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conversación entre gestoras culturales

¿Existe una brecha de género en la programación cultural de València?

Los contenedores culturales de la ciudad son gestionados mayoritariamente por hombres, ¿qué pierde la escena artística con esta situación? ¿cómo corregirla?

8/01/2019 - 

VALÈNCIA. En València no hay una gran sala de conciertos programada por una mujer. Los grandes espacios artísticos gestionados por organismos públicos (como el IVAM, el MuVIM o el CCCC) también están dirigidos por hombres, a excepción del Museo de Bellas Artes, que de forma interina capitanea Margarita Vila. La dirección y dos de las tres subdirecciones del IVC también están llevadas por hombres. ¿Existe una brecha de género en la gestión cultural de València?

Un estudio informal, que relaciona los espacios culturales con las personas que lo gestionan dejan datos estremecedores. A excepción de las galerías, todas las disciplinas muestran una diferencia muy notable entre el número de programadores y programadoras, una desigualdad que se acentúa si se aíslan los de ámbito público. Con los datos sobre la mesa, pero con la intención de hablar desde la experiencia más que desde el papel, Cultur Plaza reúne en la misma mesa a cuatro agentes culturales de distintas disciplinas para analizar la situación actual, sus posibles causas, y sobre todo, las soluciones y cómo es la mirada hacia el futuro. Se trata de Cristina Chumillas, co-responsable de la galería Pepita Lumier (artes plásticas); Maribel Bayona, co-directora de Proyecto Inestable (artes escénicas); y Ada Díez y Lu Sanz, de Hits With Tits (música).

- El desfase más notable se da en la música en directo. Quitando de pubs de tamaño reducido como pueden ser Umbral o La Peligro, y centrándonos en salas de concierto, no hay ninguna dirigida por mujeres. Vosotras (Hits with Tits) no gestionáis salas pero promovéis iniciativas como el Truenorayo y otros conciertos, ¿notáis este desfase?
- Ada Díez: En las salas nocturnas sí, y mucho. Entre otros motivos, porque los locales que hay tienen mucho tiempo y tradicionalmente, por temas económicos y sociales, los llevaban hombres. Si contrataban a alguien, buscaban personal dentro de la escena musical, en la que no había casi mujeres... Así que era la pescadilla que se mordía la cola. Los pequeños huecos que están haciendo las mujeres son muchas veces espacios creados por ellas mismas para poder programar como a ellas les interesa y también cambiar las dinámicas.

- Maribel Bayona: En el caso de las salas de artes escénicas, el panorama ha cambiado y ahora hay varios espacios alternativos programados por mujeres, pero en las reuniones del circuito de estas salas (yo he ido varias veces) te das cuenta de que en realidad somos 5 mujeres frente a 37 hombres, así que sí existe esta brecha. Aún así, en el ámbito privado va avanzando la situación poco a poco, lo que no cambia es en los espacios públicos. Algunos grandes centros de referencia del país no solo están dirigidos por hombres, sino que es posible que nunca los haya dirigido una mujer, como actualmente serían el CDN, el TNC.

- Cristina Chumillas: Algo parecido pasa en el mundo de las galerías. En València somos muchas más las mujeres que dirigimos centros privados, y en los públicos... Ahora está Margarita Vila (Museo de Bellas Artes) desde hace solo unas semanas. Pero si hubiéramos hablado hace menos de un par de meses, ni un solo espacio museístico público de la ciudad estaría dirigido por una mujer.

Foto: KIKE TABERNER

- Parece entonces que las mujeres se ven obligadas a crear espacios privados para poder gestionar...
- C.C.: El techo de cristal se supone que en lo público no debería existir porque para eso sirven los concursos y los méritos. Presuntamente, los que llegan al final es porque su proyecto es el más adecuado, sin importar el género. Nuria Enguita, que ahora dirige Bombas Gens, quedó la segunda en el concurso del IVAM. Así que la brecha solo de podría explicar porque somos más emprendedoras o más lanzadas.

- M.B.: Yo sí creo que hay un techo de cristal en lo público. Y se puede ver por ejemplo en cualquier máster en Gestión Cultural, en el que un 70/80% del alumnado son mujeres y solo un 20/30% son hombres. No vale esto de "no hay mujeres preparadas".

- A.D.: Eso también pasa en las facultades de Bellas Artes.

- M.B.: Claro, y en muchos otros sitios. Por eso no sirve esa excusa.

- C.C.: Yo creo que además de un techo de cristal se juntan otros condicionantes también. Aunque la vida evolucione y las mujeres estemos más activas en la vida laboral y las tareas domésticas estén más repartidas, la que acaba teniendo la baja, la que cría a los hijos y la que tiene que renunciar en parte a que su carrera profesional evolucione como la de su pareja o la del padre de sus hijos, somos nosotras. 

