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hedonista / los clásicos

El respeto de Susi Díaz a la chaquetilla

La vida de esta cocinera ilicitana va paralela a un proyecto que empezó como una solución para lograr cierta conciliación familiar y acabó en el firmamento gastronómico

| 14/10/2021 | 2 min, 40 seg

VALÈNCIA.- Susi Díaz tiene dos nacimientos. El del día de su cumpleaños, en abril de 1956, y el de la fundación de La Finca, su restaurante, en 1984. En ambos la figura de Elche tiene un componente de madre patria y alma mater. Lo ilicitano es familiar en los modos educados y alegres de esta cocinera que, desde 2006, figura en el prontuario de tapas rojas que tantas ansiedades y alegrías causa.

Aunque nadie diría que Susi está muy obsesionada con la estrella Michelin, ni con los dos soles Repsol. Se agradece.  

¿Cómo le explicamos quién es Susi Díaz a un extraterrestre, a alguien que ni sabe ni quiere saber de macarons o galardones gastronómicos? «Le diría que Susi Díaz es una cocinera, una cocinera a la que le encanta la cocina. Que ha hecho de su profesión, su pasión. Que le encanta cocinar con todo lo que tiene a su alrededor, que ama su tierra a rabiar y que intenta buscar todo aquello autóctono que de alguna manera ha creado historia en nuestro entorno». 

Hecha la presentación, nos metemos entre chumberas, nos deslumbra el sol del final del verano y aun así, no nos pinchamos. 

«Ayer estuve con mi nieto Chema, que solo tiene ocho añitos. Y le dije ‘Mira, ven, que te voy a contar lo que me explicaba mi abuela de los higos chumbos o higos de pala, que es como se les llama en nuestra tierra. Antes se comían muchísimo. Primero, los tienes que coger con cuidado, se barren con mucha tierra y se lavan muy bien’. Estas cosas se van a perder, y son tan bonitas. Yo intento que esto perdure; soy una defensora de todo lo que nos trae recuerdos y tiene que ver con la cocina. No sé si llegaremos a convencer al extraterrestre de que se coma un higo de pala, pero lo intentaríamos». 

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«La Finca empezó porque me casé con José María, mi marido, y él se dedicaba a la hostelería. Yo en ese momento me dedicaba a la moda; trabajaba en una tienda de corte y confección bastante importante en Elche. E imagínate, dos mundos y dos horarios muy diferentes. Incompatibles. Muchas veces yo llegaba a casa y él se iba, o yo me iba y él venía. No estábamos muy contentos de cómo funcionaba nuestro matrimonio con estos dos trabajos tan dispares. Entonces, le dije ‘Mira, esto es una cuestión de unirnos. Podemos hacer dos cosas, o montamos una tienda de modas y tú la dominas y yo te ayudo o montamos un restaurante y yo lo domino y tú me ayudas».

* Lea el artículo íntegramente en el número 84 (octubre 2021) de la revista Plaza

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