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Odyssey Robotics

El talento de la inteligencia artificial

Tiene 25 años y es el creador de Odyssey Robotics. La cabeza de Javier Martínez siempre está buscando soluciones para mejorar la productividad de la industria 4.0 y acaba de ganar el concurso nacional Santander YUZZ por el desarrollo de un sistema de guiado por visión artificial para vehículos autónomos industriales

26/01/2018 - 

ALICANTE.- La primera idea de Javier Martínez para trasladar la inteligencia artificial al mundo real surgió mientras trabajaba en el campo. Allí, este ingeniero mecánico de 25 años pensó en crear un robot con guiado por visión para arar la tierra y que las máquinas también pudieran complementarse con otras funciones como plantar tubérculos, cosecharlos y fumigar. Se puso manos a la obra, empezó a darle forma al proyecto y se apuntó a la sexta edición de la Maratón de Creación de Empresas de la Universidad Miguel Hernández para convertir una idea puramente de ingeniería en un modelo de negocio viable.

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Ahí vino el primer aprendizaje de este joven emprendedor «porque no hay que ir tan rápido y primero hay que ver si se puede vender antes de construir. Creía que tenía una máquina que iba a querer todo el mundo pero no fue así», reconoce Javier Martínez al tiempo que añade que esa idea no está abandonada ni descartada «es potente, pero no es el momento de vender robots para agricultura porque su penetración en el mercado es muy baja».

Aunque esa máquina, de momento, no ha superado la fase comercial sí que ha supuesto un gran aprendizaje para Javier Martínez tanto por la parte empresarial como por el lado del desarrollo. De hecho, sus primeros pasos en el mundo de los negocios están ligados a esta máquina porque este emprendedor recibió un encargo para construir un vehículo autónomo para un almacén y al final terminó aplicando el sistema de guiado para máquinas de campo al mundo de la logística «porque el valor de todo esto no está en la máquina ni en la electrónica sino en el sistema de control». 

Para esta firma, recuerda Martínez, «se desarrolló una máquina con una capacidad de carga de 25 toneladas, la línea en la que se instaló pasó de cargar diez camiones al día a 110 y, paralelamente, en el Maratón de Creación de Empresas de la UMH lo que hice fue modificar el plan de negocio y orientarlo al sistema de guiado por visión artificial para vehículos autónomos industriales».

El brazo robótico

De ahí surgió la posibilidad de dar un paso más y construir un brazo robótico con base móvil que puede realizar dos funciones a la vez. De esta forma, con el sistema de guiado por visión artificial puede desplazarse por el almacén y, además, recoger la mercancía o montar el palé con el pedido (lo que se conoce como picking automático).

Esta máquina ofrece mucha flexibilidad a las empresas porque pueden tener una herramienta que no solo carga un vehículo autónomo sino que también desarrolla otras tareas y además se pueden utilizar varios robots para complementarse unos con otros y que cada uno haga un trabajo diferente. 

El sistema es capaz de hacer inventariado en tiempo real y comprobar las existencias que hay en el almacén

Para ello, el sistema usa cámaras con el fin de que el robot pueda orientarse por su entorno sin necesidad de instalar hilos eléctricos, pintar el suelo o poner reflectores de láser. «Al ir guiado por visión puede entender mejor el espacio, es más flexible y versátil y no es una máquina tan rígida como otras a las que hay que indicarle las cosas. En nuestro caso, prácticamente solo hay que sacar el robot de la caja y ponerlo en marcha». 

Otra de las innovaciones que aporta este sistema de guiado por visión artificial es que las máquinas pueden desplazarse por espacios interiores y exteriores lo cual amplía las opciones de trabajo. También es capaz de hacer inventariado en tiempo real porque al usar la visión, lo que tenemos son fotos continuas del entorno que nos permiten comprobar las existencias que hay en el almacén.

La precisión es otro de los aspectos claves de este sistema porque el robot no necesita etiquetas ni códigos de barras para reconocer un producto sino que es capaz de identificarlo con la visión artificial.

