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MÁS ALLÁ DE DENIA Y JÁVEA

72 horas de hedonismo en la tierra de la mistela

Mireu, perles, esta es la crónica de un fin de semana primaveral y gozoso a través de la orografía, el espíritu y el sabor de parte de la Marina Alta y Baja. Mel, sobrassada i moscatell   

Por | 22/03/2019 | 4 min, 53 seg

Rubias, inmensas, teutonas y con un gin-tonic rosa con fresas y bayas de enebro en la mano. Náuticos, camisas de paramecios, cabellos plateados con ondas peinados para atrás. Rostros bruñidos por el sol. Quemados, sonrientes, arrugados como las pasas con las que se hace la mistela de Xaló. Un caballero con mocasines de brillantes negros baila al ritmo de los graznidos del saxo de house ‘fresquito’ que caldea el Macao Lounge Bar. Su acompañante, visiblemente más jóven y menos europea, pasea el bótox, la silicona y la Visa Platinum. Dos ‘cayetanos’ repantigados en un sofá bajo blanco se hacen selfies para Instagram. Detrás de ellos, cae la noche sobre el Puerto Deportivo de Altea, se recorta en rubí y añil la silueta de la Serra Gelada. El saxofonista dispara al aire con las manos sin dejar de soplar, hiriendo tímpanos a su paso. Alguien levanta un letrero que reza Sunday Funday. A nadie le importa que el día siguiente sea laboral.

20 kilómetros hacia el interior y 10 horas antes, una sesuda digresión sobre los nísperos tiene lugar en Casa Aleluya, en Jalón: “Et dones conter, que a Parcent n'hi han unes bancalades de nespres, però els fruits son dolents, no estan dolços. Molt bonicos, però no són dolços. Els bons són de Callosa”. El parroquiano en cuestión comparte con sus compinches uno de los espléndidos almuerzos regados de cerveza en jarra y júbilo que se preparan en el templo de Juan Aleluya Daniel Mengual, adalid del producto local y las brasas, un personaje fundamental de la Marina Alta conocido por su show, en el que se arroja por la cara un porrón de vino de Bodegas Xaló (aquí el vídeo, guarda cierta similitud con Jesucristo en la cruz, con el rostro surcado por regueros de sangre, pero a diferencia del de Nazaret, Juan disfruta de la vida terrenal plena y del cariño de todos los pueblos).


En el mismo Xaló dos forns tradicionals se disputan la gloria de las masas horneadas: La Vicentica -más frecuentado por los moradores extranjeros que abundan en la población- y el Forn i Pastisseria Francis. El horno de Vicentica Garcés Seguí destaca por su pastissets de moniato, panes benditos, carquinyols y otros dulces estacionales; el Francis, por la buena factura de sus cocas saladas (de anchoas, verduras o sobrasada), empanadillas (guisantes, carne con cebolla, espinacas, imaginación) y panquemaos. El pan tampoco desmerece, pero sí que pide algo de relleno, como las joyas porcinas de Ca Cansalada, conocido oficialmente como Carnes y Embutidos Galán.

Galan es otro de los esenciales de la comarca. No es un carnicero al uso, es un creador, el Demiurgo de la torrà, el Constructor del embutido. Juan Mestre Galan hace honor al malnom seduciendo al paladar con inenarrables combinaciones de especias, aderezos, magro y grasa. Esta casa fundada en el año 1964 por Batiste El Galan y Rosita la del Galán nos habla del cerdo en todo su esplendor. Con sus carnes elaboran exóticos productos como el paté tropical, el salchichón curado con almendras la longaniza con guindilla, pebrera y pimienta negra o la sobrasada con miel y mistela. Tras el mostrador hay otras exquisitas muestras de embotit cassolá más convencionales, como la morcilla de cebolla, el garró -carne hervida de cabeza de cerdo, envuelta en grueso codillo cerrado con una marcada costura- o el blanquet, todos ellos ideales para subir con energía a la Sierra de Bernia.

Al calor del manso sol de primavera nos dejamos caer por la CV-750 destino Moraira. Cuando está arrancando el coche nos detiene Juan, un antiguo profesor de la zona:
 –Ye, ¿adónde vais? ¿A Moraira? Pues yo, yo voy a leer, que me ha dado por leer a Aristóteles.

–Yo leo a Hegel.

–También está bien.   

Tras esa muestra de filosofía comparada reanudamos la marcha para llegar al Algas L’Andragó, un chiringuito evolucionado y permanente en la domesticada pero espléndida cala L’Andragó. El Algas es un Babel dichoso, bronceado y de mobiliario extremadamente blanco. Camareros solícitos, cerveza bien tirada y vistas a un mar destellante que, con dos tanques en el cuerpo -información de utilidad pública: en La Marina Alta si pides un doble te ponen una pinta, si pides una caña, te ponen lo que les da la gana-, suscitaba el deseo de bañarse y dar por finalizada la tiranía del General Invierno.

Put your hands up. Manita arriba para quien tenga ganas de un tallarinazo”. Este es uno de los gritos de guerra de Can Tallarina, el punto de encuentro de la juventud de La Marina. Su dueño, Alex Watkinson, alborotador inglés con visión nocturna de negocio, supo convertir un antiguo pub de pasado hippie en el principal foco de trabajo de los controles de la Guardia Civil. El Tallarina es la casa dominguera de Santi Bertomeu, joven dj de Benissa que lo peta en la comarca con sus sesiones que hacen de colofón a un desaforado banquete en la Pizzeria Piscina de Orba, establecimiento que sabe entremezclar la estética del ladrillazo con dos columnas jónicas, un capitel en metacrilato negro y verde y la carta de helados Frigo.

 De açí, al cel. 

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