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TIEMPOS POSTMODERNOS / OPINIÓN

El euro a los 20

Hay que tomar las decisiones necesarias para consolidar la Unión Monetaria. Si no, cuando llegue la próxima crisis, nos arrepentiremos

13/01/2019 - 

Aunque los billetes y monedas no circularon hasta 2002, en enero de 1999 comienza su andadura la eurozona, compuesta entonces por 11 países que fijaron, de manera irrevocable, los tipos de cambio bilaterales de sus monedas. Además, se estableció la paridad de cada una de ellas con el euro, naciendo, por tanto, la moneda única. Los que ya tenemos una cierta edad recordamos que los precios de los productos, los saldos bancarios y los salarios, se anunciaron ya en euros, aunque con recordatorios de su equivalente en pesetas.

Los universitarios de hoy en día no han conocido ya otra moneda más que el euro. Junto con todos los demás jóvenes y niños, suponen un 20% de la población en España. Desde el punto de vista social y, a pesar de la crisis, el grado de aceptación de la unión monetaria y de nuestra moneda común es elevado. Según cifras del Eurobarómetro de otoño de 2018 (el último disponible) entre los 19 miembros actuales de la eurozona, el 74% de los ciudadanos tienen una visión favorable del mismo. En el caso de España, como puede verse en el primer gráfico, el grado de apoyo es superior, un 78%. Destacan Alemania y los Países Bajos con el 81 y 80%, respectivamente. El euro también se identifica en el Eurobarómetro con una de las principales ventajas que ha proporcionado la UE: la primera es la libre circulación de bienes, servicios y personas; la segunda la paz; y la tercera el euro, todos ellos en aumento durante el último año.

Sin embargo, estos primeros 20 años del euro no han sido ni fáciles ni predecibles. Como señala Barry Eichengreen en The Conversation, si recordamos los años previos a la creación de la eurozona, Alemania temía que, sin el Bundesbank, la inflación aumentase, con la consiguiente pérdida de competitividad y el riesgo de saldos negativos por cuenta corriente. Aún sin la crisis financiera y la deflación que generó, la inflación se ha mantenido más baja de lo que cabía prever y el BCE ha mostrado capacidad para generar credibilidad y tomar medidas tanto convencionales como no convencionales para proteger no sólo el valor del euro sino el funcionamiento del sistema financiero europeo, aunque con retrasos derivados de su juventud y de lo inesperado de la crisis financiera.

Desde el punto de vista económico, debemos tener en cuenta que el nacimiento del euro supuso un acontecimiento especial, puesto que no existe ningún otro ejemplo en la historia monetaria equivalente a éste, en el que un grupo de países establecieron un calendario y unas condiciones (los criterios de convergencia) para la creación de una unión monetaria a cámara lenta. No obstante, dado que el euro es la moneda común de 19 países de los más desarrollados del mundo y más de 300 millones de habitantes, sería de esperar que, tras 20 años, ocupase un lugar preminente como moneda internacional. Actualmente el euro es, claramente, la segunda divisa, tras el dólar y a distancia de la libra, el yen o el yuan. Sin embargo, su posición no se corresponde con el peso económico en el comercio y la inversión mundial de la eurozona. En un reciente artículo publicado por Konstantinos Efstathiou y Francesco Papadia, de Bruegel, se hace repaso a los diferentes usos de las divisas internacionales, comparando al euro con el dólar. ¿Qué ventajas podemos obtener si el euro aumenta su peso como moneda internacional? Supondría que el comercio de bienes y servicios, las emisiones de deuda y bonos internacionales y, en general, las transacciones mundiales, serían en nuestra propia moneda, eliminando la incertidumbre y las pérdidas ante fluctuaciones del tipo de cambio del dólar. Por ejemplo, si compráramos el petróleo en euros en lugar de dólares nuestra factura no subiría cuando el dólar se aprecia, ni aumentaría el valor en euros de la deuda emitida en dólares que aún no esté amortizada. En la actualidad, la mayor parte del comercio mundial sigue realizándose en dólares, a pesar de que es la UE el principal bloque comercial tanto en bienes como servicios. Lo mismo pasa en los mercados de deuda y otros activos internacionales (como puede verse en los gráficos). 

Parte del déficit en el papel internacional del euro hay que atribuirlo, en primer lugar, a la crisis, que ha frenado la tendencia creciente que mostraba en sus primeros años de andadura. Pero, además, hay un segundo motivo que depende de las autoridades europeas y de los países miembros: todavía no se ha finalizado la unión bancaria y estamos lejos de tener herramientas propias de una estructura federal en términos de política fiscal. A pesar de que la crisis financiera supuso un acicate para progresar en ambos ámbitos y mejorar el entramado institucional de la eurozona, no sólo el esfuerzo sigue siendo insuficiente, sino que el impulso se debilita a medida que la situación económica mejora. Cada paso dado en esta dirección supone una mayor cesión de soberanía por parte de los países miembros y siempre se van a mostrar reticentes. Recordemos, además, que lo mismo ocurre con el impulso reformador, favorecido por la recesión que resultó de la crisis financiera.

A pesar de todo, debemos entender que hemos pasado 10 de los 20 años del euro dentro de la peor recesión desde 1930. La alternativa, salir de la eurozona, es inviable y nadie se lo plantea, ni siquiera Grecia en los peores momentos. Y los ciudadanos europeos lo tienen bastante claro, a pesar de las dificultades de la crisis. Pidamos a nuestros gobiernos un mayor esfuerzo en su consolidación y que tomen las medidas necesarias para ello. Quedan muchas cosas por hacer, pero los ciudadanos de la Unión tenemos un Plan aprobado por los presidentes de las distintas instituciones europeas. La opinión pública tiene que conocer mejor las diferentes opciones que se están debatiendo. Las próximas elecciones al Parlamento Europeo serán cruciales para hacer posible las decisiones que son necesarias para una Unión Monetaria estable. Si no, cuando llegue la próxima crisis, nos arrepentiremos.

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