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las series y la vida

El mejor capítulo de la historia

27/04/2019 - 

VALÈNCIA. Justo después de que acabe el recuento de votos y ya sepamos los resultados de las elecciones, a las tres de la madrugada, HBO emitirá el tercer capítulo de Juego de tronos, que, qué cosas, es precisamente el de la gran batalla entre todos los protagonistas de la serie (menos una) contra los temibles Caminantes Blancos. La batalla decisiva. Parece que ni hecho adrede, caramba.

Nos viene de maravilla la rima. No sabemos quién morirá (¡ay!), ni si los gélidos zombis del Rey de la Noche ganarán en Invernalia (¡ayay!) pero esperamos que aquí no ganen los penosos zombis franquistas envueltos en sus banderas de odio y fascismo. Como les sucede a los habitantes de Poniente, no podemos perder esa batalla (¡ayayay!).

Lo que sí está claro es que el capítulo que se avecina, el de JdT, se anuncia cómo el mejor de la historia, lo nunca visto, el episodio definitivo, el no va más. Va a convertirse en trending topic el lunes sí o sí, incluso compitiendo con las elecciones. Es más, combinándose con ellas. Las comparaciones, chascarrillos y memes que mezclen la realidad con la ficción van a ser incontables. La serie ha trascendido del ámbito del ocio, se ha convertido en referente de la realidad y se utiliza para hablar de cualquier cosa, sea economía, psicología o deporte, aunque donde más triunfa como metáfora o espejo es en la política. La coincidencia con las elecciones no hace más que ampliar su resonancia.

Esa plaga del resultadismo

Seguro que la hora y veinte de batalla del capítulo del domingo será un gran espectáculo. Ya sabemos que el diseño de producción de la serie ha roto todas las expectativas y ha alcanzado cotas que no se habían visto nunca en televisión. Los llamados oficios del cine brillan y encantan. Y nunca hay que renunciar al sentido de la maravilla, lo necesitamos. Pero que sea muy espectacular, ¿lo convierte en el mejor episodio de la historia?

Lo primero es decir que eso no existe, por supuesto. El mejor episodio de la historia, me refiero. No hay “el mejor”. Vale como hashtag resultón, pero nada más. O así debería es. Disfrutamos con las listas, con su parte de juego. El problema es que el capitalismo competitivo que sufrimos nos obliga constantemente a hacerlas, lo que ya no resulta tan divertido. Forma parte de nuestro consumo compulsivo e impuesto. Ese mismo que centra toda la satisfacción en el final, olvidando que el camino es lo que importa. Es el maldito resultadismo, tan profundamente capitalista e irreflexivo él. Ya volveremos a sufrirlo al final de la serie.

Y lo segundo es que pedirle excelencia técnica a quién ha demostrarlo tenerla en abundancia, o sentido del espectáculo a un producto de Hollywood con un presupuesto de 90 millones de euros (lo que cuesta esta última temporada de seis capítulos), a lo mejor no es pedir mucho. Qué menos.

Pidamos emoción, eso sí. Una buena historia, también. Momentos inolvidables. De eso hemos tenido en abundancia (y más que tendremos). Muchos han estado, precisamente, en esos capítulos en los que, según los amantes de la acción y los finales, no pasa nada. Como en el último, el titulado A Knight of the Seven Kingdoms. Mucha gente ha renegado de este capítulo, en gran parte por esa maldita tiranía del no-pasa-nada. ¿Qué es eso de gente hablando y cerrando cuentas morales y vitales? ¿Dónde está la acción? ¿reuniones de borrachos?¿ ¿viejos camaradas? Venga ya, espabilad y dejaos de diálogos y de psicología. Quiero lucha cuerpo a cuerpo, acción, muertes, persecución, sangre, explosiones, ruido y furia. Más partidos del siglo, aunque haya dos o tres cada mes.

Ah, el ruido y la furia. Parece que, sin eso, sobre todo sin ruido, no hay nada. Ni en la realidad ni en la ficción. Vivimos rodeados de ello. De ruido. De furia. Así pues, no puede extrañar que mucha gente elija los capítulos de batallas de JdT como los mejores de la serie y hasta de la historia. Es el caso de Aguasnegras (2x09), Casa Austera (5x08) o La batalla de los bastardos (6x09). O que se diga de una película o de una serie que es lenta. ¿Dónde están las reglas que miden la lentitud y la velocidad de una ficción? ¿Cuál es el canon? ¿Fast and furious convertido en categoría estética? Por eso, ahora que la contienda es la decisiva, la madre de todas las batallas, siguiendo esta lógica será el mejor capítulo. ¿Cómo no va a serlo?

No cabe duda de que la espectacularidad y la esmerada calidad técnica están entre las causas del éxito planetario de la serie, pero, de lo que tampoco hay duda es de que con eso no basta. Son fuegos artificiales. Mis cincuenta mejores amigas y yo lo tenemos claro. Sin buenos personajes, diálogos, argumentos y arcos narrativos interesantes jamás nos habríamos enganchado a esta ficción, por muchos dragones, fuegos azules y efectos CGI que se desplieguen. Con eso solo, ni de coña hubiéramos llegado hasta la octava temporada. Y desde luego no sería la serie relevante que es.

Sin conocer la motivación de los personajes, sin haber asistido a su evolución, sin comprender al que quiere purgar sus pecados, a la que ve peligrar su dominio, a quien antes era adversario y ahora es aliado, a quien sabe que va a morir y está dispuesta a ello, a quien quiere matar o a quien no quiere hacerlo, lo que pase en la batalla nos va a dar igual. Quién muera o quién viva, por muy espectacularmente que lo hagan, nos importará un bledo si no tenemos empatía con el personaje, si no sabemos quién es. Por eso, esos capítulos en los que supuestamente no pasa nada son donde pasa todo en realidad. Donde se juegan las grandes cuestiones y se forjan las decisiones. Y, cuando está bien contado, es apasionante asistir a ese proceso. El final, la batalla no es más que la consecuencia de todo ello. Que si además es bella, por supuesto, también nos hará gozar.

Y, por cierto, hablando de resultados, si no quieres que aquí ganen los caminantes blancos no necesitas atravesar muros de hielo, tener dragones o ejércitos de arqueros. Hay un remedio fácil y trascendente: #Votacoño #Vota28A

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