- A.D.: Y aparte, socialmente, interactúan mucho más los hombres, y los negocios se hacen en los bares, en la copa de después, en las comidas... Claro, hay como una especie de hermandad. Cuando cierras un bolo en una sala de conciertos, te dan dos besos, y con eso te ponen en un nivel diferente: dar la mano es una relación de igualdad en una negociación, y en el momento en el que te dan dos besos, se convierte en una muestra de cariño.

- Es muy paternalista, entonces...
- A.D.: Sí, nos encontramos mucho paternalismo. Sobre todo en la música nocturna, o en ámbitos en los que la barrera entre el negocio y el ocio es mucho más difusa. Habitualmente nos encontramos con pequeñas convicciones que no son nada igualitarias. No creo que un hombre esté acostumbrado a que en una conversación de trabajo se haga una broma sobre el escote que lleva, y nosotras sí. Todo empieza porque ahora mismo no tenemos referentes y entonces no existe esa relación de igualdad, pero las nuevas generaciones ya empiezan a reclamar el sitio de les corresponde. Yo no lo llamaría "techo de cristal", lo llamaría "obstáculo de machismo".

- M.B.: De manera anecdótica, yo co-dirijo la sala junto a un hombre. La gente se me acerca para ver si podemos programarles porque, intuyo, me ven con un perfil más amable, pero a la hora de cerrar la contratación, de pronto, empiezan a hablar con mi compañero. Me indigna mucho, y me ha pasado incluso con mujeres a las que estimo mucho, así que luego me he sentado con ellas y les he explicado que ese gesto me duele. Es algo..

- C.C.: Tan intrínseco...

- M.B.: Claro, giran la mirada de pronto. Y como si ese último negocio fuera su responsabilidad. Y ojo, tampoco es problema de él.

- A.D.: Es problema de todos. Si te quitan el poder que tienes de contratar y pagar a quién ya has programado, te están pasando a un segundo plano, como cuando en el franquismo las mujeres tenían que ir acompañadas de su marido si querían hacer según qué trámites administrativos.

- ¿A qué se debe la excepción de las galerías?
- C.C.: No lo sé... Es que no es una singularidad de València esta excepción, y además viene de tiempo atrás: las galerías más longevas o las que han cerrado estaban gestionadas por mujeres o estas tenían un papel muy relevante, como en Punto o en Val i 30. No conozco el motivo, pero no está nada mal...

- Entonces más allá de que solo haya una mujer en uno de los cincos espacios museísticos públicos de València, la situación no es tan dramática.
- C.C.: No es eso, sino que la situación no es diferente a otras ciudades de España. Hace unos meses, se organizó un encuentro de mujeres directoras de museos en Las Naves y Sara Blanes, que ejerce las funciones de directora del centro, contaba que le hicieron un contrato de técnica cuando su predecesor lo tenía como director. Se ve que dijo que, ya que le bajaban el rango, le cambiarán la denominación de técnico a técnica.

- A.D.: Pues eso se notaría a nivel de remuneración, ¿no?

- C.C.: Claro que se notará, pero como el de ella hay mil casos más.

Foto: KIKE TABERNER

- Centrémonos durante un momento en los centro públicos, donde la brecha de género es mucho más escandalosa. Como bien has dicho (Cristina Chumillas), las direcciones se eligen con unos mecanismos que -en principio- no distinguen género. Pero el resultado no es así... ¿Cómo se puede corregir esta situación?
- A.D.: Si no te dan la oportunidad de conseguir méritos, seguramente nunca los consigas para acceder a estas plazas. Y el problema es de base, porque se suelen buscar perfiles de autoridad y estamos educadas en lo contrario, en escuchar y callar, a diferencia de los hombres.

- Y aún así, parece que en los últimos años la situación a dado un importante vuelco, con la popularización del movimiento feminista. ¿Una posible solución son las cuotas?
- M.B.: Claramente sí. En las artes escénicas -por ejemplo-, hay cinco espacios públicos y como sabemos que hay tanto mujeres preparadas como hombres, no debería de haber ningún problema en que fuera paritario. Además, no debemos tener complejo en esta cuestión porque no va a ser injusto en ningún caso.

- C.C.: Todas estamos de acuerdo en que al final, la persona que tenga una responsabilidad tiene que ser la que valga para esta. Pero hasta que no forcemos que las cuotas sea obligatorias y que se nos llegue a valorar de la misma manera, va a ser imposible que se cuente realmente con nosotras.

- M.B.: Y cuando se dice eso de "es que a lo mejor llega una mujer que no está suficientemente preparada" se trata de una falacia porque también hay hombres infrapreparados en puestos de responsabilidad actualmente, aunque nadie habla de ello.

- A.D.: El problema también es quién y cómo pone las cuotas. Creo que quienes defienden las cuotas y tienen capacidad de cambiar las cosas no mete la caña suficiente: hay muchas empresas privadas que reciben fondos públicos por un supuesto trabajo con perspectiva de género, pero acaba siendo solo postureo, sin ningún tipo de pedagogía. Pasa con los festivales, cuando se programan un par de grupos femeninos, pero no saben de dónde han venido, ni lo que hacen, ni si son locales, ni si el bolo que les está pagando se gestiona de manera adecuada... Por eso creo que es una falacia eso de "las mujeres no preparadas", porque cuesta tanto llegar ahí, que es prácticamente imposible que no lo estén.

