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El malestar en los oficios de la cultura

De la burocracia infernal a la falta de desconexión entre el tiempo de trabajo y de ocio, los profesionales del sector revelan los aspectos que más les inquietan, atormentan y perturban de su empleo

30/05/2022 - 

VALÈNCIA. Hay ciertos oficios que, en el imaginario colectivo, tenemos catalogados como tediosos, durísimos, peligrosos, poco valorados o demasiado exigentes. Otros, en cambio, permanecen en el archivador de las tareas idealizadas. Son esos puestos que la conversación social etiqueta automáticamente de glamurosos, fáciles, divertidos, disfrutones o que apenas son consideradas ocupaciones ‘de verdad’. Casi un hobby venido a más. A ese argumentario pertenecen la gran mayoría de trabajos culturales. Empleos con un fuerte componente vocacional a los que, a menudo, se les niegan sus aspectos menos resplandecientes.

Así, se da por hecho que laborar en las esferas de la cultura debe ser una fuente de satisfacción e ilusión constantes. ¿Cómo vas a quejarte de tu horario si te dedicas a algo artístico, a algo que te gusta? ¿Cómo vas a tener miedos y angustias? ¿Cómo vas a exigir mejoras en tus condiciones si disfrutas con lo que haces cada día? ¡Si eres un privilegiado!

Ese entusiasmo tan presente en los trabajos creativos del que alertó Remedios Zafra acaba produciendo monstruos cotidianos contra los que parece difícil batallar, pues, de nuevo, al menos curras en algo que te apasiona (¡Trampa detectada! ¡Alerta, alerta!) Estas frustraciones que recorren bambalinas, editoriales y sillas de autónomos adoptan rostros diversos: de las jornadas interminables a los sueldos de miseria o la poca repercusión pública, de las batallas con la burocracia a la falta de coordinación con otros estamentos. De las inseguridades a la hora de comenzar un nuevo proyecto a los excels que se multiplican en modo gremlin. Se asume que la vocación siempre vence, que esos conflictos acaban sepultados por la ilusión, pero ¿es así realmente?

Ya sabemos que dedicarse al mundo de la escena, el arte o la literatura puede ser fascinante, pero aquí queremos conocer esa cara B de la que no queda tan bien hablar en una inauguración. Queremos conocer cuáles son los grandes malestares en los oficios de la cultura (si eres Sigmund Freud y estás leyendo esto, no se trata, en absoluto, de un plagio de tu libro, es pura coincidencia, lo prometo). Para conocer esas sombras, acudimos a unos cuantos profesionales del orbe creativo y les hacemos la siguiente pregunta: cuando se trata de tu trayectoria laboral, ¿qué es lo que más te inquieta, te atormenta o te perturba?

Javier Pérez Alarcón, traductor audiovisual

“Lo que más me toca las narices es el menosprecio de ciertos grupos hacia el empleo cultural, en general y, en mi caso, a la traducción. Esas creencias se reflejan, por una parte, en que la gente piense que esto lo puede hacer cualquiera o que basta una máquina que traduzca automáticamente y luego pedirle a un humano que lo revise a cambio de cuatro duros. No todo el mundo puede traducir bien porque sí, hacen falta unos conocimientos y cualidades específicos. Igual que no eres traductor solo por saber inglés.

Y, por otro lado, se da por hecho que si te dedicas a algo que te gusta y te lo pasas bien haciéndolo, no es necesario pagarte de forma digna. Como lo disfrutas, es legítimo que lo hagas a cambio de unas tarifas de miseria. Parece hasta raro que exijas cobrar más de lo que te ofrecen. ¡Me lo paso bien traduciendo, pero también comiendo, pudiendo pagar mis facturas y no teniendo que dormir en la calle!”.

Gonçal López-Pampló, director literari de Bromera

“L’aspecte que més em frustra de la meua tasca com a editor és la incapacitat per a canalitzar tota l'energia creativa que ens arriba. Sé que hi ha molts projectes bons que quedaran inèdits o que jo no podré publicar, perquè, per molt que m'agraden a títol personal, sé que no són la classe d'obra que necessita el catàleg de Bromera. I, en eixe sentit, m'enfada la confusió que sovint es produeix en el sector cultural entre el gust personal i l'adequació a l'empresa en la qual treballes. De fet, és una confusió que trobe tant en el costat de la producció com en el de la recepció. Crec que el meu treball ha de parlar per si mateix, però no dels meus gustos, sinó de la meua professionalitat.

També em resulta difícil gestionar el temperament artístic. Jo tinc una visió molt tècnica i artesanal del meu treball, pense en termes de catàleg. Això a vegades genera dificultats amb els creadors, que tenen una perspectiva més individualista de la seua obra. D'altra banda, em preocupa, com a signe dels temps, la preeminència que adquireix en el sector cultural el disseny de producte i els plantejaments de màrqueting. No soc ingenu: el màrqueting en la indústria creativa no és res nou, però amb Internet i les xarxes socials s'ha desenvolupat un sistema que sovint s’imposa al criteri dels editors.

Finalment, en la indústria editorial té lloc una dinàmica molt perillosa: la implicació personal molt elevada precisament per l'entusiasme que et genera el producte. La majoria de nosaltres, abans d'editors hem sigut lectors entusiastes. Eixe entusiasme desemboca en autoexplotació i en una vinculació sentimental amb els projectes que dificulta separar a la persona del seu ofici”.
 Foto: ESTRELLA JOVER

David Brieva, librero en Bartleby, gestor cultural y organizador del festival LAB de series

“Creo que para cualquier dinamizador cultural la ausencia de un público interesado es lo más frustrante, sobre todo si crees que lo que ofreces tiene verdadero interés y hay una propuesta sólida detrás. Tanto para un festival como en una modesta acción dentro de una librería, la ausencia de respuesta puede llegar a ser desalentadora.

