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M REME SILVESTRE EN POLS  

Esto no es una piscina: un viaje a La Petxina reconstruida

4/04/2021 - 

VALÈNCIA. Huele como una piscina. Suena como una piscina. Tiene los restos de un piscina. Sin embargo, no es una piscina. Repetimos el ejercicio, no vaya a ser que los sentidos nos estén jugando una mala pasada. Huele como una piscina. Suena como una piscina y, sí, tiene restos de piscina. Pero no, no estamos en una. Hora de frotarse los ojos. No estamos bajo el agua, sino en el espacio artístico Pols, en el que M Reme Silvestre presenta una instalación inmersiva que sumerge al espectador en, efectivamente, una piscina. O algo que se le asemeja. A través de un minucioso trabajo de reordenación del espacio y, también, de conexión con el entorno -no en vano, la galería se sitúa a pocos metros del complejo deportivo La Petxina-, la artista da forma a pH8.2Cl1.2, muestra en la que toma como objeto de estudio la interacción entre cuerpos y químicos, un recorrido que parte de aquellos elementos propios del espacio deportivo para, después, reordenarlo y reinterpretarlo a través de sus ecos, de esos materiales -visibles o invisibles- que le dan forma. 

La exposición ha sido diseñada específicamente para el espacio y, de hecho, se nutre de su compleja arquitectura, sirviéndose de cada rincón de la sala para reordenar esa Petxina que Silvestre conoce como la palma de su mano. Así, el pasillo del antiguo taller de confección de ropa en el que se ubica Pols se convierte en un carril por el que nadar -metafóricamente, no hace falta que lleven bañador-, mientras que en el nivel superior se extiende una colección de toallas sin dueño. En este juego de conexiones, la artista también las crea con el (joven) espacio artístico -“se cierra el círculo”, explica-, pues remite directamente a su primera intervención en la sala, en el año 2019. Fue en el contexto de la colectiva En amores inflamada, con la que Pols abría sus puertas, en la que asumió el reto de trabajar el aire del espacio, algo que resolvió con un colchón hinchable que, poco a poco, iba soltando aire de La Petxina. 

pH8.2Cl1.2 es una propuesta que sigue alargando el aliento de los últimos proyectos que he presentado, a través de los que exploro el tacto y el contacto como formas de transmisión. Con este site-specific para el espacio de Pols, continúo mi insistencia en re-dirigir la atención a la piel y a lo molecular, en un intento de situar las contradicciones y conflictos de la idea de vida saludable en la narrativa del neoliberalismo”, explica la artista. En este recorrido desordenado, lo primero que debe hacer el visitante es bucear a través de un espacio acotado por plásticos que reproduce las dimensiones de un carril de piscina, un túnel que obliga al cuerpo a adaptarse a un espacio en el que no está permitido salir a la superficie. Al menos hasta que uno llegue a la meta. En el camino uno encuentra restos orgánicos vegetales, partículas de polvo y arcilla que desprenden olor a humedad o restos de material sintético y de óxido de hierro extraídos de la maquinaria que conforma el sistema de filtrado de la piscina de Petxina, materiales que envuelven esta inusual experiencia de baño. Entre las piezas presentadas, la artista también hace uso de homúnculos de cabello verdoso, que usa como “recurso pictórico”, adheridos a distintos objetos y untados en vaselina, poniendo el foco en aquellos elementos que no vemos pero que siempre han estado ahí.

Envuelto en una agobiante capa de plástico que potencia esa sensación de estar sumergido, este primer tramo de la exposición se nutre de los gestos mínimos, pequeños elementos que, en su conjunto, dan forma a esa suerte de baño ficticio, en el que cabe un pedazo de tejido técnico, un blíster de pastillas o un ticket que vale por un baño, despachado por Sonia. Todo ellos elementos de una piscina vivida, objetos rescatados de La Petxina envueltos, por cierto, por el sonido constante de un goteo que uno no atina a saber de dónde viene. En este proyecto, eso sí, lo importante es el rastro, no el actor, que se intuye todo el tiempo pero que no aparece representado de manera explícita, un bañista que está presente sin estarlo. Y es que, explica Silvestre, su objetivo era trabajar el cuerpo “mediante su negativo”, desde la ausencia, generando un “positivo” a través de su impronta en el lugar. “En este proyecto el cuerpo se diluye hasta reducirse a unos fragmentos que hacen confluir lo biológico y lo científico de una manera mezclada y sucia”.

Una vez uno sale del carril, la bocanada de aire -mascarilla mediante- es obligatoria, un momento en el que se desvela la superficie y, con ella, el origen del persistente goteo, seis bidones azules de 220 litros que se van llenando a través de un tubo transparente. Una barra de metal cromado que atraviesa el espacio nos guía hasta el nivel superior, una zona cubierta por toallas usadas en las que se encuentran pequeñas acumulaciones de cal e hipoclorito de sodio cristalizado. Desde este espacio, que podría remitir tanto a un vestuario como a una zona para tomar el sol, se puede ver la parte superior del carril de las piscina, una superficie plástica bajo la que comienza el recorrido. Las vistas de esta zona son el carril y, en el techo, las cañerías propias de la sala que, en este caso, juegan a favor en este experimento de reordenación de los elementos propios de La Petxina. Uno no sabe si está dentro o fuera.

Estas toallas han sido, precisamente, recogidas de los vestuarios del complejo deportivo, toallas usadas, olvidadas, en cuyas marcas se intuyen los gestos de una vida pasada, textiles sobre los que se encuentran pequeñas acumulaciones de cal e hipoclorito de sodio cristalizado. Cabe destacar que ninguno de los objetos presentados en la muestra son nuevos, algo que refuerza esa idea del objeto vivido, esa conexión explícita con la acción real, aunque también tiene una segunda capa de lectura. "De un tiempo para acá intento desvincularme de esa manera de producción, algo que puede ser un posicionamiento político o, simplemente, un posicionamiento ante la producción masiva de objetos. Trabajo desde otro punto, tomando elementos ya dados y dándoles una segunda vida”, refleja M Reme Silvestre. Así, el punto de partida ya plantea un trabajo desde el descubrimiento, desde la observación y reordenación, no tanto desde la creación, una mirada única sobre aquellos espacios que son tan ajenos como familiares. Porque esto no es una piscina, ¿o sí?

Foto: KIKE TABERNER.

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