- También es verdad que en València hay suficientes personas como para asegurar que la gente que llega a procesos tan complejos, sean hombres o mujeres, tienen la preparación adecuada, y que la diferencia entre el mejor hombre y la mejor mujer no va a ser significativa. También es posible que esta situación se deba a que los espacios dependen de organismos diferentes (unos son de la Generalitat, otros de la Diputación, otros del Ayuntamiento) y es difícil coordinar una cuota en común.
- M.B.: Pero eso no es excusa, hay que tener una mirada global.

- Más allá de la propia gestión, también tratáis con artistas. ¿Hay también hay una diferencia de acceso a vivir del arte dependiendo del género?
- C.C.: En mi caso, también trato más con mujeres que con hombres pero luego la exposición de unos y de otros es diferente. Por ejemplo, está el caso mítico de que hasta el 2016 el Museo del Prado no había dedicado una exposición a una mujer. Tú, en el día a día, trabajas con quien quieres (nosotras en Pepita Lumier no tenemos en cuenta el género) pero luego los números son los que son, sobre todo en los museos y en las colecciones.

- M.B.: En el mundo de la interpretación puede haber las mismas o incluso más actrices que actores, pero el problema viene en el relato de la historia, en quién la cuenta. Quién dirige, o quién se encarga de las dramaturgias, y aquí sí hay más hombres. Pero yo estoy tan interesada en el trabajo de mis compañeras, que en la proporción de mi sala, salen ganando las mujeres. En Intestable hay más presencia femenina que masculina pero porque me interesa más su trabajo, porque me parece que aportan una mirada más profunda y distinta a la que estamos acostumbradas. Y con esto no quiero decir que haya una escritura femenina.

También es más difícil encontrar mujeres protagonistas o personajes que tengan una voz relevante. Pero en València hay una escena de autoras muy potente e incontestable, hecha para hombres y mujeres. Hay están Eva Zapico, Patricia Pardo, Mertxe Aguilar, Guada Sáez, Anna Albadalejo... Yo apuesto por ellas.

- Lu Sanz: Nosotras en el mundo de la música sí que notamos que hay un auge de artistas mujeres y se puede ver -por ejemplo- en el cartel de la próxima edición del Primavera Sound, que es paritario. Y nosotras con Hits With Tits y Truenorayo vemos cada vez más grupos con esa presencia femenina.

- Pero vuestra iniciativa se origina porque hace años se daba la situación contraria...
- L.S.: Sí, pero ahora vemos que cada vez la gente se anima más a programarlas. Y es que últimamente también se lo han ganado grupos como Melenas o Cariño. Foto: KIKE TABERNER

- Más allá de la gestión, la programación y la disparidad laboral, ¿qué pierde la ciudadanía con esta brecha?
- A.D.: Al final estamos viendo propuestas clónicas en vez de esas otras miradas a las que se refería Maribel. Perdemos maneras de ver, problemáticas, matices... Si queremos que la escena sea plural, ecléctica y rica no podemos programar siempre los mismos discursos. Nuestro relato no va a ser nunca el mismo que el de un hombre porque tenemos que pelear mucho más para vivir tal y como queremos, aunque el hecho de ser blancas ya nos da cierto privilegio. 

- ¿Cuál es el siguiente paso para corregir esta desigualdad? ¿Sois optimistas con el camino que está tomando esta situación?
- M.B.: Yo soy optimista en el ámbito privado porque creo que hay las suficientes compañeras que son emprendedoras para generar proyectos propios. No lo soy tanto en el ámbito público, porque queda mucho trabajo por hacer. Y creo que se dicen cosas que son políticamente correctas pero que al final no cala, y aquí están los datos. Hay un problema de base y las instituciones se tienen que poner las pilas de verdad y apostar por algo que no es una apuesta, sino que es lo justo.

- C.C.: Yo sigo creyendo que es un problema de educación porque incluso hay mujeres que piensan que nosotras no deberíamos estar en puestos de responsabilidad, y así lo reflejan ciertas opciones políticas con resultados que ya se pueden ver en una comunidad autónoma. Solemos acordarnos de Clara Campoamor pero no tenemos en cuenta que Victoria Kent votó en contra del sufragio femenino. Esto sigue pasando ahora. Por otra parte, creo que las redes sociales harán que nos pongamos de acuerdo mucho antes y que ocupemos el espacio mediático que nos merecemos porque nos comunicamos y nos movilizamos entre nosotras mucho más rápidamente.

- A.D.: El Do It Yourself es una maravilla. Tenemos la empatía, sororidad y fuerza para salir a la calle, pero nos hace falta creérnoslo. Y avanzar sin que nos domestiquen las instituciones y representando la pluralidad del feminismo.

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