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No es fútbol. No es golf. Es ‘footgolf’

Este joven deporte, en realidad un híbrido, va ganando adeptos en la Comunitat Valenciana, especialmente entre exfutbolistas cuarentones que han encontrado aquí una alternativa menos exigente que noventa minutos de carreras. Su principal obstáculo, más allá de búnkeres y lagos, es el rechazo de los clubes de golf

6/08/2022 - 

VALÈNCIA. Hay un reducido grupo de personas en España que rastrea por todo el país dónde encontrar un Jabulani. El Jabulani, para quien no lo recuerde, es el balón de fútbol que diseñó Adidas para la Copa del Mundo de Sudáfrica en 2010. Sí, el gol de Iniesta fue con un Jabulani. Pero la obsesión por esta pelota no viene por el histórico triunfo de España sino porque, doce años después, apenas quedan unidades en el mercado y reúne unas características, especialmente de deslizamiento sobre la superficie, que lo convierte en el ideal para jugar al footgolf, un híbrido entre el fútbol y el golf. El mismo motivo que hizo que los porteros protestaran —decían que era impredecible y que resbalaba— hace que sea el más deseado por los footgolfistas.

El footgolf es un deporte sin mucha historia ni mucho arraigo, pero tiene sus adeptos, fundamentalmente exfutbolistas con articulaciones que ya no soportan noventa minutos de alta intensidad y que encuentran en los siempre bucólicos campos de golf una alternativa. Allí hacen exactamente lo mismo que en el golf, pero con alguna salvedad: pies en vez de palos, hoyos más grandes y un balón en vez de una bola. El resto, igual. Salir del tee, acercarse al hoyo y embocar. Cuantos menos toques, mejor.

Esta práctica deportiva —en realidad aún no se ha ganado la condición de deporte— no tiene ni quince años de antigüedad. Su origen, aunque no se ha estudiado en profundidad, parece ser que está en los Países Bajos, donde se pateó un balón por primera vez en un campo de golf. Tres años más tarde, en 2012, se celebró el primer Campeonato del Mundo de footgolf en Hungría. Y hoy hay más de treinta países que lo practican con mayor o menor representación.

En Valencia todo empezó en una comida de Navidad. Un grupo de amigos, jugadores de fútbol aficionados, se reunía cada año para brindar juntos. Y en 2014, durante la sobremesa, uno de ellos comentó que en la Masía de las Estrellas, un campo de golf de nueve hoyos que hay en Catarroja, habían habilitado unos agujeros más amplios, fuera del green, para poder hacer el recorrido golpeando un balón de fútbol con el pie. Y ya se sabe que una propuesta sobre la mesa en el momento de las copas tiene el éxito asegurado. 

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Uno de los comensales era Carlos Martínez-Carbonell, hoy presidente del Bats Footgolf, un club valenciano pionero en España. Fue de los primeros en informarse y en 2015, cuando uno de los amigos, Nacho Laliga, cumplió cuarenta años, propusieron celebrarlo marchándose a jugar un torneo de footgolf a Suiza. «A veces hacíamos viajes para jugar al fútbol en el extranjero y en esa ocasión decidimos cambiarlo y, la verdad, es que nos lo pasamos muy bien», rememora.

Aquella escapada también les dio el impulso suficiente para arrancarse a montar, si no un club, al menos sí un grupo que jugaba de vez en cuando en Catarroja. A partir de ahí, lo comentaron a amigos y conocidos y fueron creciendo. «Yo creo que el footgolf entró en España por Valencia. Después vinieron unas personas de Calatayud a verlo y a probarlo y se animaron. Y ahora está pegando cada vez más fuerte en España».

* Lea el artículo íntegramente en el número 94 (agosto 2022) de la revista Plaza

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