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la compañía presenta en russafa escènica la tercera declinación de 'ultraficción'

El Conde de Torrefiel convierte el TEM en un laboratorio escénico durante ocho días

1/10/2021 - 

VALÈNCIA. Algo está pasando en el Teatre El Musical. Es miércoles y por la puerta de camerinos se está descargando material para una obra. Dentro, tras cruzar el pasillo, se encuentra el escenario del teatro desnudo, con solo unas pocas luces. Siete jóvenes sostienen un castillo hinchable que ocupa el ancho de las tablas con la cabeza. Es el final del ensayo de hoy, miércoles. Tras la escena, una conversación de unos diez minutos para recordar algunas cosas, pero sobre todo para construir otras. Son Tanya Beyeler y Pablo Gisbert en plena acción, construyendo a unos pocos de su primera función Complicidad de materiales anónimos.

Se trata de la tercera declinación -así llaman ellos a sus experimentos- del proyecto Ultraficción, que empezó en el festival italiano Santarcangelo en julio, siguió unos días después en el Grec de Barcelona y ahora acoge Russafa Escénica. Estas tres y otras dos declinaciones más configurarán el que será su obra final, que estrenarán en el Wiener Festwochen de 2022. “Nos gusta trabajar de manera práctica desde el principio, por una cuestión de experiencia y carácter. Hemos encontrado un buen equilibrio entre lo que significa preparar una obra para el mercado del arte y mantener el espíritu de investigación en contextos más efímeros y lugares donde no hay tanta expectativa”, explica Beyeler. “No queremos crear una pieza para un festival del tamaño del Wiener Festwochen sin tener claros los conceptos. Y como no somos académicos, necesitamos la práctica en la escena”, añade Gisbert. No se trata de ensayos generales sobre lo mismo, sino experimentos con los que ir anotando ideas, cuestiones, escenas, que les puedan sugerir la pieza final. València es el laboratorio que ahora utilizan.

Lo hacen con siete jóvenes que, como siempre en la sección Hivernacle, han de ser personas en último curso o recién graduadas en Arte Dramático. La obra la están construyendo durante ocho días en el TEM: “Es ahora cuando estamos empezando a cerrar cosas, así que no podemos decir aún qué es lo que va a suceder en escena el sábado”. En Barcelona, en la segunda declinación, pusieron tres personas sordas sobre el escenario hablando durante 50 minutos para reflexionar sobre el muro invisible que crea una lengua y una cultura diferente, incluso dentro de una misma sociedad. La distancia insalvable en la verbalización del mismo universo.

- ¿El público va a notar que se trata de un experimento?
- Yo creo que es muy bonito saber, como público, que formas parte de algo, que los creadores te necesitan, que tienes una voz, que tienes el poder crítico de hacer ver lo que funciona y lo que no. Esa es la parte bonita de nuestras piezas, porque si no entras en este juego, nuestro trabajo puede ser incluso pedante. No pasa nada, a mí me gusta lo pedante, me gusta que me desafíen.

¡Pues a jugar!

Algunas ideas sobre la imaginación

Ultraficción es el término que se han inventado Tanya Beyeler y Pablo Gisbert para debatir sobre la batalla cultural de las imágenes y las ideas. En un contexto en el que la verdad y la mentira se han devaluado en favor de términos como la posverdad o las fake news, El Conde de Torrefiel se pregunta cuál es el papel de la ficción, de ellos mismos como creadores, de la imaginación. “La verdad y la mentira forman parte del orden de la vida real, pero nosotros trabajamos en el de la ficción. El teatro es el primer santuario de la ficción. Para nosotros la primera pregunta de Ultraficción tiene que ver con nuestro trabajo como artistas: en el momento en el que la realidad está dinamitada continuamente por esa posverdad, por posibles ficciones, ¿cuál es el papel de la ficción como herramienta social? ¿Cuál es el rol del teatro?”, reflexiona Beyeler. Ocurrió con la fotografía y la pintura, más tarde con el cine, cuando las fronteras se diluyen, los conceptos necesiten un refuerzo o su destrucción, o todo lo contrario.

