EL TINTERO / OPINIÓN

Elijamos el camino correcto

Hace justo medio año estábamos inmersos en la celebración de la Navidad, acabábamos de escuchar el Discurso del Rey Felipe VI y habíamos elegido un parlamento fragmentado, tanto que hoy debemos votar de nuevo con un panorama mucho más polarizado y preocupante

26/06/2016 - 

Por fin llegó el día esperado, el 26J que para tantas cabeceras de informativos y programas especiales ha servido, y por supuesto para su uso y abuso en redes sociales. Pero desde hoy mismo el nuevo término es el 27J, ¿y mañana qué? Los diputados que ocupan los asientos del palacio de la Carrera de San Jerónimo van a ser prácticamente los mismos que se sentaron tras el 20D y por lo que sabemos, entre votos y vetos, bebés y gatos, ideas e ikeas, dimes y diretes, no han logrado formar un gobierno.

Recordarán algunos que la irrupción de Ciudadanos –tras unos años de maduración en la política autonómica catalana– y de Podemos –tras el idealizado 15M– venía a traer algunos de los eslóganes de cabecera del pensamiento dominante (valiente quien ose, siquiera, a ponerlo en duda) tales como: más pluralidad a la hora de elegir a quien votar, más representatividad en el parlamento, más transparencia a todos los rincones de las instituciones, más transversalidad, es decir que se atraviesa, se cruza o se desvía (según la RAE), en definitiva y ahora lo vamos viendo, más parole parole parole

"Debería preocuparnos a todos, empezando por quienes han demostrado que la triple R (rabia, rencor y resentimiento) sigue siendo muy útil"

Porque si algo hemos comprobado en este medio año, se ha puesto de manifiesto en la campaña electoral de manera clara y directa y probablemente veremos representado a partir de mañana en el Congreso de los Diputados es una vuelta a las dos Españas, el frentismo, las trincheras, los bandos, el conmigo o contra mi. Esto se debe principalmente a la estrategia de UP que fue sumando a la causa todo tipo de partidos y agrupaciones con el común denominador de ser ANTI-: PP, PSOE, €uro, TTIP, colaboración público privada, Constitución del 78, economía de mercado…y pese a todo, es decir, pese a criticar duramente una serie de conceptos que son sinónimo de paz, estabilidad, seguridad, libertad, estado de derecho, han logrado un importante apoyo del electorado. Debería preocuparnos a todos, empezando por quienes han demostrado que la triple R (rabia, rencor y resentimiento) sigue siendo muy útil para el voto. 

Legislatura de corto recorrido

En las últimas semanas se ha teorizado mucho sobre las combinaciones posibles para formar gobierno, o al menos para dejar que alguien gobierne en minoría. Desde una firma de asesoramiento financiero con presencia en las principales capitales españolas, consideran que la legislatura será corta y que aunque quizá se aprueben algunas reformas pendientes –llegando a consensos PP, PSOE y C’s–, en los asuntos económicos nada de lo prometido tendrá validez pues requieren de mayorías parlamentarias para aprobar las propuestas de cada partido, pero además hay aspectos que pocos han dicho en campaña y que para la previsible segunda fuerza en nº de votos, son como el ajo para los vampiros, a saber:

  • Los mercados imponen una dura disciplina a un país endeudado (España)
  • Existe una negociación continua con el ECOFIN sobre el déficit
  • La capacidad de presión del BCE vía su política monetaria no convencional de adquisición de bonos soberanos será un potente neutralizador de cualquier política fiscal irresponsable.

"La realidad es que nos enfrentamos a una etapa compleja en la vida política española"

Y las buenas noticias, según dicha firma de asesoramiento, son que las reformas más importantes ya se han realizado y la notable inercia de la economía, motivarán que ésta no descarrile. Y además prevén crecimientos anuales próximos al 2,5%, al menos en 2016 y en 2017. Ojalá, añado yo.

La realidad es que nos enfrentamos a una etapa compleja en la vida política española, provocada por dos factores muy diferentes que han provocado la tormenta perfecta: los excesos y el acomodamiento en el poder político de los partidos que han gobernado España durante las últimas cuatro décadas, de un lado y por otro lado, una crisis económica de largo recorrido padecida por una clase social (especialmente los más jóvenes) que reclama derechos (casi)ilimitados pero no quiere asumir obligaciones y mucho menos renuncias. Todo ello conduce al auge del populismo y obliga a los demás a utilizar ese mismo estilo para cautivar al electorado. Nos desviamos del camino de una democracia representativa.

Brecha 

Si la situación española es delicada, qué decirles de lo que ocurre en Reino Unido, pese a lo ajustado de los resultados, la realidad es que la sociedad está fragmentada, de nuevo el frentismo, los bandos y las trincheras. Parece ser que es la condición del ser humano. En este tipo de referéndums los factores emocionales y por lo tanto alejados de la reflexión, suelen tener mas peso a la hora de decidir el voto. En torno a ello reflexionaba Arcadi Espada hace unos días en El Mundo: “Como tantas otras veces la frivolidad y la ignorancia fijan el frame, el marco, los límites de la discusión. El no británico, cursi, retro y harapiento, se ha apoderado del sí. Como si en el referéndum de 1976 por la reforma española el marco dominante, el imposible hashtag, hubiera sido reacción. Es decir... ruptura.”

Al final, son los discursos populistas quienes con palabras que suenan muy bien en los castigados oídos de los ciudadanos prometen una arcadia feliz siempre que se realicen referéndums –les suena, ¿verdad?– y siempre que se vote todo de manera asamblearia y ocultan o desconocen que lo único que logran este tipo de políticas irresponsables es división, como bien explica Philip Collins en este artículo en The Times titulado ‘Reino Unido nunca ha estado más dividido’. Comparto con ustedes esta frase de Ignacio Peyró en El País: “De la cerrazón a la apertura, estos dos momentos cifran, como una herida original, todas las paradojas que han acompañado la participación británica en la Europa unida.” Esperemos que no sean también las coordenadas de la política española.

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