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DISEÑO PARA EL PENSAMIENTO

El diseñador que hizo habitable el espacio

Y con espacio nos referimos a la primera estación espacial americana puesta en órbita en 1973.

17/02/2020 - 

VALÈNCIA. Posiblemente uno de los mayores logros del diseño industrial moderno fuese añadir una ventana a la primera estación lanzada al espacio por los norteamericanos. Se trató de la Skylab, puesta en órbita en 1973, y para todo el programa de lanzamiento la NASA había contratado a finales de los años sesenta a un reputado diseñador para desarrollar todo el proyecto de habitabilidad para esa casa en miniatura en la que los astronautas pasarían semanas encerrados.

Antes de llegar a la carrera espacial, Raymond Loewy (1893 - 1986) ya era considerado como el padre del diseño industrial moderno. A principios del siglo XX había pasado de escaparatista a ilustrador de moda hasta convertirse en consultor para marcas, y fue su visión futurista aplicada a locomotoras de tren, a coches o a neveras la que definió que los objetos no tenían que ser feos, sino que podían ser bellos. Famoso por poner carcasas a toscas máquinas de escribir, a vehículos de todo tipo o por rediseñar la cajetilla de tabaco de Lucky Strike, no supo mantener en tierra esa visión y ya en su etapa más madura comenzó a despegar, primero en avión, y la nave espacial vendría después.

Loewy en los sesenta era una celebridad, por su fama y su carácter. Era alguien que podía acercarse a los Kennedy a intercambiar impresiones sobre el diseño del avión presidencial, crear el concepto actual de Air Force One y terminar diseñando los interiores de la aeronave codo con codo con Jackie Kennedy como directora de arte. Y es que esa icónica aeronave fue fruto de una colaboración personal entre Raymond Loewy y el presidente John F. Kennedy, dos perfiles que desarrollaron una visión de marca muy cercana a la idea del branding que tenemos hoy en día. Rediseñaron el fuselaje del avión presidencial para quitarle tintes militares y convertirlo en la poderosa imagen de marca sobre el cielo que es hoy, y así, a principios de los sesenta, es como el diseño metía cabeza en una primera colaboración que lo llevaría hasta la órbita terrestre unos años después.

A finales de la década Loewy se convertía en pionero del diseño espacial, casi en paralelo a otros conceptos de ciencia ficción asesorados por otros diseñadores como los primeros bocetos de Kubrick para 2001, pero con una visión más útil y práctica. Raymond Loewy fue contratado como consultor de la NASA para trabajar la ergonomía haciendo más cómodos los habitáculos para los astronautas, y desarrolló conceptos de cabinas e interiores con prototipos a escala real para probar sus diseños.

La NASA,consciente de cómo el diseño podía mejorar esas peculiares condiciones deconvivencia extrema (ríete de Gran Hermano) y en gravedad cero, puso a laspersonas en el centro de un proyecto donde hasta entonces la ingenieríacentrada en mecánica y aparatos era la reina y desde 1967 hasta 1973 tuvieron aLoewy colaborando en los proyectos Skylab y Saturn-Apollo dándole vueltas a cómo hacer másllevables las largas estancias previstas en estaciones espaciales. El diseñadortenía ya 74 años, y su larga experiencia como diseñador de interiores decoches, trenes y hasta aviones le hizo solucionar temas de comodidad, seguridady accesibilidad pero también belleza o privacidad. Y así es como ideó poner lasfamosas ventanas circulares a través de las cuales los astronautas podíanestablecer contacto visual con la Tierra, algo que siempre reconocieron comouna válvula de escape emocional importante que les hacía añorar menos a sugente. Y por consiguiente no volverse locos encerrados en un tubo.

Otros detalles curiosos fueron diseñar las mesas de forma triangular, ya que de este modo las tripulaciones de 3 personas no establecían jerarquías presidiendo la mesa. Estas y muchas otras soluciones de habitabilidad las recogió en su estudio firmado junto a William Snaith donde ambos definieron cómo es hoy, medio siglo después, la vida en las estaciones espaciales, y entregaron ese informe ahora desclasificado por la NASA y descargable en pdf.

Construyeron aquellas cabinas a escala real para testear su estudio, y a partir de estos prototipos desarrollaron una serie de recomendaciones y diseños de asientos y de escotillas. Reorganizaron interiores por causas que hoy parecen más de sentido común que otra cosa pero los ingenieros no habían reparado en detalles como temas de higiene personal o configuración de mesas e incluso resolvieron problemas graves de almacenamiento diseñando el sistema de cocinas y armariadas que hoy en día vemos en las cocinas de los aviones donde un auténtico tetris sirve de despensa para cientos de pasajeros. Loewy dio un paso más para reducir espacio, rediseñando el packaging de las bebidas en forma de bolsitas estrujables para beber, algo popular hoy en el lineal infantil de los supermercados. Son conceptos comerciales a día de hoy, que hace cincuenta años se pusieron como conceptos al servicio de la NASA.

Desde la iluminación a la posición de los espejos y desde la cocina hasta los baños, Loewy aportó una visión de eficiencia de espacio y también una solución al quebradero de cabeza que la NASA tenía en temas de higiene y privacidad. También ahondó durante esos años en el diseño gráfico aplicado al mundo de la burocracia, rediseñando formularios y documentos como por ejemplo la maquetación de fichas que los astronautas tenían que cumplimentar en su día a día haciéndolo todo más sencillo.

Todas las ideas de habitabilidad se aplicaron por primera vez al programa de la primera estación espacial estadounidense, que no fue la ISS que a todos nos suena, sino el proyecto Skylab de la NASA que orbitó alrededor de la Tierra de 1973 a 1979 y acogió misiones de casi 90 días.

Loewy dejó bocetadas además decenas de ideas, incluyendo conceptos de lo que llamó “taxis espaciales” que llegan a recordar a las Speeder Bikes de Star Wars que tardarían una década en ser concebidas por el universo de George Lucas.

Este caso de un diseñador desarrollando conceptos que hicieron historia es una demostración más del diseño como palanca de innovación no sólo para las empresas sino para toda nuestra sociedad.

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