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LOS CANDIDATOS RESPONDEN

Elecciones hedonistas

 Bonig, Cantó, Dalmau y Puig responden a una batería de preguntas sobre lo nuestro, que es comer, beber y agarrarse a la vida como quien se agarra con uñas y dientes al escaño.

Por | 26/04/2019 | 5 min, 11 seg

Nutricionalmente la campaña electoral guarda similitudes con las estrecheces del rancho de una campaña bélica en los días más aciagos, como bien señala Ximo Puig: “En campaña seguimos la dieta del bocadillo, porque tenemos muchos actos en agrupaciones y con colectivos en los que las comidas son como los almuerzos falleros, de mesa corrida y con muchos compañeros y compañeras. En el coche llevo también rosquilletas sin gluten y frutos secos para no desfallecer”. Toni Cantó aprovecha para deslizarse entre las delicias regionales, mientras que Isabel Bonig se apunta a una paella rápida donde les pilla “comemos casi siempre en tránsito, a ser posible algo ligero y mediterráneo, pero es cierto que la paella se ha convertido en un clásico en esta campaña”.

Pero no todo es pasarlas canutas, en los días de asueto Bonig se da a la buena mesa en El Morro de Burriana y en el bar Josemi de la Vall d’Uxó,  -“recomiendo sus bravas, que son las mejores”-, mientras que Puig es más de ensaladilla en cualquier barra mayúscula de la geografía valenciana. Rubén Martínez Dalmau, candidato de Unidas Podemos-EU, apuesta por los fogones familiares: “Casa Pepe en el Cabo de la Nao, en Xàbia. Es el restaurante que regentaban mis padres y lleva abierto casi cuatro décadas. Ahora lo dirigen Sebastián y Begoña. Aún puedes ir a comer algunos de los mejores arroces de la Marina”.

Cuando el placer gastronómico queda en casa, se ataca con más o menos culpa a una buena empanadilla (Cs), una sartenada de croquetas caseras de bacalao (PP) o figatells a discreción (Unidas Podemos).

Saltando de la mesa al diván, exigimos a los entrevistados una asociación libre de rivales políticos con productos:

Para Toni Cantó, Puig equivale a una acelga, Bonig al chorizo -alimento que se le atraganta al de Ciudadanos-, a Oltra la asocia con la crema catalana y a Dalmau con la sacarina, a quien por cierto, se le atraganta las crema pastelera. Éste considera que Cantó guarda semejanzas con los callos madrileños, mientras que Puig se parece al arroz al horno, Bonig a los ximets (pepitos de pisto)  y Oltra a la paella de verduras.

Isabel Bonig indica que “Mónica Oltra es un fruto amargo; Puig es cualquier plato sin sal y caducado hace tiempo; Cantó es como una cebolla, quitas capas y capas hasta que no queda nada y Dalmau más que un plato es la guarnición, acompaña pero nunca dirige”.

Ya que nos ponemos a meter cizaña, preguntamos qué creen los aspirantes que se les atraganta a sus rivales:

“A mis rivales lo que les falta es cualquier tipo de condimento, la alegría que no tienen”, sazona la entrevista Toni Cantó. “Posiblemente no les guste mucho las berenjenas” dice Dalmau. “A ellos se les hace bola nuestra credibilidad y capacidad de gestión” cuenta Bonig.


La comida y la bebida al carrer saben mejor. Eso es así pero, ¿qué hacemos con el conflicto de las terrazas? El candidato de Ciudadanos por la Comunidad Valenciana apuesta por “buscar consensos, es importante que los vecinos estén contentos, pero también que existan espacios como estos que dan empleo y, por supuesto, momentos de buena gastronomía y risas con los amigos”. Bonig se apunta al comentario políticamente impoluto: “Las terrazas son para disfrutarlas, especialmente en verano, pero en la Comunitat tenemos la suerte de poder hacerlo todo el año. Soy una gran fan de nuestro clima y de nuestra tierra, y si todo esto lo podemos disfrutar desde una terracita, siempre mejor. Siempre, eso sí, desde terrazas que se ajustan a la ley”. El de Unidas Podemos es rotundo: “Nuestro concepto de vida perdería su sentido sin las terrazas”.

Bibere humanum est, ergo bibamus, y como los políticos son humanos también tienen sus tragos favoritos que, claro está, pasan obligatoriamente por el cava y el vino valenciano -y mira que les dijimos que no cayeran en el tópico espumoso, pero ni caso chica-. Tanto en las victorias como en las derrotas este es el elixir elegido por mayoría absoluta, aunque también hay votos para la mistela de la Marina (Dalmau) o el vermut (Bonig).

La debacle puede darse en las urnas y en la cocina. La candidata del PP confiesa que su fracaso culinario más estrepitoso ha sido “intentar imitar las croquetas de mi madre. Inimitables. Soy mala cocinera”, lo trata de compensar con unos macarrones con tomate, que nunca fallan y son veggie. Toni Cantó rememora sus primero paellicidios “Tengo amigos en Madrid que deben recordar todavía algunas de mis primeras paellas. Cuando cocinas para varios es una responsabilidad, y encima una paella, que vas de valenciano…”. La ofensa de Dalmau ha sido para con el arte del sashimi y de la de Puig, ni idea, pero ojalá no atente contra la sopa morellana de bunyolets.

Le pedimos a los políticos que nos echen un cable para encontrar la belleza hedónica, pero no hay suerte: “La política apenas te deja huecos libres, ¿hedonismo? No hay espacio, los que nos dedicamos a esto sabemos que el único momento del día que podemos dedicarnos a nosotros mismos es la primera hora de la mañana, a partir de ahí entras en una espiral marcada por la actualidad y la agenda”, responde, férrea y espartana, Isabel Bonig.


Para Rubén Martínez Dalmau su instante de conexión cósmica con lo bello, lo divino y lo sublime fue “cuando sufrí el mal de Stendhal ante las columnas del templo de Hatshepsut. El guía me aclaró que había sido un golpe de calor”.

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