interesadas, pero cuando descubre que lo que has leído es tal cual, pues el ánimo acaba cayendo a los pies.

Sólo una síntesis de declaraciones es suficiente para entender esa frustración, la misma que desde hace tres décadas han venido sorteando todos los directores que del signo político que fueran han venido pasando por su dirección hasta el agotamiento:

a/básicamente hablamos de necesidades de personal, de exposiciones y de colección permanente, estas son las grandes cuestiones con las que me he encontrado encima de la mesa y que habrá que afrontar en los próximos meses. O años, porque algunas no dependen de mí”. 

b/ “Es necesario que la sociedad valenciana sea consciente de la singularidad de ese museo. Solo lo que se ama se puede cuidar. Este museo tiene una gran importancia histórica y refleja en gran medida la historia de València, del coleccionismo, su identidad. Me importa mucho que vengan los valencianos al museo, no solo extranjeros, que vienen mucho”.

c/ “Estaríamos mejor todos si tuviésemos más medios, desde luego. Pero la intranquilidad no puede ser un pretexto para no hacer las cosas. Entiendo esa expresión, aquí queremos hacer cosas y estamos los que estamos, con muchas cuestiones que están por encima de nosotros... Es cierto que a veces hay una intranquilidad para llegar a ciertas cosas, pero también es un aliciente. Evidentemente si tuviésemos más medios..?

¿Qué no está diciendo Reyero, el catedrático que ha venido de Madrid para ponerse al frente de la institución? Pues que si lo llega a saber, igual se lo piensa mejor porque afrontar el final de una carrera un reto ilusionante pero condicionado por cuestiones ajenas al arte y sólo vinculadas a la política y a la escasa independencia de gestión, pues que el horizonte no se ve ni con catalejo desde la atalaya.

Seamos serios. El San Pío V no levantará cabeza hasta que no tenga autonomía de gestión y medios, el Ministerio deje de dar lecciones y poner zancadillas y la Generalitat lo dote como se merece. Y de paso aporte un golpe sobre la mesa por mucho Ministerio que nos condicione. Para lo que nos da, mejor que se vayan. Ah, y también la Academia de Bellas Artes de San Carlos que en lugar de querer figurar ponga la mejilla y manos a la obra, pero de verdad y no por mero protagonismo institucional o miedo económico.

Por muchas exposiciones efímeras y caras que se programen, cambios de colecciones y nuevos discursos, el San Pío V seguirá siendo la Cenicienta del arte español o de las Bellas Artes. El museo que nunca pudo ser por mucho que creyó intentarlo.

 Esta guerra no se gana desde los despachos. No, se gana desde la sociedad civil, las universidades, el mundo del arte, las academias e instituciones independientes y el ruido y la reivindicación mediática, económica y social. Y claro, con una reivindicación política de altura, pero no desde la complacencia. No sirve de nada llorar, ni tampoco los mensajes de ombligo. Existen muchos culpables para entender cómo se ha llegado hasta aquí. Empezando por nuestro autogobierno. Y sobre todo considerando que un museo no es un instrumento al servicio de sino de servicio. Y por ahí llevamos ya demasiados años tirados por la borda. Y sin soluciones objetivas. Que aprendan de Bilbao. ¡Qué lujo!

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