El valor añadido del ‘software’

El brazo robótico con base móvil está compuesto por tres partes: la mecánica, con el chasis en el que se incluyen los motores y actuadores; luego tiene una segunda parte que es la de firmware de control, que es un control de movimiento de bajo nivel (giro de las palancas, las ruedas…), y la más abstracta y compleja, que aporta el valor añadido, que es la parte del software para que la máquina realice su trabajo: guiado por visión, reconocimiento de los objetos, mapeado en tiempo real… 

Lo más complejo del sistema, comenta su creador, «es el propio guiado por visión ya que los sensores de visión dan mucha información y eso es bueno y malo a la vez: por un lado puedes controlar muchas cosas con eso pero, por otra parte, tal cantidad de datos es difícil de cribar y de filtrar. Además, nos movemos en un campo que ahora mismo es objeto de desarrollo y donde no hay métodos definitivos o asentados».

A todo ello hay que añadir que la maquinaria la construyen ellos mismos donde Javier Martínez cuenta con la ayuda de Adrián Maleno (ingeniero electrónico y automático) y Javier García (ingeniero informático) y, además, lo llevan a cabo con recursos económicos limitados que suplen con creatividad, talento y trabajo.

La recompensa al esfuerzo

Tras ganar la sexta edición del Maratón de Creación de Empresas de la UMH, Javier Martínez también se impuso a nivel local en el concurso Santander YUZZ lo que le sirvió de billete para ir a la final nacional y compartir un viaje lleno de experiencias a la capital mundial de la innovación: Silicon Valley.

Todos los finalistas del concurso pudieron conocer las compañías Google, Facebook, LinkedIn, el garaje de HP y ver de cerca el ambiente de San Francisco y todo lo que se genera a nivel empresarial y de incubadoras de startups.

«Aquello es muy diferente a lo de aquí. Hay una competencia tremenda y allí es más fácil conseguir dinero pero, sin embargo, es igual de fácil gastárselo y tremendamente fácil quedarse sin nada… Si aquí te quedas sin nada da la sensación de que no te quedas tirado completamente».

Casi sin tiempo para asimilar todo lo aprendido durante el viaje, Javier Martínez subió al escenario del auditorio de la ciudad financiera del Banco Santander para recoger el premio nacional a su proyecto de sistema de guiado artificial para vehículos autónomos industriales. Se trata del primer premio y está dotado con 30.000 euros.

«Han contactado con nosotros grandes empresas e instituciones; además hemos tenido apoyo económico y reconocimiento»

«El premio fue por el proyecto empresarial. El programa es para ideas innovadoras y aquí la idea innovadora es aplicar la visión artificial al control de vehículos para la logística», precisa Martínez, quien añade que ganar este concurso «nos ha dado una visibilidad tremenda. Han contactado con nosotros grandes empresas e instituciones y a eso hay que sumarle el apoyo económico que siempre viene bien para seguir avanzando; también el hecho de que se reconozca y valore el trabajo que estás haciendo».

Con el empujón que supone ganar un premio a nivel nacional, Javier Martínez ya está pensando en los próximos pasos que tiene que dar con Odyssey Robotics, una empresa vinculada al Parque Científico de la UMH. «2017 ha sido un año de desarrollo y en 2018 tenemos que refinarlo y enfocarnos hacia la parte más comercial pensando en clientes y ventas».

Pero las ideas no acaban ahí porque el objetivo de este ingeniero mecánico es que el trabajo que desempeñan las máquinas pueda ir más allá del sector logístico y que también se aplique a otras actividades o que existan cadenas de montaje que se puedan automatizar. Pero que nadie se asuste porque la idea no es quitar a otros su trabajo sino hacer frente a una realidad, la industria 4.0, donde los empleados tendrán que convivir con robots y el trabajo de las personas será de mayor calidad y aportará un valor añadido al producto. Y es que estamos en una nueva época que están construyendo mentes privilegiadas como la de Javier Martínez.  

* Este artículo se publicó originalmente en el número 39 de la revista Plaza 

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