Algunas veces se debe a un problema de comunicación. Tienes la certeza de que existe un interés por aquello que vas a proponer, pero, en la vorágine digital, no das con la manera de alcanzar al grupo de gente que estaría interesada. En otras ocasiones se produce un exceso de oferta cultural que compite entre sí por un mismo público y suele demostrar una ausencia de coordinación elemental. Finalmente, la más demoledora de las opciones; el puro desinterés. La desasosegante idea de que solo hay un porcentaje de público muy pequeño interesando en la actividad cultural más allá del mainstream y los fenómenos más comerciales. Un reducto minúsculo y sobreexplotado por una oferta abrumadora.

Si además crees que tu ciudad es especialmente complicada en lo que tiene que ver con la movilización cultural, hay días que es mejor no levantarse de la cama. Por suerte, lo hacemos”.

Amparo Pons, bibliotecaria del L'ETNO. Museu Valencià d'Etnologia

“El gran desespero de las bibliotecarias es la gestión administrativa y la diferencia de lenguajes que existe entre la administración general y la administración de la cultura. La aplicación de la actual ley de contratación ha hecho que los procesos sean largos y tediosos para aprobar lo que debería ser un sencillo contrato menor, por ejemplo. Es esencial que estemos formados sobre administración general y contratación, pero es un peso más a asumir a nuestro propio trabajo especializado.

Por otro lado, me parece absurda la falta de coordinación. Nos contraprogramamos, realizamos actividades similares, parece que haya que crear continuamente, pero podríamos reutilizar y colaborar entre instituciones. Me encantaría que existiera un canal de comunicación entre profesionales de diversos perfiles, no de instituciones, que busquen puntos en común. Foros reales dónde compartir y conectar iniciativas y profesionales.

Y lo que me fastidia de verdad es el imaginario que rodea al sector bibliotecario. Las veces que me han dicho: ‘Ay, qué oficio más bonito y tranquilo, en la biblioteca, con tanto silencio y leyendo’. Cada vez que me sueltan eso empiezo a pensar en todo lo que llevo entre manos y me pregunto desde cuándo esa persona no pisa una biblioteca. Por mucho que nos empeñemos las bibliotecarias en reivindicarnos, y dinamizar los centros y generar comunidad, si la ciudadanía no se entera, no sirve de nada”.

Andrea Torres, creadora escénica y periodista cultural

“Desde el punto de vista de la creación, uno de los problemas más importantes es la relación con las instituciones, especialmente si hablamos de los procesos burocráticos para solicitar y justificar ayudas públicas. Tú pides una subvención y, algunos organismos, en lugar de darte ese capital para poner en marcha tu pieza, te obligan a adelantar tu propio dinero. Tú te financias todo, estrenas la producción y después (de hecho, mucho después de haber estrenado, cuando quizás hasta has acabado la gira) te ingresan esa subvención. Claro, si no tienes ese dinero de antemano, o te endeudas y asumes una precariedad constante, o no puedes trabajar. Es muy difícil mantener ese esfuerzo en el tiempo, así que a la larga, esas prácticas dificultan que puedas vivir de la creación si no cuentas con cierta seguridad económica previa.

Y como periodista, el principal conflicto para mí es la falta de separación entre la vida laboral y personal. El trabajo lo acaba invadiendo todo y al final se confunden tu ocio con tu profesión. Tienes que estar siempre pendiente, siempre preparada. Recibir llamadas, mensajes y peticiones urgentes durante tu tiempo de descanso hace que se vuelva imposible desconectar. Siempre hay un mail o un WhatsApp pendiente de contestar. Al final, acabas teniendo trabacaciones sin tú quererlo. Por ser un empleo vocacional y de tanta implicación personal, se espera que estés disponible al 100% siempre y que estés deseosa de asumir cualquier sacrificio (desde condiciones económicas muy precarias hasta jornadas interminables) por el triunfo del proyecto”.

Rafa Molés, director, guionista i membre de SUICAfilms

“Si parlem de la indústria, m’enfada i entristeix que molts mitjans de comunicació no donen a l’art l’espai i la importància que mereix, quan, en realitat, en la vida diària, ens influeixen molt els continguts culturals que consumim. Al mateix temps, està molt arrelada la idea que els creadors som uns paràsits de la societat que ens aprofitem del sistema, un discurs fals, però molt instrumentalitzat per certes ideologies. Realment, a més del valor que tenen les obres d’art per si mateixes, les produccions culturals també estem contribuint econòmicament al teixit social i generant riquesa

I com a creador, la part més angoixant és pensar si la pel·lícula que jo vull realitzar i que al meu cap és meravellosa té sentit per al públic. És un dubte del qual no ixes fins al final del procés creatiu. Quan estàs ideant una obra, t’enamores d’ella i vols que siga un sentiment compartit amb la resta. Soc conscient que ningú està esperant la nostra producció, que el món continuaria girant sense ella, però al mateix temps, el cinema té un potencial transformador de la realitat”.

Ana Henar Lorenzo, gestora cultural especializada en artes escénicas

“Lo más frustrante es sentir que no se le da valor al trabajo que hacemos. Eso se traduce en el desconocimiento social de nuestra labor y de la precariedad que sufrimos y que nos obliga a estar encargándonos de mil tareas a la vez si queremos sacar adelante cualquier iniciativa. También me molesta la poca sensibilidad de las administraciones públicas a los tiempos y singularidades de nuestros empleos; sería necesario establecer nuevas formas de relación con la administración y sus agentes”.

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