La solución propuesta es una oda a la imaginación, es decir, a la creación de imágenes propia, más allá del universo propuesto por la publicidad, el capital y las grandes corporaciones de la narración. Si los pilares que se suponían estar construyendo la realidad, crean en realidad ficciones, podemos entender de manera positiva el camino contrario: las ficciones ahora tienen la capacidad de construir realidades. Un poder del todo inesperado. “La tarea es precisamente la de recordar que la realidad es ficción, que todo puede cambiar y todo se puede crear. Y recordar la perversidad de la contradicción que hay en el todo es posible mientras te constriñen el pensamiento propio y crítico”, comenta Beyeler. “Si solo consumes imágenes, no las creas, pierdes la capacidad de la imaginación. La guerra de las imágenes es muy fuerte porque el arte antes buscaba arengar la imaginación, pero las consumimos como si fueran grasas saturadas y nos han acabado saturando. Vox y Podemos, Nike y Adidas, tienen un ejército de imágenes”, añade Pablo Gisbert. Otra idea más: “Esta ganando el imaginario de la derecha porque es bélico, rápido, eficaz, poco reposado. Nosotros aspiramos a un vaciado de imágenes para que el público pueda empezar a crearlas”.

Foto: ESTRELLA JOVER

En Complicidad de materiales anónimos, el punto de partida es preguntarse dónde van a parar las ideas, cuerpos y cosas una vez imaginados, qué significan para el mundo en el que vivimos. Las coordenadas de la posible respuesta las han ido explorando en Mark Fisher, en Ursula K. Le Guin, en Genesis P-Orridge, en Agustín Fernández Mallo, y por supuesto, en Reza Negarestani. Pero una vez en escena, cuando empieza un proceso teatral, las lecturas quedan a un lado. Toca parar y seguir pensando a través de la creación.

Algunas ideas sobre el contexto

Tras años, décadas y siglos de hablar sobre las fronteras conceptuales, sobre lo que son y lo que no son las cosas, 2021 nos brinda la oportunidad de estar repensando todo. ¿No es este el momento de dar un paso adelante para conocer que hay más allá de esa frontera? ¿Es el contexto perfecto para dinamitarlo todo? “Nuestra intuición está dirigida en poner el foco en las posibilidades, y el arma más genuina, más primitiva, más barata, más posibilística, es la imaginación”, opinan.

A los retos habituales, se le une “la necesidad de hacer una pieza de 2021, no de 2019”. “¿Cómo hacer teatro con la abrumadora presencia de lo virtual? ¿Qué importante tiene la presencia de unos cuerpos moviéndose? ¿Qué interés tiene la poética de 300 personas viendo juntas un espectáculo en vez de verlo en casa digitalmente”: todo esto se pregunta Pablo Gisbert. Y resume parte de la respuesta: “El secreto del teatro es la presencialidad, poner el cuerpo. Una manifestación vale más que un millón de tuits”.

La cara y la cruz del contexto: parece que los teatros se han convertidos en estos meses en lugares extraños donde estar, donde no hay cámaras, un espacio que llenar y que parece querer ser llenado; por otra parte, en sus doce años de carrera, la compañía ha notado una regresión en las posibilidades del teatro a causa de unas instituciones que “han puesto el ojo” y controlan cada vez más qué ocurre. “Lo ideal sería que la institución diera el dinero pero además diera libertad de creación. Parece que cada vez se va pudiendo hacer menos y menos”, sentencia Beyeler.

Tras Complicidad de materiales anónimos, El Conde de Torrefiel volverá a hacer una declinación diferente antes del horizonte Wiener Festwochen en València. ¿Pasa algo en la ciudad? “No, son momentos y oportunidades puntuales que no suponen nada a celebrar. Porque no se trata simplemente de una cuestión de interés por parte del espacio o las personas. El problema es que el interés no va acompañado de unas condiciones materiales para hacerlo realidad. Las estructuras culturales de la ciudad de València son insuficientes para generar un contexto teatral digno para un ciudadano del siglo XXI. Está todo muy institucionalizado pero, por lo misma razón, sofocado. Por ejemplo, este teatro -el TEM- cuenta con un director artístico y una plantilla prácticamente externalizada en su totalidad, cuando debería tener, como mínimo, a cinco personas fijas gestionando el espacio”.

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